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PROTAGONISTAS / Tiene 33 años y es de boca
sábado 1 febrero, 2020

"Sigue habiendo machismo en el fútbol", dice la presidenta de la AFA femenina

Evelina Cabrera fue jugadora y entrenadora. Vivió dos años en la calle, pasó hambre y superó un tumor. Hoy da charlas de liderazgo y lucha por un deporte más inclusivo.

por Agustín Gallardo

Futbolera. El deporte la ayudó a realizarse como persona y hoy lo cuenta todo en un libro. Foto: alejandra lopez

Cuando a Evelina Cabrera la vida se le puso brava, ya desde su infancia, seguramente no imaginaba que todo aquello –lo de vivir en la calle, no tener para comer o enfrentar, ya de más grande, un tumor– serían disparadores que definirían quién es hoy en la vida adulta: una especie de topadora que logra todo lo que se propone. “Hago tantas cosas que a veces no me doy cuenta de los logros”, suelta esta mujer de 33 años que hoy es la presidenta de la Asociación Femenina de Futbol Argentina (Affar), cargo que ocupa luego de haber sido jugadora y entrenadora de fútbol.

Desde hace unos años, Cabrera es convocada por las empresas para hablar de liderazgo, trabajo en equipo, diversidad y género. Después de la insistencia de varios amigos decidió plasmar todo en Alta negra (Penguin Random House), un libro donde cuenta su historia de vida más allá –dirá ella– del amarillismo. “No quería que la gente se quedara con el graph de la tele, ‘El fútbol le salvó la vida’... ¡eso es solo la superficie! O ‘De vivir en la calle a ser presidenta de una asociación’. Está todo bien, pero algo pasó en el medio”, suelta verborrágica.

Cabrera se siente incómoda con ciertas etiquetas que la sociedad impone. Movida por esta sensación y por una discusión que tuvo hace un tiempo con alguien, definió el título de su libro. “Alguien me dijo que era una altanera, y yo le dije ‘no, soy alta negra’. Y me fui. Decir ‘sos un negro’ a veces es también decirle a una persona que no tiene posibilidades de ascender, que no puede tener aspiraciones. Y cuando vos peleás por eso, resulta que sos una altanera. Es un poco el juego de palabras”, cuenta.

—¿Cómo surge la idea de fundar la Affar?

—Rompí bastante para hacerlo. Todo el mundo decía que no se podía y se quejaba. A mí me aburre la gente que se queja, no lo soporto. Un día falleció el papá de una jugadora y ella no tenía para bancar el sepelio. La piba llamó al club donde jugaba y le dijeron que no podían ayudarla. Fuimos a verla con un par de pibas, le dimos la plata y ahí, año 2013, Día del Padre, fundamos la Asociación Femenina de Fútbol Argentina.

—¿Qué les dijo Claudio “Chiqui” Tapia cuando fueron a verlo para hacer la AFA de mujeres?

—Nos abrió la puerta, nunca dijo no. Me pidió que le hiciéramos una presentación. Vi una buena predisposición.

—Cuáles son los objetivos principales de la “AFA femenina”?

—Es para que las jugadoras se puedan desarrollar de manera íntegra, más allá de la cuestión deportiva. En el fútbol masculino, los hombres tienen a alguien desde chiquitos que los está cuidando todo el tiempo, por lo general. Porque el jugador es una inversión. La chica que tiene proyección deportiva, por más que tenga buen pie, si no tiene contención termina siendo una jugadora menos. Durante seis años estuvimos solas, pero desde el año pasado somos miembros de la AFA.

Vida. Evelina nació en Virreyes, un barrio humilde de San Fernando, donde se crio junto a sus padres y sus dos hermanos menores. “No teníamos muchos recursos; no tenía lo que tenían todos, digo, la familia como la que te muestra la televisión, que desayuna toda junta: papá, mamá, los nenes, todos juntos comiendo tostadas. Eso es una mentira”, dice. Aquel contraste cotidiano y violento era reflejado cuando se le presentaba la duda de si repetir o no un plato de comida al no saber si sus hermanos menores iban a tener el suyo, o al momento de salir a pedir ropa prestada de alguien porque ella no tenía. Fue así como a los 15 años se fue de su casa, hasta los 17.

—¿Cómo fue vivir en la calle?

—Para mí era normal. Qué sé yo, no tenía miedo de que me pasara algo, paraba con otros pibes, nos cuidábamos. No está buena la indiferencia de la gente. Ya después pasás a ser parte del decorado.

—¿Viviste algún episodio violento?

—Cada tanto nos agarrábamos a piñas, pero nunca pasó nada. Le teníamos más miedo a la policía que a otra cosa. Después me puse de novia con un pibe que me pegaba. Por suerte pude dejarlo, y me volví al tiempo a la casa de mis papás. Las cosas siento a veces que pasan por algo. ¿Cuál es el precio de la meritocracia? O sea, yo fui quemando etapas. Está bien en una empresa, donde vos y yo ganamos lo mismo y en las mismas condiciones peleamos para sacar lo mejor de cada uno. Pero ¿cómo hacés cuando tenés que decidir si estudiás o trabajás porque, si no trabajás, no tenés para comer? Deberíamos todos poder pelear en el mismo contexto. El precio de la meritocracia es que hoy tenga bruxismo, o que no sepa lo que es dormir derecho porque me acostumbré a estar alerta toda la noche. Soy una persona que no sabe dormir, solo dormita.

Luchadora. Evelina llegó al fútbol casi por casualidad cuando, con 19 años, quiso bajar de peso y dejar de fumar. Empezó con un equipo de amigas. Después se fue a probar a un club grande y la ficharon. Ella no menciona el club, dice, para no tener problemas. “Ahí vi lo que es la desigualdad”, explica, escueta. En ese momento le detectaron un tumor por un problema que tenía con la prolactina, por no haber hecho actividad física nunca. Cuenta Cabrera: “Me operaron, y ahí fue cuando decidí ser técnica de fútbol y coach ontológica. Pero para hacerlo tenía que terminar la secundaria. Fui a ver al director del colegio y le dije que quería terminar el colegio para enseñar fútbol. Se echó a reír en mi cara. ‘Pero Cabrera, usted no le puede enseñar a nadie’, me dijo. Tengo la suerte que el ‘no’ funciona como un gran motivador. Le di para adelante, terminé el colegio y me recibí de DT y coach ontológica a la vez. Pasé por varios equipos: Nueva Chicago, Platense, Villa La Ñata, Defensores de Florida...

—¿En qué momento está hoy el fútbol femenino?

—Celebro la visibilidad que hay. La mujer que practica fútbol ya no es la pibita de potrero; las chicas están copando cada vez más las canchas de fútbol. Antes estaba ese prejuicio de que era la machona, la tonta. Ahora ya no. Faltan, igual, más dirigentes mujeres que ocupen espacios de decisión. Sigue habiendo mucho machismo en el fútbol.  

—¿Algo para decir de la designación de Macri en la FIFA?

—No me repercute en nada, tengo el interés puesto en ver que las pibas puedan cargar la SUBE para ir a entrenar.


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