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POLITICA / elecciones 2019
viernes 12 julio, 2019

Cómo se hacen y cuánto cuestan las encuestas que influencian las elecciones

Dibujan el mapa electoral y anticipan tendencias en la opinión pública. Las diferencias de cada método, cómo relevan los datos y por qué a veces fallan.

por Anabella Gonzalez

Encuestas: las que se publican (y las que se guardan en secreto) pueden influir en el escenario político. Foto: unsplash

Se hacen todo el tiempo, pero se multiplican en temporada de elecciones. Aparecen en los títulos de todos los medios, pero pocos saben cómo se elaboran. Las comenta el "círculo rojo" como verdad revelada, pero no siempre coinciden con la realidad de las urnas. Celebradas, criticadas, casi nunca ignoradas, las encuestas son atracciones centrales en años electorales, aunque se conoce poco sobre su funcionamiento. Las que se publican (y las que se guardan en secreto) pueden influir en el escenario político y hasta provocar devaluaciones, pero son apenas una "foto" de una película en constante movimiento.

PERFIL consultó a cuatro encuestadores de consultoras argentinas que hacen relevamientos periódicos para clientes políticos y privados. En esta nota, explican cómo trabajan en un año de comicios ante una realidad "polarizada", cuáles son los desafíos de una encuesta y por qué es importante entender cada dato en su contexto.

Métodos y muestreo. Para armar una encuesta representativa hay que seleccionar una determinada cantidad de gente al azar que represente la realidad del universo a sondear. En un relevamiento nacional, por ejemplo, se busca un mínimo de entre 1100 y 1500 consultados repartidos en cada distrito según la densidad poblacional (por eso cobra importancia Buenos Aires y el conurbano, donde vive el 38% del padrón). Cumplir con las condiciones de "aleatoridad" y "representatividad" al mismo tiempo es difícil: si se elige a ciegas es menos probable que se refleje a todos los sectores, pero si se busca abarcar diversas realidades los consultados son menos aleatorios.

En la encuesta telefónica cada vez son más los que quedan afuera: sobre todo los jóvenes, que son el gran desafío. 

  • ¿Cómo se hacen las encuestas?

Los tres grandes métodos son online, presencial y telefónica. Las telefónicas a su vez se dividen en dos categorías: IVR (por la sigla en inglés de Respuesta de Voz Interactiva), que se hace en forma automática con un menú de grabaciones; y CATI (Entrevista Telefónica Asistida por Computadora), en las que pregunta un operador humano con un cuestionario fijo digitalizado.

Los sondeos telefónicos y online son más baratos y rápidos, pero tienen problemas de representatividad: los muestreos están "sesgados" por el acceso a la tecnología. Lucas Romero, politólogo y director de Synopsis Consultores, lo resume así: "En las encuestas telefónicas, CATI y IVR, ya se incumple una condición, porque no se abarca a todos porque no todos tienen teléfono fijo. Si bien es la metodología más tradicional, cada vez son más los que quedan afuera: sobre todo los jóvenes, que son el gran desafío".

"Lo más usual es hacer IVR, porque es rápido y barato, pero da una muestra muy sesgada", coincide Celia Kleiman, socióloga y directora de CK Consultores/Polldata. Los sondeos telefónicos, dice, suelen relevar a pocos varones. "Son las mujeres quienes suelen atender el teléfono y quienes más completan una encuesta, los hombres no suelen terminarlas. Tampoco se encuentra casi el segmento joven", apunta Kleiman, y advierte que "el error puede ser enorme" en esos casos.

PERFIL entrevistó al CEO y Director de Opinaia, Valentín Nabel, y a Guido Moscoso, politólogo y gerente de Opinión Pública de la consultora. Desde su oficina de Belgrano, aseguran a este medio, para que alguien conteste una encuesta por teléfono tiene que tener tiempo disponible. "Cada vez tenemos menos, el que atiende un teléfono y responde por lo general es alguien que le interesa la política, que quiere influir con su opinión", sostienen. El resto no lo hace. Moscoso detalla que solo "un 56% de la población tiene línea fija" y la cifra "está en claro descenso". Todos esos factores complican el resultado final.

