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IDEAS / Opinión
viernes 6 julio, 2018

La mafia, los clásicos y los patos

Cómo se relacionan la tragedia y la filosofía.

por Miguel Roig

Serie The Sopranos, personaje Tony Soprano Foto: Cedoc
viernes 6 julio, 2018

El Padrino comienza con el destierro de un niño, Vito Corleone (como Edipo o Electra), que llega solo a Nueva York. Con los años construirá allí su mundo y uno de sus hijos, Michael, al frente de la familia, no dudará en asesinar a Fredo, su hermano, para saldar una traición. Por su parte, en la serie Los Soprano, Tony, el jefe de la familia, acabará con la vida de su sobrino Christopher, asfixiándolo.  

No es casual que se detecte el aliento trágico de los clásicos en dos obras centradas en el relato de la mafia ya que esta, al igual que la monarquía, se conforma a través de grupos cerrados y con leyes particulares. No busco con esta relación vincular directamente a las monarquías parlamentarias con las sociedades criminales sino destacar que su relato trágico construido por los clásicos hoy solo es perceptible en la narración que se hace de este grupo social que, como las casas reales en la Edad Media, se manejan de manera endogámica, con reglas propias, y no dudan en apelar a la violencia para alcanzar sus propósitos.

Richard Greene y Peter Vernezze, profesores de filosofía en universidades estadounidenses, han estudiado al protagonista de Los Soprano, Tony –interpretado por James Gandolfini–, y su relación con la filosofía. Platón afirma que frente a la tragedia «disfrutamos con el héroe, nos entregamos para seguirle, simpatizamos con él, tomamos en serio su sufrimiento». Pero Tony, como advierten Greene y Vernezze –y cualquiera que se ponga a mirar la serie– es un hombre violento y terriblemente cruel. No solo asesina con sus propias manos a su sobrino, sino que mata o encarga matar a lo largo de las temporadas de la serie a un número importante de víctimas. 

¿Cómo un personaje racista, homófobo y moralmente arruinado puede despertar la más mínima empatía? Para esbozar una respuesta Aristóteles acude a nuestra ayuda en su análisis de la tragedia, cuando dice que esta no debe mostrarnos personajes malvados o virtuosos que pasen de la felicidad a la desdicha o viceversa. La tragedia solo ocurre cuando aparecen personajes que ocupen una posición intermedia, simplemente que presenten un fallo y ostenten una situación de alto grado de prosperidad. Edipo es el rey de Tebas que ignora que ha matado a su padre y se ha casado con su madre. Pero Tony Soprano es el jefe de una organización mafiosa, tiene una familia y un estándar de vida de clase alta y es un criminal, aunque no lo asuma. Esta característica hace que nos alejemos de él sin poder observar la regla platónica que nos sugiere seguir al héroe. A su favor, Tony tiene un alto sentido de familia y de la amistad, se esfuerza en cumplir las expectativas de lo que considera sus responsabilidades familiares y nos acercamos a él hasta que un hecho violento nos separa. Es cuando aparece el fallo, manifestado por sus ataques de pánico, cuando vencemos la resistencia porque accedemos a su vulnerabilidad. Su malestar físico, cuyo significado emocional desentraña en la consulta de la psicoanalista, es producido por su incapacidad para asumir su rol moral y, en definitiva, su responsabilidad. Su relación de amor y odio con su madre, que es recíproca, es algo que Tony no puede entender ni racional ni emocionalmente; lo lábil de su mundo, amasado con violencia y peligro constante, siempre en tensión, lo proyecta al ámbito familiar y siente verdadero pavor de perder a su familia. En una escena cuyo significado aparecerá en la terapia, Tony experimenta ataques de pánico ante la huida de unos patos de su piscina; los patos son la representación de su familia que se dispersa, que se pierde. 

A través de este fallo nos acercamos a Tony y podemos sentir la misma compasión que sentimos por Edipo cuando experimenta el reconocimiento de haber matado a su padre y haberse casado con su madre. Greene y Vernezze sugieren que Tony busca la curación a través de la terapia que, como no puede ser de otra manera, causa dolor y sufrimiento, del mismo modo que Edipo sigue el consejo del Oráculo de Delfos: «Conócete a ti mismo». 


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