jueves 17 de junio de 2021
INTERNACIONAL pedro castillo vs. keiko fujimori
05-06-2021 22:57

Una disputa de extremos decide hoy el futuro de Perú

Ricos y pobres, derecha e izquierda, grandes ciudades y zonas rurales: las contradicciones del país se encarnan en los dos candidatos que llegaron al balotaje con muy pocos votos.

05-06-2021 22:57

Si alguien buscaba una expresión clara de la polarización que atraviesa América Latina, Perú podría ser su símbolo: millones de peruanos deberán elegir hoy entre un maestro marxista leninista y una mujer de derecha, hija de un dictador condenado por violación a los derechos humanos, al que ya prometió que indultará si vence. 

El pasado sangriento en el que se hundió a partir de 1980 parece extender su sombra sobre el Perú. Detrás de la candidatura del maestro Pedro Castillo figuran organizaciones políticas vinculadas con Sendero Luminoso, la sangrienta guerrilla maoísta que sembró el terror durante dos décadas. Su rival, Keiko Fujimori, es la heredera de quien enfrentó al terror senderista con el terrorismo de Estado, un conflicto que en total provocó al menos 70 mil muertos, en su mayoría campesinos. Los dos líderes de esa “guerra”, Abimael Guzmán y Alberto Fujimori, están hoy en la cárcel.  

Después vinieron años de una economía macro en constante crecimiento, pero un sistema político cada vez más atravesado por la corrupción que, al estallar el escándalo de la Odebrecht, golpeó de lleno a todos los presidentes que gobernaron tras la caída de Fujimori: Alejandro Toledo (2001-2006) escapó a Estados Unidos, donde se tramita su extradición, Alan García (2006-2011) se suicidó cuando ya tenía orden de captura, Ollanta Humala (2011-2016) estuvo nueve meses preso junto a su mujer Nadine, y Pedro P. Kuczynski (2016-2018) está bajo arresto domiciliario. Todos están procesados por lavado de activos, en muchos casos vinculados al esquema de corrupción montado por la constructora brasileña en Brasil y varios países de la región. 

Es en ese contexto donde hoy se disputa el balotaje. PERFIL pidió a especialistas un análisis que, más allá de sus énfasis, tienen algo en común: el futuro del país, que además ostenta el triste récord de muertos por millón por la pandemia, es sombrío. Cada uno respondió a estas tres preguntas:

1: Ninguno de los dos candidatos que disputará hoy el balotaje superó el 20% de los votos en la primera vuelta. ¿Esto refleja un fenómeno puntual peruano de descrédito de la política, o es algo que se puede extender a la región? 

2: ¿Interpreta el enfrentamiento como entre “izquierda y derecha”, ricos y pobres, o entre población de las ciudades y campesinos? 

3: Con tan pocos votos “propios” y un Congreso tan desprestigiado, ¿el nuevo o nueva presidente/a tendrá margen de acción? 

Gabriel Gaspar, politólogo chileno. Ex embajador en Colombia y Cuba.

1. La segunda vuelta peruana, con dos candidatos surgidos entre 18, expresa la fragmentación de la sociedad peruana, al tiempo que la desconfianza en sus elites. Este fenómeno se da con fuerza en Perú, agravado por los reiterados casos de corrupción de la mayoría de las elites, empezando por las políticas, gubernamentales y parlamentarias.  Es un proceso que también es posible de observar en otros países de la región, y se incrementó con la crisis económica y social que la pandemia desata.

2. La segunda vuelta ha polarizado a la sociedad peruana, y a falta de una convocatoria político-programática definida, se ha alimentado de los miedos existentes. La derecha fujimorista busca explotar el temor al recuerdo de Sendero (hace años derrotado y desarticulado) y acusar a su rival de querer llevar al Perú a una condición como la venezolana. Es un recurso que ya ha sido utilizado en otros procesos electorales en la región. Por su parte, la candidatura del profesor Castillo ha estimulado la identidad de su base popular, presentándose como genuina y mayoritaria expresión del mundo cholo e indígena, postergado históricamente por las elites limeñas. De paso, denuncia la condición de pobreza de la mayoría y culpa al modelo económico imperante.

3. La relación del Ejecutivo que resulte, con un Congreso dividido entre más de diez bancadas, augura la necesidad de construir alianzas amplias que le den gobernabilidad al país, de no ser así, es posible que se reedite la fricción entre los dos poderes que caracterizó el período presidencial que culmina. 

Fernando Domínguez Sardou. Politólogo, especialista asociado del Centro de Estudios Internacionales de la UCA.

1. Hay un fuerte descrédito en la política en la sociedad peruana, pero el bajo porcentaje de votos de las principales fuerzas políticas no se debe a eso, sino a la configuración institucional del Perú. En cuanto a la región, si bien gran parte del fenómeno puede ser entendido en clave peruana, la insatisfacción con los gobiernos, y con la clase política en general es una incipiente constante en la región, que se ha agudizado con la presente pandemia. La capacidad de respuesta de los gobiernos ha sido puesta en tela de juicio, y también la capacidad moral de los mismos. El aumento de información (que en el caso peruano, por ejemplo, se evidencia con el escándalo por la vacunación del ex presidente Vizcarra, que salió a la luz tiempo después de que éste sea destituido) facilita la capacidad crítica de la ciudadanía. Este fenómeno no es exclusivo del Perú, y podríamos tranquilamente situarlo en una “matriz regional”, y en alguna medida, también global.

