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OPINIóN / La columna de la USAL
miércoles 17 octubre, 2018

Economías regionales, el efecto del contexto

Los aumentos en el precio de la tarifa eléctrica, los combustibles y en especial del diésel, pega de lleno en la rentabilidad.

Ing. Agr. Matías F. T. Lestani (*)

Economías regionales. Un ejemplo clásico: viñedos. Foto: Cedoc
miércoles 17 octubre, 2018

El tipo de cambio (TC) que referenció en un principio de la actual gestión una evolución lenta, fruto del objetivo claro del Ministerio de Hacienda de frenar los índices de inflación, el concepto de usar este TC como ancla cambiaria, primó y se mantuvo hasta fines de abril pasado, donde una combinatoria de variables internacionales y propias, empezaron a repercutir en el mismo, llegando a un punto de calentamiento máximo (hasta el momento) el 28 de Agosto presente, implicando una devaluación del mismo del orden del 103 % con respecto al valor de diciembre de 2017; esto altero el contexto para la economía doméstica en su conjunto.

En un primer momento la estabilidad en el tipo de cambio genero un valor relativo retrasado con respecto a  los diferentes agregados económicos. En economías regionales los salarios en el sector se habían triplicado por encima de los precios en los últimos once años, efecto producido en parte por los planes sociales y una mayor presión gremial en las paritarias tratando de mantener el poder adquisitivo del sueldo, pero desacoplándolo de él resultado real de las producciones o su productividad durante este tiempo, los exportadores se encontraban con altos costos y un TC que no les mejoraba la competitividad interna ni externa.

La Argentina hasta marzo del 2018 se debatía entre la inflación, el déficit fiscal, el achicamiento estatal y el atraso cambiario. El cambio en la política cambiaria hacia Abril del presente altero el contexto con implicancias heterogéneas en el ámbito Rural, fruto de la contracción de pesos circulantes que venía realizando la política económica a razón de un 25 % anual y con la necesidad de frenar el impacto de los instrumentos financieros (LEBACS) sobre el tipo de cambio, las tasas de interés se dispararon volviendo casi imposible el financiamiento del sector productivo en su mayoría. Nos enfrentamos a un sistema productivo de altos costos y alta volatilidad, que dispara las probabilidades de perder dinero, ante la dinámica de los costos internos, siguiendo una curva inflacionaria en acenso, con una alta dificultad a la hora de recortar gastos (ámbito de gestión real de aquellas producciones en las que el precio es un dato de mercado, como las agropecuarias) que condiciona hoy ya no solo la capacidad de reinversión, sino la sustentabilidad del sistema.

El impacto de los aumentos en el precio de la tarifa eléctrica, los combustibles y en especial del diésel (insumo principal de la actividad agropecuaria), pega de lleno en la rentabilidad del productor y en especial en aquellos más vulnerables, por estar alejados de las zonas de comercialización, teniendo que transportar su producción por más de 1.000 kilómetros hasta el puerto de embarque soportando altos costos logísticos. Dicho costo acciona en forma negativa y directa sobre su rentabilidad.

Si bien el reacomodamiento del tipo de cambio en un primer momento mejora la posición relativa de aquellas producciones cuyo valor de cotización reflejan en forma directa el incremento del tipo de cambio como la agricultura de commodities, en las actividades regionales el efecto es mixto, pero si es claro que la aceleración de los costos  (tarifa eléctrica, gasoil) es mayor que la que reflejan los precios de sus producciones, no solo por las dinámicas específicas de cada producción también por la falta de transparencia en cuanto a los contratos con las Industrias de mano-factura de origen agropecuario.

En forma simultanea fruto de la necesidad de reducción del déficit fiscal, se produce una reducción del orden del 57 % en la totalidad de los Reintegros de Exportación para las posiciones de origen y mano-factura agropecuarios; Esto sumado a la aplicación de Derechos de Exportación adicionales ($ 4/dólar exportado para productos primarios y $ 3/dólar para MOA) y a la suspensión del cronograma de reducción de retenciones al complejo soja, disparan una suerte de  mecanismo de pinzas que diluye el efecto positivo de un tipo de cambio más competitivo, generando un tipo de cambio diferencial en aquellas producciones que debían ser a priori las más beneficiadas frente a este contexto. Las implicancias de las medidas se vieron reflejadas en los precios de referencias de las mismas aun antes de su anuncio por parte del gobierno, y barren a todo el sector productivo con su influencia.

(*) Prof. Economía y Política Agropecuaria USAL


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