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IDEAS / 10D
viernes 7 diciembre, 2018

1983, una puerta a la vida

Exilio en primera persona.

Dora Salas*

exilio Foto: Cedoc Perfil

Eramos, somos, sobrevivientes de las dictaduras que desde 1930 hasta 1983 detentaron el poder en Argentina durante seis períodos, con diferente duración y violencia en aumento. Mi generación, nacida luego de la Segunda Guerra Mundial, entre los años ’70 y ‘80 se opuso a los dos últimos golpes militares y padeció encarcelamientos, la mayoría sin causa ni proceso, desaparición forzada de personas, asesinatos y exilio. 

Muchos nos refugiamos en Europa, sobre todo en España e Italia, desde donde habían partido en décadas anteriores nuestras familias en busca de paz y trabajo lejos de genocidios, bombas, miseria y muerte.  

El espectro del nazismo, de la Shoa y de las leyes raciales italianas de 1938 había sido el marco de referencia para quienes esperaban tener una posibilidad de vida digna en Argentina. 

Solo que no se trataba de “un lecho de rosas” sino de un país en el cual se confrontaban proyectos populares y conservadores y en donde las fuerzas armadas eran el brazo ejecutor de las políticas represivas de estos últimos. 
En ese marco, algunos jóvenes encarcelados por tener doble ciudadanía lograron ser expulsados a la tierra de sus familias y desde la celda viajaron directamente sobre el Atlántico.

Otros llegaron a Europa escapando a las matanzas de la Triple A y luego a los secuestros del Terrorismo de Estado. También  huyeron de la represión Familiares y Madres de Desaparecidos que luchaban  por la “reaparición con vida”  de sus seres queridos. Italia y España fueron opciones privilegiadas, tanto por los vínculos de familia como por la cercanía cultural. En Roma los exiliados crearon el Cafra (Comitato Antifascista Contro la Repressione in Argentina) y el Cosofam (Comitato di Soliedarieta’ con i Familiari) para denunciar las atrocidades de la dictadura y buscar apoyos para el retorno democrático.

En este contexto, el seguimiento de cuanto ocurría en Argentina fue permanente y en especial el de las elecciones del 31 de octubre del 83. 
A fines de enero y principios de febrero de ese año, Ricardo Alfonsín, de 55 años entonces y candidato a presidente por la UCR, visitó varios países europeos, entre ellos Italia, junto con un grupo de personalidades políticas, como el abogado y ex exiliado Hipólito Solari Yrigoten.
El presidente socialista Sandro Pertini, ex partigiano que combatió contra el fascismo y padeció la cárcel, la presidenta de la Cámara de Diputados, Nilde Iotti, entre otros, se entrevistaron  con Alfonsín que en el Vaticano fue recibido por el papa Giovanni Paolo II. 

El 9 de febrero, en conferencia de prensa, Alfonsín afirmó estar “convencido de que la democracia en Argentina favorecerá la democratización de toda Latinoamérica”. Una esperanza compartida por sus compatriotas exiliados.

Meses después, a fines de setiembre, en oportunidad de la quinta edición del premio literario “Victimas y mártires de Sant’Anna di Stazzema”, en memoria de una matanza de 560 personas cometida en 1944 por las SS alemanas, los organizadores del evento decidieron realizar una manifestación de solidaridad con la Argentina. Invitada especial, Angela “Lita” Boitano, en ese entonces presidenta del COSOFAM de Roma, italiana y cuyos dos únicos hijos fueron víctimas del Terrorismo de Estado. La “Negra” Mercedes Sosa fue convocada para el recital que se efectuó en el “Teatro Politeama” de Viareggio, con canciones vinculadas a la temática del premio: la lucha contra la opresión. En la platea, repleta de argentinos e italianos, estaba el futbolista Ricardo Daniel Bertoni, que en esa temporada jugaba en la Fiorentina.  

Durante el viaje desde Roma hacia Viareggio, en el autobus que llevaba a los miembros del CAFRA y del COSOFAM, se organizó una “elección del exilio” ya que el tema dominante era el voto de octubre: esa noche, en nuestra pequeña comunidad no triunfaron ni el radical Alfonsín ni Italo Luder, su oponente Justicialista. Para sorpresa de casi todos ganó El Bisonte, Oscar Alende, del Partido Intransigente (PRI). 
Los meses que siguieron al triunfo de Alfonsín cambiaron la vida de muchos de los exiliados, algunos decididos a regresar lo más pronto posible a la Argentina, como Lita Boitano y otros, en cambio, a permanecer en Italia. Y algunos sin saber cuándo volver a cruzar el Océano. Pero todos con la esperanza de un “Nunca Más” a las dictaduras.

La puerta a la vida que se abría en el país fue simbolizada por la apertura del palacio de Piazza dell’ Esquilino 2, sede de la Embajada Argentina en Italia, en el corazón de Roma. Hipólito Solari Yrigoyen, designado Embajador Itinerante por Alfonsín, visitó Roma poco después de la jura del presidente y organizó en ese hermoso palacio una cena para nosotros, los ex exiliados. Ahora, a 35 años de distancia, seguimos apostando a la Democracia, con Memoria, Verdad y Justicia.

*Periodista y escritora. 


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