PROTAGONISTAS
A 50 AÑOS DE SU ASESINATO

EE.UU. recuerda a Luther King pero su sociedad no cambió mucho

El pastor y activista fue asesinado el 4 de abril de 1968. Hoy su país todavía lucha contra los mismos demonios.

Martin Luther King
Martin Luther King | Cedoc

Tropas involucradas en una guerra interminable, estudiantes enojados, mujeres que protestan contra el sexismo, atletas negros que denuncian el racismo policial: así eran los Estados Unidos cuando el pastor Martin Luther King fue asesinado, un 4 de abril de 1968, hace 50 años. Hoy su país todavía está luchando contra los mismos demonios.

Jason Sokol, profesor de historia de la Universidad de New Hampshire, asegura que hubo algunos avances para los afroestadounidenses con los años, con el colofón de la victoria de Barack Obama en 2008, el primer presidente negro. Pero las desigualdades raciales persisten, "especialmente en torno a la pobreza negra, la tasa de encarcelamiento y la brutalidad policial", dice Sokol, autor de un libro sobre el legado de King, "The Heavens Might Crack".

Las cifras acreditan que sigue existiendo una profunda brecha social en Estados Unidos en las condiciones de vida de la población afroamericana y blanca. En cuestiones de empleo, aunque la brecha se ha ido cerrando últimamente en cierta medida, el desempleo es desde hace tiempo considerablemente mayor entre la población afroamericana que entre la mayoría blanca con un 6,7 por ciento frente a un 4,1 por ciento.

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Mientras en 2016 uno de cada cuatro afroamericanos en Estados Unidos vivía por debajo de la línea de la pobreza, esa proporción se reducía a uno de cada diez al tratarse de la población blanca. Otro factor importante que marca la diferencia es la propiedad inmobiliaria: mientras en 2014 el 70% de las familias blancas poseían una propiedad, en el caso de las familias negras eran sólo el 40%.

Henry Louis Taylor, profesor de la Universidad de Buffalo, destaca que "King imaginaba que otro mundo era posible fundamentándose en la justicia económica, política y racial, cosas relacionadas con buena educación, vivienda decente, buenos trabajos", explica. "Realmente progresamos mucho en los últimos 50 años en la realización de su sueño", asegura. "Aunque hubo cambios en las actitudes raciales individuales, el racismo incorporado en las instituciones y estructuras de Estados Unidos no cambió demasiado".

El camino de King hasta convertirse en icono del movimiento de los derechos civiles comenzó en 1955, cuando Rosa Parks, una mujer negra, se negó en Montgomery a ceder su asiento en el autobús a un blanco. Fue detenida y se produjeron violentas protestas.

Los afroamericanos boicotearon el transporte público, en una iniciativa liderada por King, y el movimiento obtuvo resonancia mundial y concluyó con una victoria: el Tribunal Supremo de EE.UU. declaró inconstitucional la división de zonas según el color de la piel en los autobuses de la ciudad. Aquella acción convirtió a King en una persona conocida en todo el país. Su capacidad para la oratoria le ayudó a que las protestas se replicasen en todo Estado Unidos.

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El punto álgido fue en agosto de 1963 con la Marcha sobre Washington, cuando se manifestaron más de 250.000 personas, entre ellas también blancos. "Tengo un sueño", dijo entonces a la multitud King, en un discurso en el que abogaba por la igualdad entre negros y blancos. Un año más tarde se le concedió el premio Nobel de la Paz.

El premio le dio aun más notoriedad, pero King siguió con su lucha. La igualdad entre los diferentes grupos de la población existía sólo sobre el papel. Habían pasado más de 100 años del fin de la guerra civil en Estados Unidos, pero la separación entre negros y blancos seguía formando parte de la vida diaria de los estados del sur de Estados Unidos.

Las autoridades de Alabama, por ejemplo, negaban a los negros que se pudieran registrar en el censo electoral. En contra de esa negativa los activistas marcharon en marzo de 1965 en Alabama. Policías blancos intervinieron usando gas lacrimógeno, látigos, bastones y armas contra el grupo que marchaba pacíficamente. Además, muchos fueron detenidos.

King organizó una gran manifestación hasta Montgomery, que no quedaba lejos. La Policía detuvo el tren en las dos primeras convocatorias, pero para la tercera manifestación el presidente Johnson envió soldados para proteger a los manifestantes y estos pudieron llegar a su meta. Ese mismo año se aprobó la ley de derecho de voto en la que no se perjudicaba a las minorías en las elecciones. A lo largo de ese año King recibió varias amenazas de muerte.

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Un momento crucial. Un año antes de morir, dio en Nueva York un encendido discurso contra la guerra de Vietnam, en la que ese año murieron más de 11.000 soldados estadounidenses. “Hizo enfurecer a todo el movimiento de derechos civiles y el gobierno y buena parte de la estructura política cuando se expresó contra la guerra de Vietnam", explica Henry Louis Taylor Jr., director del Centro de Estudios Urbanos de la Universidad de Búfalo.

Tras el asesinato de John F. Kennedy, King le dijo a su mujer que a él le sucedería lo mismo. Para entonces, explica David Farber, profesor de historia de la Universidad de Kansas, King "se había convertido en una figura realmente radical en Estados Unidos, un oponente declarado de la política exterior estadounidense, que exigía justicia no solo para los afroestadounidenses sino para todos los pobres estadounidenses".

La noche del 4 de abril de 1968 recibió el letal disparo. Tenía 39 años. Para el momento de su asesinato, a manos de James Earl Ray, un hombre blanco con inclinaciones racistas, King llevaba décadas bajo la constante vigilancia del FBI, que lo había etiquetado como el hombre "más peligroso" del país. "Los últimos 12 meses de su vida, King estaba tan agotado, tan pesimista, tan deprimido", dice Garrow. "Dijo, una docena de veces o más, en sus últimos dos años: 'El sueño que tuve en Washington en 1963 se ha convertido en una pesadilla'".