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opinión

“Mussolini era un buen político”

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Aliados. No será fácil la relación con Salvini y Berlusconi, que parecen reacios a aceptar el mando de una mujer. Mario Draghi generaba confianza en la UE. La premier deberá conservarla. | afp

Primera mujer en encabezar un gobierno italiano, Giorgia Meloni, presidenta del partido Hermanos de Italia (FdI), representa un movimiento con ADN posfascista al que consiguió volver presentable para llegar al poder. Bajo el liderazgo de esta romana de 45 años, Hermanos de Italia se ha convertido en el primer partido del país, con más de un cuarto de los votos en las elecciones legislativas de septiembre, seis veces más que en 2018.

Meloni ha logrado interpretar las esperanzas frustradas de los italianos contra las “órdenes” de la Unión Europea, así como las protestas por el alto costo de la vida y el futuro bloqueado de los jóvenes. Captó así a gran parte del electorado descontento que apoyaba a la ultraderchista Liga de Matteo Salvini o al Movimiento 5 Estrella, surgido como antisistema.

Criticada por sus adversarios por su pasado como activista del movimiento neofascista, durante los mítines de campaña preguntaba al público: “¿Les doy miedo?”. Pero desde su victoria no ha dejado de enviar mensajes de calma, para Italia y el extranjero. 

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Atlantista y partidaria de que Italia ayude a Ucrania frente a Rusia, envió rápidamente a sus lugartenientes ante las cámaras de televisión para reiterar el compromiso de Roma con Kiev.

Mussolini, “un buen político”. Meloni y su partido son herederos del Movimiento Social Italiano (MSI), una formación neofascista fundada después de la Segunda Guerra Mundial. De ese grupo recuperó el símbolo de la llama tricolor al fundar Hermanos de Italia a finales de 2012.

Con 19 años afirmó a una cadena de televisión francesa que el dictador Benito Mussolini era “un buen político”. Aún hoy reconoce que Mussolini “logró mucho”, pero no lo exenta de sus “errores”, cono la legislación antisemita y la entrada en la guerra como aliado de la Alemania de Adolf Hitler. 

También afirma que en su partido “no hay sitio para los nostálgicos del fascismo, ni para el racismo y el antisemitismo”.

Nacida en Roma el 15 de enero de 1977, Giorgia Meloni empezó a militar con 15 años en asociaciones estudiantiles de extrema derecha mientras trabajaba como niñera o camarera. En 1996, se convirtió en líder del sindicato Azione Studentesca, cuyo emblema era la Cruz Celta. En 2006 fue elegida diputada y vicepresidenta de la Cámara de Representantes. Dos años más tarde, fue nombrada ministra de la Juventud en el gobierno de Berlusconi, su única experiencia gubernamental hasta ahora.

Pronto aprendió a sentirse a gusto ante las cámaras donde su juventud, su temeridad y su habilidad oral llamaban la atención. Una experiencia que le muestra que la personalidad de una mujer guapa, rubia y joven en un país todavía machista seduce tanto como las ideas.

“Dios, patria, familia”. A finales de 2012, cansada de las discrepancias que atormentaban a la derecha, funda Hermanos de Italia con otros disidentes del berlusconismo y decide situarse en la oposición. Con su lema “Dios, patria, familia”, Meloni plantea cerrar las fronteras para proteger a Italia de la “islamización” y renegociar los tratados europeos para que Roma retome el control de su destino.

También se declara enemiga de los “lobbies LGBT” y quiere poner fin al “invierno demográfico” de Italia, donde la media de edad es la más alta del mundo industrializado después de Japón.

Muy celosa de su vida privada, Meloni es madre de una hija nacida en 2016 y convive sin casarse con el padre de la niña, un periodista de la televisión. La oradora que sabe arengar a los italianos con su acento popular típico de Roma, también puede mostrarse tajante e incluso agresiva. 

En 2019 se volvió famoso su discurso en el que se definió así: “Soy Giorgia. Soy mujer, soy madre, soy italiana, soy cristiana. No me lo quitarán”. También puede mostrarse vulgar, como cuando colgó un video en TikTok, el día de las elecciones, en el cual se la ve sosteniendo dos melones a la altura de sus senos, en alusión a su apellido.