INTERNACIONAL
opinión

La guerra de Ucrania y la Cumbre de las Américas

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Discurso. La Cumbre interpeló a los regímenes latinoamericanos acerca del mundo en que queremos vivir. | afp

La política exterior es acerca de las oportunidades que se presentan, como se aprovechan en la consecución de una serie de intereses, considerando que los contextos posibilitan y también condicionan a la misma. En este sentido existe un hilo conductor entre la guerra de Rusia a Ucrania, la reciente Cumbre de las Américas y la política exterior de Argentina.

En primer lugar, alcanzar una situación en que la paz sea conveniente para todos los participantes, directos e indirectos, del conflicto se presente elusiva. Si bien Europa se muestra unida en la condena de la agresión, existen divergencias acerca de la manera más efectiva en apoyar al gobierno de Ucrania. La declaración de Úrsula Von der Leyen brindando “la perspectiva europea” para el ingreso de ese país contrasta con la respuesta en cuentagotas lenta y dividida acerca de los pedidos de armas. Además, la consolidación territorial de Rusia en el sur y el este enfrenta a los europeos con la siguiente pregunta: ¿qué Ucrania ingresará a la UE? ¿La que supimos conocer hasta el 2014 o la que emergerá como consecuencia del resultado en el campo de batalla? 

En paralelo, EE.UU. continúa asistiéndola con armas en cantidad y en potencia para evitar una victoria por parte de Rusia y, eventualmente, desgastar al ejército invasor. Sin embargo, no es la adecuada para que los combatientes recuperen territorio perdido. Esta situación es el resultado de la discusión en Washington acerca de cómo asistir militarmente al gobierno de Zelenski y evitando que Rusia escale el conflicto. Los aliados transatlánticos por un lado, se preguntan si el presente es un tiempo de concesiones y por el otro, cómo definir victoria en la presente situación.  

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Lógicamente, el contexto actual alcanzó a la Cumbre de las Américas. En el código geopolítico hemisférico, esta situación se tradujo en la reticencia por parte de la administración demócrata de hacer partícipes a Nicaragua, Venezuela y Cuba presentados como aliados de Rusia, como autócratas, decisión cuestionada por parte de los países de la región.  

Si la Cumbre de las Américas de 1994 fue una apuesta al optimismo, producto del “Fin de la Guerra Fría”; la celebrada en junio, en la ciudad de Los Ángeles, fue el reflejo del “retorno de la historia” y de la política de “competencia entre los Grandes Poderes”. Esto explica la discusión acerca de a) la posición que los latinoamericanos tenemos en la presente transición internacional y b) cuál es el tipo de liderazgo con el que nos sentimos más cómodos. En este sentido no es un dato caprichoso la decisión de EE.UU. de dejar afuera a las tres autocracias latinoamericanas. Seguramente –y con razón–, el lector podría alegar la condición “hipócrita” como crítica hacia EE.UU. Gideon Rachman el 26/5/2022 en el Financial Times nos brinda una mirada interesante al respecto. Para el autor la hipocresía y la mentira no son precisamente lo mismo. Si bien un hipócrita y un mentiroso son responsables de su accionar y las consecuencias, eso no los hace iguales. En su interpretación el mentiroso es peor. En ambos casos opera el engaño, en especial a las audiencias internas, pero una vez que las verdades emergen el tratamiento de la situación es completamente distinto. Las democracias liberales se enfrentan a la mentira reconociendo sus fallos, abriendo el debate, dejando expuesta la situación y eventualmente provocando alguna alteración en la acción. Hipócritas, sí. Sin embargo, están dispuestas a pagar los costos que por eso devengan y a aceptar la poca tolerancia que las sociedades liberales tienen frente a esta conducta. La hipocresía genera pérdidas concretas, pero se puede corregir. Por el contrario, en las autocracias cuando la mentira emerge, surgen de su liderazgo dos actitudes posibles: ahogar la verdad en más mentiras y/o, aumentar la represión y el ocultamiento. La sociedad tiene que convivir con la resignación y la frustración de la imposibilidad de cambiar esa situación, además de que la mentira corroe las bases del diálogo y la confianza. Esa es una diferencia clave entre las democracias liberales y las autocracias en su praxis internacional. 

En la Cumbre de las Américas Biden interpeló a los regímenes latinoamericanos acerca del mundo en que deseamos vivir: uno de mentiras y de represión constante u otro que, imperfecto como es, o hipócrita si se quiere, tiene instituciones que permite que las sociedades conozcan, lidien, corrijan y protejan la verdad por más cruda que sea. Esto no es menor si miramos la secuencia reciente de sucesos que involucran a Argentina, Venezuela e Irán.   

Para la Argentina la combinación de guerra y Cumbre obliga a pensar la política exterior futura de cara al proceso electoral en 2023. Sabemos que, a diferencia de la situación del covid-19, la coyuntura brinda una nueva oportunidad para el país ya que el mundo demanda aquello que tenemos: alimentos y energía. Sin embargo, la dinámica doméstica previene que podamos aprovecharla por dos razones bien conocidas: 1) el grado de restricciones internas al comercio exterior de alimentos, (impuestos, retenciones, y restricciones variadas); y 2) la falta de infraestructura e inversiones para poder extraer y exportar la energía que tenemos enterrada, ya que la voluntad de invertir capital en un país con la volatilidad e incertidumbre política tiende a ser baja. 

Habría que retrotraerse a la II Guerra Mundial para ver un contexto internacional semejante. En esa época exportamos todo lo que podíamos y como resultado, el balance comercial fue lo suficientemente bueno para que hiciéramos aquello que quisiéramos, inclusive como para desacoplarnos del proceso de transformaciones que comenzaban a vislumbrarse en el mundo. Éramos “felices” y autónomos con nuestra singularidad y podíamos “vaciar las arcas” como quisiéramos. Actualmente nos encontramos en una situación completamente diferente. Las arcas podrían considerarse “exhaustas” con niveles de deuda en dólares y en pesos récord, con reservas mínimas, y cerca del 40% de pobreza. Éste es un momento ideal para volver a “llenar” las arcas. Aquí es donde juega la próxima política exterior, ya que de ella dependerá cómo capturamos valor para nuestra economía y acompañar los procesos de reformas que serán necesarios para los próximos años, a los efectos de brindarle al mundo, aquello que el mundo demanda.

En el béisbol –deporte poco popular en Argentina–, tres strikes y el bateador queda afuera. Si el covid-19 fue el “strike 1”, y la guerra el “strike 2”; una recesión global en ciernes puede ser el “strike 3” que deje afuera del escenario internacional al país con consecuencias funestas para su política doméstica. Guerra y cumbre demuestran que nuestro posicionamiento internacional es una tarea fundamental a quienes piensan los próximos años de la República Argentina.

*Profesor de Relaciones Internacionales (Ucema – Austral).