2. El sistema de partidos fragmentado, y una elección presidencial a doble vuelta, hace que en todas las elecciones en el Perú siempre la competencia se dicotomice, en torno a un eje relativamente claro. En los últimos dos procesos electorales, el eje ordenador había sido el apoyo o rechazo al fujimorismo, representado por Keiko Fujimori. Esa barrera pareciera estar rota en la actualidad, reorientando el eje a las interpretaciones del potencial electorado de cada candidato. Mientras que para Castillo la campaña se presenta en una clave de “nosotros contra ellos” (siendo “nosotros” la clase trabajadora, el “peruano decente”), Fujimori busca insertar la discusión de campaña en un tono más cercano a “izquierda versus derecha”, pero advirtiendo sobre los riesgos que traería una elección de Castillo sobre el modelo socioeconómico del país y su institucionalidad. En la práctica, no es una pura discusión sobre izquierda o derecha, ya que ambos candidatos se muestran como particularmente conservadores en aspectos sociales. También es verdad que mientras Fujimori se fortalece en las ciudades, Castillo lo hace en el interior. En suma, la campaña, por primera vez en mucho tiempo no tiene un eje de competencia claro, y ahí radica la fuente de la incertidumbre sobre su resultado: no sabemos cómo van a votar los peruanos en este contexto, ya que no hay antecedentes recientes.

3. El problema principal del sistema peruano es, hoy por hoy, su diseño institucional. Un sistema electoral presidencial a doble vuelta, un congreso en elección simultánea con la presidencial con magnitudes de distrito relativamente elevadas, y la debilidad patente de su sistema de partidos dificultan la conformación de mayorías estables. Los partidos peruanos están en crisis desde 1990, y nunca se han podido recuperar. El sistema electoral empuja en cierta medida a un rol preponderante de los dirigentes y de las figuras particulares antes que los partidos. Si a eso le sumamos la elevada fragmentación en el Congreso, quien llegue a la Casa de Pizarro tendrá que tener cintura y voluntad para negociar constantemente coaliciones de gobierno, cuando no su propia supervivencia. El margen de acción, prácticamente, pasa a un segundo plano. 

Luis Benavente, director de la consultora en comunicación política  peruana Vox Populi.

1. Históricamente en el Perú, los candidatos que pasaban a la segunda vuelta desde hace varias décadas sumaban el 60%, aproximadamente. Ahora suman apenas treinta y dos por ciento. Además, de los 18 candidatos que se presentaron, la gente eligió en la primera vuelta al que estaba más a la izquierda y a la que estaba más a la derecha. Ha habido muchas razones. Hay un sistema electoral muy deficiente, que lleva a la atomización y a la abundancia innecesaria de candidatos, en un país en el que los partidos son básicamente clubes electorales que se activan solo para los comicios. Pero, además, la mayoría de los ciudadanos están enfurecidos con el sistema, lo que permitió la llegada de Castillo a la segunda vuelta, mientras que la fragmentación ayudó a Keiko, que de otro modo no hubiera pasado con apenas el 13% de los votos. Es cierto que la política está desprestigiada en todo el mundo, pero en Perú es una situación extrema. Un país que estaba en una mejor situación económica terminará jugando la elección gubernamental como quien juega a la lotería. 

2. Hay un enfrentamiento entre ricos, o cuasi ricos, contra pobres, de Lima contra las regiones, especialmente la sierra, una zona muy olvidada, de mucha pobreza, que concentra al 40% de la población. También se enfrenta el Perú de ciudades y el rural. Keiko tiene el dominio de Lima, y la sierra es dominio de Castillo, una revancha del “otro Perú” que ha sido seducido por una propuesta que no deja de ser un canto de sirena, que no beneficiará a esa masa que se ha rebelado contra un sistema político, social y económico dominado por la corrupción.  

3. El futuro político del país es muy complejo, complicado, impredecible, de pronóstico reservado. Quien triunfe lo hará con una mayoría ajena, prestada, que se la dará por miedo u otros factores emocionales. De los 130 representantes que tiene el Congreso unicameral, Perú Libre, el partido de Castillo, que se define como marxista leninista, será la primera minoría y, de triunfar Keiko, le hará la vida imposible, impulsando la vacancia, lo mismo que ella hizo en 2016, cuando no aceptó su derrota ante Pedro Pablo Kuczynski, tratarán de darle su propia medicina. Keiko buscará hacer un acuerdo lo más amplio posible que le dé gobernabilidad, sin olvidar que enfrenta un proceso fiscal muy serio, con lo que podría pasar de presidenta a presidiaria. Por otra parte, si vence Castillo, tendrá que enfrentar una derecha que no se va a resignar a perder beneficios económicos y a quienes temen que afecte la institucionalidad del país. Su partido ya adelantó que si el Congreso no funciona como ellos quisieran, lo cerrarían. Todo será muy complicado después del 6 de junio.