PROTAGONISTAS
la refaccion de la casa real duro 4 años y costo 63 millones de euros

Máxima contrató a un genetista para usar ADN real como elemento decorativo

El científico Hans Clevers secuenció los genomas de la reina, su marido y sus hijas. Y con eso el escultor Jacob van der Beugel “intervino” las paredes del salón más original de palacio.

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Impactante. El Salón del ADN es el espacio más llamativo de la casa donde vive Máxima. Con 60 mil piedritas ilustraron partes del código genético de la familia real. | Casa Real Holandesa

Cuatro años y 63 millones de euros se necesitaron para remodelar el palacio de Huis ten Bosch, la residencia principal de la familia real holandesa. Máxima, su marido y sus tres hijas viven allí desde enero pero esta semana fue la primera vez que lo mostraron a los medios. La medida se pensó como una acción de transparencia, ya que fueron acusados por malversar fondos para la remodelación. Esa apertura también sirvió para conocer sus detalles.

En el recorrido se vio que reemplazaron las históricas lámparas de araña por estructuras de luces led, decoraron los ambientes con pinturas pertenecientes a la corona y realizaron dos despachos, uno para el rey y otro para la reina, ambientados especialmente para la comodidad de ambos. Sin embargo, ninguno de ellos llamó tanto la atención como el Salón del ADN.

El espacio es una sala de estar destinada a reuniones familiares o pequeños encuentros con amigos. A primera vista no se distingue nada especial pero al mirar con atención se nota que en las paredes hay miles de piedritas incrustadas. En total son 60 mil y fueron puestas por el artista inglés Jacob van der Beugel y el genetista holandés Hans Clevers.

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Ambos fueron seleccionados por Máxima para realizar la obra donde se muestra parte de los genes de cada uno de los cinco miembros de la familia. “Es información sensible a la privacidad, por lo que se desarrolló un protocolo completo para llevarlo a cabo”, explicó el científico y director de investigaciones del centro pediátrico oncológico Princesa Máxima que recibió la ayuda de Beugel, quien se especializa en “retratos arquitectónicos de ADN para capturar las nociones de identidad contemporáneas y tradicionales”.

Lo primero que hicieron fue suprimir los genes de riesgo para no mostrarlos al público. Una vez que aseguraron que ninguno de ellos saldría en la obra seleccionaron los que sí estarían. El primero es del rey y es una pieza de ADN del cromosoma Y que heredó de su padre. “Es precisamente esta pieza la que ha estado regresando en la línea masculina durante generaciones. Eso hizo que el rey fuera el rey”, explicó Clevers. Y agregó: “La posibilidad de que sus hijas lo hereden es cero, por lo que Guillermo es el único propietario real de ese fragmento de ADN”.  

En cuanto a la reina, eligieron una parte de su genoma que comparte con sus hijas. “En las piedras se puede seguir el ritmo del material hereditario femenino. De esta manera la obra en su totalidad muestra ambas facetas de la familia y las características que los hace ser quienes son”, finalizó el científico, quien dio las órdenes específicas al artista y este ubicó las 60 mil piedras en el lugar correcto.

Controversia. A pesar de lo curioso que puede resultar el Salón del ADN, la decisión de la familia real no fue bien recibida en los medios del país. Hace tiempo que los reyes, y sobre todo Máxima, reciben críticas por algunos detalles   de estilo de vida, y su accionar. “¿Es realmente necesario que muestren parte de su ADN y gasten dinero en eso?”, fue la pregunta que se hicieron en el sitio NRC, uno de los más relevantes en Holanda.

Las polémicas por el palacio de Huis ten Bosch comenzaron en 2018, cuando se descubrió que las obras costarían cuatro millones de euros más de lo previsto. Eso generó una denuncia en el parlamento holandés y obligó a la familia real a implementar una “campaña de transparencia”. A la recorrida que hicieron para mostrar las remodelaciones se sumó un comunicado del Ministerio de Asuntos de Interior y Relaciones del Reino, donde se explican detalladamente los gastos. “La renovación es de 4,1 millones de euros más cara: 63,1 millones en lugar de 59 millones de euros. De esto, 1,1 millones es la indexación de precios: debido a la mejora de la economía, los precios de los productos de construcción, los salarios por hora y los costos de construcción han aumentado. Además, se necesitan 3 millones adicionales debido a contratiempos estructurales”, dice en su inicio el texto oficial. Más adelante se encuentran declaraciones del secretario de Estado, donde se afirma que los costos no fueron el resultado de los deseos del usuario (los reyes) sino que el arquitecto elegido –de apellido Henket, y muy famoso en Holanda– tuvo una serie de requisitos cuyo objetivo fue “hacer que el palacio sea adecuado para albergar a una familia joven y moderna” y que superó lo esperado.

Además señalan que el rey quería utilizar paneles solares para bajar el precio de las instalaciones y hacer al edificio más “ecológicamente amigable” pero no se lo permitieron porque una ley nacional no permite que se realicen cambios en la apariencia de los monumentos nacionales, tal el caso del palacio.

Esas fueron algunas de las excusas que utilizaron para responder a las críticas realizadas pero no fue suficiente. Varios diarios y radios locales pidieron que se ampliara el documento y volvieron a circular caricaturas satíricas donde se muestra a la familia real usando el dinero del Estado para su beneficio personal.