POLITICA
Opinión

El gobierno puede ganar en la segunda vuelta de octubre

Las PASO, con su retorcido diseño, han generado una especie de sistema permanente de segunda vuelta. Y en este escenario se debe apelar a la polarización.

El gobierno puede ganar en la segunda vuelta de octubre
Mauricio Macri | Cedoc

El proceso de polarización avanza a pasos agigantados. Una estrategia, que como casi siempre sucede, es fogueada desde ambos polos. En una especie de revival de las elecciones del 2015, gobierno y kirchnerismo quieren capitalizar la atención total de los espectadores de este verdadero partido profesional digno de la ATP. Las pelotas pasan de un lado al otro, con saques magistrales, a veces pegan en el fleje o hay que repetir, las dos hinchadas se enardecen, mientras que el grueso del público mira y evalúa.

Polarizar es una opción muy usada en el juego de la estrategia electoral. En los sistemas bipartidistas -como el de los Estados Unidos y muchas de las democracias europeas, más si son presidencialistas- se repite con frecuencia en cada uno de los comicios. Por eso hay profusa práctica y experiencia acumulada al respecto. La historia reciente indica que salvo que uno de los dos jugadores esté muy desprestigiado, estos duelos se resuelven por puntos que casi nunca exceden los dos dígitos. Por eso cuando se entra en esta vorágine se juega a todo a nada y los escrutinios se hacen largos y estresantes. Cada uno de esos puntos vale doble y si se decide recorrer este camino, por decisión propia o imposición del contexto, hay que ser extremadamente preciso ya que el riesgo es alto. Dick Morris siempre dice que en esta materia uno puede prender y alimentar un fuego, pero es muy difícil prever exactamente su curso y dimensión y las más de la veces se torna imposible extinguirlo.

Las vueltas de la vida hacen que un engendro pensado por Néstor Kirchner para resolver a su favor la interna sinfín justicialista, pueda resultar clave para darle este año el triunfo tan deseado a Mauricio Macri. Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), con su retorcido diseño, han generado una especie de sistema permanente de segunda vuelta. Y es en este escenario donde casi en forma automática se debe apelar a la polarización. Ya que aunque no se dé espontáneamente en Agosto, sobrevendrá indefectiblemente en Octubre. Si así son las cosas, el manual indica que es el “incumbent”, el sector que se encuentra en el gobierno, quien puede tratar de elegir al otro polo, al adversario, para enfrascarse en una contienda que resulte verosímil y amenazante. De lo contrario es probable que aparezcan terceros jugadores y se corra por completo el eje de la discusión.

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El gobierno de Cambiemos, al igual que el resto de los argentinos, espera ansioso las primeras evidencias palpables, los famosos brotes verdes, que les vayan demostrando que el camino elegido es el correcto y que finalmente los sacrificios valieron la pena. Si esto se verificara a tiempo para las elecciones y no se cometieran errores groseros de implementación, no haría falta nada más. Se ganaría caminando, ya que siempre en las primeras elecciones de medio término de un gobierno reciente en el poder, si se levanta algo de viento favorable, la mayoría se inclina por el cheque en blanco. Por más que subsistan los problemas, la sola idea de estar avanzando en forma perceptible en las soluciones, le permitiría al oficialismo comprar más tiempo. “No le ate las manos al Presidente”, decían los afiches en la época de Alfonsín, “Para seguir avanzando” era el slogan en tiempos de Menem. En ambos casos los votantes plebiscitaron favorablemente a los oficialismo de turno.

El asunto se complicaría si la economía no mejorara tan sustancialmente. En ese caso, los estrategas macristas deberán continuar con el blanco versus negro de su confrontación con el kirchnerismo. Discutir sobre el pasado, puede motivar la activación de las mismas pasiones casi viscerales del 2015, tal vez el único recurso del que disponga el gobierno en un escenario de reactivación incipiente, pero que no sea demasiado percibida en forma palpable en la heladera o en el primer metro cuadrado, como suele decir Pablo Knopoff.

Discutir sobre el presente no resultaría conveniente y por falta de concreción de expectativas, tampoco lo sería sobre el futuro, a riesgo de que el pueblo no renueve la confianza. Por eso la polarización con lo peor del pasado reciente se tornaría imprescindible.

