ESPECTACULOS
entre canibales

Una pantalla que no acepta la ficción “oscura”

Guionistas y productores lamentan que el medio no genere espacios con tramas para que el espectador piense.

Acotada. La tira con Natalia Oreiro, Benjamín Vicuña y Joaquín Furriel nunca alcanzó buenas cifras de rating. La trama cargada de venganza y corrupción política no pudo seducir al público en un canal
| Cedoc Perfil

Levantan Entre caníbales, aunque no formalmente: la reducen, la jibarizan. No bastó con correrla más de media hora en la última semana, sino que en lugar de 120, serán sesenta los capítulos de la última ficción “oscura” del país. La mitad. Aunque la peor noticia de adelantar el final, decisión que algunos relacionan con el minúsculo rating que marca en las noches de Telefe (en junio no llega a promediar los 9 puntos) y otros a presiones de Sony (compañía encargada de distribuir la tira por el continente), tal vez sea que si la apuesta por ficciones adultas –u “oscuras”, como les gusta decir a los programadores, en contraposición a las “luminosas”, es decir aquellas sin demasiado espacio para generar pensamiento– venía de capa caída, esta decisión termina de enterrar las pocas ambiciones de la televisión abierta por historias que le escapen al formato de comedia romántica blanda.

“Es una historia tirada en una programación que habla de otra cosa”, explica el guionista Jorge Maestro, quien en los 90 dominó la pantalla chica con una ficción “oscura” como Zona de riesgo. “La estética de Telefe desde la mañana hasta las 23 es otra y asoma de pronto una novela que no quiere ser novela, pero que como serie no tendría lugar en la grilla”.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Lo cierto es que los espacios no aparecen y lo que en el pasado fue una programación con diversidad de estilos, hoy queda acotado a lo que, entienden los canales, acepta el segmento más popular.

Martín Seefeld se encuentra grabando La leona (novela que estrenará Telefe en el segundo semestre) junto a Pablo Echarri y Nancy Dupláa y cree que hay una TV interesante para adultos, aunque ve que “hay muchas temáticas que son atrayentes, pero si te quedás en la mitad no sirven; hay otras en las que no podés ir a fondo porque no te lo permite la televisión abierta; es muy difícil congeniar con el canal filosófica e ideológicamente”. Seefeld, además de ser parte del elenco, es productor, algo que repite de la época de El elegido, programa al que no imagina dentro del Telefe de hoy.

“Tomás (Yankelevich) tiene otra idea. Nosotros lo hicimos hace cuatro años con una conducción diferente. El hace un canal con otras características, lo cual es absolutamente respetable. A él le puede gustar mucho El elegido, pero como director de programación no sé si lo pondría en su pantalla, por el público que maneja”.

Desprotegidos. Lo desnuda que queda una ficción adulta rodeada de programas de entretenimiento, encuentra explicación en que los presupuestos de los canales de aire se trasladan a otro tipo de historias. Según Gustavo Belatti, guionista de Entre caníbales, “si invertís y no lográs la convocatoria necesaria, la próxima vez no vas arriesgar. Hacer ficción implica mucho dinero, y ésta muchísimo. Hoy el aire tiene ofertas para el público que son muy convocantes y tal vez la inversión tenga que venir enfocada directamente a los sectores que quieran consumir este tipo de televisión, que creo que tiene un público, pero no es el más masivo. En otra época tenían más suerte, pero mucho de ese público está volcado a ver ficciones en otro tipo de segmentos, a hacerlo por internet o cuando le viene mejor”. Para Mario Segade, autor de El puntero y Vulnerables, “hay un tema de costos de producción que me excede. Mi sensación es que el presupuesto está siempre, pero que a veces se focaliza en algunos rubros y no en otros. Después se paga el pato. Habría que revisar en qué se gasta el dinero dentro de una ficción, porque la plata es la misma para hacer una novela u otra”.

Si a una tira se le complica contar historias que le escapen a la lógica actual, qué le queda a una miniserie, especie en extinción fuera del cable o el on demand. Pablo Culell, director de Underground (y encargado de la producción de Historia de un clan, unitario próximo a estrenarse en Telefe), entiende que “lamentablemente, en la TV abierta hay cada vez menos espacio para las series adultas. Tiene que ver con cuestiones económicas. Si no fuera por las que se produjeron con los subsidios del Incaa, en los últimos años no se hubiera hecho casi ninguna. El riesgo es muy grande y el recupero es nulo, excepto que puedas vender el formato al exterior”. El costo de cada capítulo de una novela en el prime time no bajaría de los 50 mil dólares, algo que se duplicaría a la hora de presupuestar un unitario. Por más que la cantidad de episodios se reducen notablemente, la demanda de estos contenidos se concentraría en la televisión paga. Cullel dice que en los últimos años “el público no necesita de la TV abierta, porque hoy tiene mucha más oferta. La gente tampoco está pensando ‘voy a mirar ficción nacional o extranjera’, sino que ve lo que le gusta. Cambió el negocio y el aire quedó para un público que todavía consume programas más populares y las ficciones de más fácil digestión, las más banales”.

Ni siquiera pasa por entrar en comparaciones con producciones extranjeras. No se trata de ambicionar The Sopranos o Breaking Bad, lo que Belatti siente que “hoy en día hasta hacer el formato de Vulnerables sería complicado. Fijate lo que pasó con Farsantes, que de ser un unitario pasó a ser un programa de tres o cuatro veces por semana. Existe gente que quiere ver una historia semanal, pero a lo mejor no es la suficiente como para que un unitario se sostenga”. Maestro se pregunta: “¿Hay falta de unitarios o hubieron unitarios invisibles? A los famosos contenidos del Incaa, cuando salieron al aire nadie les dio pelota. Telefe programó Fronteras en un horario marginal los sábados, cuando al canal no le costó un peso. América y Canal 9 también programaron con el mismo criterio. ¿Quién vio Doce casas? Nadie. Obviamente, si estaba en el medio de una programación como la de la TV Pública, sin promoción, absolutamente heterogénea, con un partido de fútbol en el medio, nadie la iba a ver”. “Esto también está atado a la ventana que le den los canales. Como no vienen de la pata ‘industrial’ las señales no se arriesgan a darle los horarios centrales”, agrega Culell.