Pensamos que hoy en Argentina lo mejor es hacer encuestas online, aseveran desde la consultora

Las encuestas online crecieron en los últimos años, aunque su uso en política es limitado. Suponen una mayor libertad: como son (mayormente) anónimas y no hay entrevistador, el encuestado responde sin miedo a ser juzgado. "Los problemas que tiene la encuesta online, que son la penetración de internet en los hogares, se fueron reduciendo", evalúa el director de Opinaia, y agrega: "Hoy estamos en un nivel de internet muy cercano a España, donde el 80% de la población tiene acceso". El sesgo, en este caso, es socioeconómico: responden quienes tienen acceso a una computadora con acceso fijo a internet, o un smartphone con suficientes datos.

En Opinaia impulsan y reivindican, desde 2015, su método 'estrella': las encuestas de panel. "Pensamos que hoy en Argentina lo mejor es hacer encuestas online", aseveran desde la consultora. Un panel es un grupo de gente dispuesta a responder encuestas por internet, que recibe los distintos sondeos por mail, y que se fideliza con incentivos: monedas virtuales, que después se canjean por premios o vouchers.

En Argentina, la consultora sondea a 50 mil usuarios activos que responden encuestas online. Para las consultas electorales, tienen la ventaja de poder mostrar las imágenes de las boletas oficiales. Así se puede elegir con un click la lista completa o emular "un corte de boleta virtual": seleccionar por ejemplo, a Vidal en la provincia y a Fernández-Fernández o a Espert para la presidencia.

Opción boleta corta o boleta completa
Un ejemplo de la simulación de cuarto oscuro de Opinaia. Se puede elegir votar la boleta completa, o hacer corte de boleta. Fuente: Opinaia.  

Pero no se limitan a la política: también hacen relevamientos de mercado. Por eso, los consultados pueden recibir preguntas sobre yogures una semana, otra una de candidatos, y a la siguiente una de telefonía celular. "El panel no está politizado", destacan a su favor. Todos los meses hacen un "tracking nacional" que reúne entre 3000 y 3500 casos en todo el país. "Son muestras grandes porque nos gusta hacer muchos cruces. Ver qué piensan los jóvenes, los adultos, analizar por provincia, por nivel socioeconómico", detalla Moscoso, que además es docente en un taller de Opinión Pública en la UBA.

En Synopsis combinan ambos métodos: telefónica y online. "Eso resuelve algunas cosas, y en términos de costos tampoco es tan elevado", argumenta Romero. Para la web usan una encuesta de captación por redes sociales, con una pregunta para atraer a los usuarios, pero no ofrecen incentivos materiales. "Es una encuesta corta con pocas preguntas, que sirve mucho en clima electoral. Se pregunta a quién se va a votar y qué imagen se tiene de uno u otro candidato", explica el analista a este medio.

Para Celia Kleiman, no hay nada más "preciso" que una encuesta presencial. "Cuando vos tocas el timbre en una casa podés mostrar una réplica de la boleta tal como sería cuando vote. Se puede cuantificar la muestra con precisión de acuerdo a género, edad, estudios. Además, obviás la mentira: hay ciertas cosas que son ineludibles como el sexo, la edad, entre otras", afirma la Magíster en metodologías de investigación.

El director de Synopsis coincide: el método cara a cara "sigue siendo el instrumento con mejor capacidad predictiva". "Se supone que ahí se resuelven todos los desafíos. Una encuesta presencial bien hecha no falla", sostiene Romero. El gran obstáculo es el costo: se necesitan encuestadores que recorran casa por casa, mayor cantidad cuanto más grande sea el muestreo, y analistas para procesar los datos. Por eso son difíciles de pagar para candidatos con poco presupuesto.

No es tarea sencilla. Son muchos ítems donde una encuesta puede fallar, dicen desde Opinaia. 

  • ¿Cuánto cuestan?

Según pudo averiguar PERFIL, los precios de las encuestas telefónicas mediante IVR (de entre 1200 y 1400 casos para un relevamiento nacional), se ubican entre 150 mil y 200 mil pesos en promedio. Con la misma cantidad de casos, una encuesta online de panel rondaría los 400 mil, mientras que una CATI asciende a un rango de entre 600 mil y 800 mil, porque se suma el costo de un encuestador. Para un sondeo presencial los costos se disparan: pueden salir diez veces más que un IVR en algunos distritos, y en relevamientos nacionales llegan a 5 millones de pesos.