Cambiemos en general, pero mucho más el núcleo cercano al Presidente, disponen de una ventaja casi única. Su no adherencia a la cultura política tradicional, a pesar de haber navegado por sus canales desde la presidencia de Boca desde hace casi 20 años, les permite moverse con criterios por lo menos diferentes al resto. Cuando un político pierde una elección, o decide vivir el día a día, o no sueña con la gloria y el poder, corre el riesgo de desdibujarse y extinguirse de a poco. Este no parece ser el caso. El gobierno tiene la capacidad de tolerar lo que para otros resultaría inaceptable. No parecen estar demasiado interesados en armar una estructura nacional que los perdure. Hasta da la sensación que no les preocupara el resultado de las elecciones locales que se irán sucediendo en forma anticipada a las PASO de agosto y las generales de octubre y su impacto a nivel nacional. En Chaco, Corrientes, La Rioja y Catamarca se celebrarán comicios que prometen resultados dispares. Algunos podrían ser interpretados como desfavorables para el oficialismo nacional, debido a acuerdos de gobernabilidad entre el gobierno central y las respectivas contrapartes locales.

Mostrando una importante dosis de pragmatismo, que tal vez se origine en su pertenencia al ámbito empresarial, Macri no va por todo. Se conforma con lo que hay, con lo que resulta factible. Por eso es muy probable que los consejos con acento ecuatoriano que recibe, le recomienden que evalúe hasta la posibilidad de perder por poco tácticamente, o salir en un modesto primer puesto cercano al segundo, en la más segmentada elección de Agosto para poder llevarse la parte del León en la mucho más polarizada de octubre, donde se juega la conformación futura de las Cámaras. Si en las PASO, la amenaza del retorno de “Ella” se torna cercana y probable, en las generales automáticamente se le alinearán todos los demás en su contra , apoyando a la opción que resulte más útil para frenar su eventual regreso. Eso quedó más que claro en las calles y plazas de las principales ciudades del país, cuando ante la aceleración de la avanzada kirchnerista mostrando parte de lo peor que tienen disponible, mucha gente de clase media en forma espontánea salió a militar en una especie de re-edición de los cacerolazos y marchas de hace algunos años. Si el gobierno sabe capitalizarla, esta dinámica tal vez se traduzca en muchos votos en octubre. Pero para ello hay que tolerar alguna muestra de debilidad táctica, algo no muy difícil para el oficialismo, pero casi intolerable para los que se denominan “políticos de raza”.

Todo esto requeriría de una eficiente jugada de pizarrón que no está exenta de riesgos. Puede que la tan denostada política vuelva a meter la cola y Cristina Kirchner decidiera no competir y dejara participar a algunos jugadores algo menos conflictivos; o el tándem Massa-Stolbizer lograra romper con la incipiente polarización, como lo hiciera en parte el tigrense hace dos años. En este último caso, hasta pudiera ser el elegido para frenar la vuelta al pasado, en una re-edición del duelo bonaerense del 2013. En esas eventualidades, los planes oficialistas deberían ser revisados. Tal vez que con algo de suerte, para ese momento, ya los vientos de la reactivación económica se empiecen a percibir.

Los últimos acontecimientos, la ofensiva opositora, las marchas y contramarchas en las calles y en las decisiones, nos vuelven a probar una vez más una verdad de hierro. Desde tiempo inmemoriales, desde los imperios mesopotámicos, pasando por Egipto, por el mundo clásico, por los chinos, indios, japoneses, mongoles, rusos, persas, árabes, europeos de todas las nacionalidades y sigue la lista… a la política la manejan los políticos, Generalmente temidos, algunas veces amados y otras veces odiados, siempre son los protagonistas de este juego. Antes tenían que disfrazarse de sumos sacerdotes o de gurúes y oráculos, vestirse con ropas de príncipes, generales o cardenales, saber de tácticas de guerra o de venenos y pócimas. En los últimos tiempos, por suerte y gracias a los vientos democráticos que soplan en varias partes del mundo, tienen que desplegar y manejar las técnicas de la seducción a través de la publicidad y del marketing. La irrupción de las redes sociales como un fenómeno nuevo y revolucionario que impacta en todos los órdenes de lo conocido, sin duda esta alterando la forma en que se conectan gobernantes y gobernados. Pone en tela de juicio qué es verdad y qué es mentira y jaquea casi en mate a la intermediación de periodistas, medios y cuadros dirigenciales. Pero aunque puedan cambiar para siempre las formas y procedimientos, no deberíamos confundirnos, son solo nuevas herramientas y formatos de un oficio muy antiguo. Antes, ahora y siempre, se gana, se gobierna y se transforma haciendo política.

(*) Analista de política internacional