Cómo se arma el muestreo. En encuestas telefónicas, explica Romero, se usa una guía telefónica nacional, segmentada por localidad, para construir una muestra con determinada distribución geográfica y se sortean los encuestados al azar. Synopsis empleó un equipo técnico que desarrolló un método en conjunto con equipos de Google y Facebook para "calibrar" el ofrecimiento. La idea es que la encuesta no se guíe con algoritmos que orienten la muestra hacia determinados perfiles, y garantizar la mayor aleatoriedad posible.

Una encuesta online de panel rondaría los 400 mil pesos promedio

Los panelistas de Opinaia, en cambio, se registran en la web y reciben por correo distintos tipos de encuestas, no siempre de escenarios electorales. "Esos panelistas suben y bajan todo el tiempo, hay un reclutamiento constante", cuenta a PERFIL el gerente de Opinión Pública de la consultora. Un área de "salud del panel" evalúa quiénes participan, quiénes dejan de hacerlo y por qué; además, reclutan nuevos participantes cuando los números caen.

Para los sondeos presenciales, se parte de una muestra "cuotificada" por cantidad de electores, edad, género, nivel educacional y nivel socioeconómico, en base a la última Encuestas Permanente de Hogares (EPH). Luego se elige "un punto muestra" (conjunto de manzanas a encuestar) por sorteo, en base a la cantidad de electores del padrón electoral que corresponden por cada sección. "Por ejemplo, en Ciudad de Buenos Aires tenemos 15 comunas, yo sé qué cantidad de encuestados tomar por cada una. Supongamos que son 20 casos: esos veinte sí son sorteados", resume Kleiman.

Una encuesta nacional idealmente es de 1500 casos, una en Provincia de Buenos Aires requiere un mínimo de 900 y una en Capital necesita al menos 400.

  • ¿Por qué las encuestas fallan?

Representar a 44 millones de argentinos con tan pocas personas acarrea desviaciones inevitables. Esa posibilidad de equivocarse se conoce como error muestral o margen de error. "Si tengo una muestra de 1000 casos, el margen de error es más-menos 3 puntos. A mayor cantidad de casos, menor margen de error", detalla Moscoso. Es decir, si un candidato mide 18 puntos, pueden ser en realidad 15, o 21.

Un margen aceptable para Kleiman es de un 5%: "Eso es el máximo. Más de eso es una barbaridad", dice. "El tamaño de muestra condiciona el tamaño de error con el que se trabaja. A más casos se disminuye el margen de error, pero no es directamente proporcional", aclara la directora de CK Consultores. También existe un error no muestral, que no se computa en las fichas técnicas, vinculado al método elegido. Por ejemplo, si el encuestador no accedió a barrios de alto poder adquisitivo. "Sé que hay un error, pero no lo puedo medir y no sé el alcance", resume el docente de la UBA.

Para Nabel y Moscoso, los pilares de una buena encuesta son el cuestionario, cómo se llega a los encuestados y la elección de una buena muestra. "No es tarea sencilla. Son muchos ítems donde una encuesta puede fallar", destacan. Lo importante para saber si una encuesta es confiable, según Kleiman, es prestar atención a quién es el encuestador, qué trayectoria tiene, cuántos años hace que trabaja, qué clientes tuvo y si acertaron o no en elecciones anteriores. También hay que revisar la ficha técnica, en especial el método y la cantidad de casos analizados.

Una encuesta nacional no debería bajar de 1500 casos, una en Provincia de Buenos Aires requiere un mínimo de 900 y una en Capital necesita al menos 400. Frente a las especulaciones que pueden darse en los próximos meses, el director de Synopsis aclara que las encuestas no son un escrutinio provisorio. "Te dicen cuál es el clima de opinión imperante en ese momento. El que cree que la encuesta dice quién va a ganar, tiene un problema y hace una interpretación equivocada", concluye.

A.G./FeL


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