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SOCIEDAD / el uso de la marihuana esta permitido desde 2013
domingo 18 agosto, 2019

Qué fabrican los argentinos que trabajan en la industria del cannabis legal en Uruguay

Martín Santurtún vive allí hace diez años y armó una empresa que desarrolla las semillas para su uso en alimentos. Víctor Viceconti hace ecoladrillos y marcos de anteojos con cáñamo.

por Santiago Carrillo

Como un cereal. Las semillas de cannabis se pueden consumir en ensaladas, panes y barritas, entre otros. Martín Santurtún (izq.) explica que su textura es similar a la de la granola. Variantes. Víctor Viceconti (der.). hace ladrillos de fibra de cáñamo con cal y lo usa en impresiones 3D. Foto: gza. santurtun / gza. viceconti

Desde que Uruguay reguló el uso del cannabis hacia finales de 2013, los negocios derivados del cultivo legal de la planta de marihuana no paran de crecer en el país vecino. Según el último informe que difundió el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Irrca), hay un 12% más de inscriptos en los 123 clubes de membresía y un aumento del 8% de compradores en farmacias, con un total hoy de 47.067 que acceden a las flores de la planta.

Pero si bien el narcotráfico perdió unos US$ 25 millones desde la implementación de la ley, a partir de las estimaciones de la Junta Nacional de Drogas, el mercado del llamado “oro verde” supera los límites del uso recreativo.

El Ircca apuesta a explotarlo aún más y ya hay más de 19 empresas que tienen cultivos superiores a las mil hectáreas. Allí hay varios argentinos que aprovecharon la oportunidad para instalar empresas que desarrollan desde productos alimenticios hasta ladrillos para la construcción de casas.

Uno de ellos es Martín Santurtún (62), quien siempre se dedicó a la dirección de empresas agropecuarias y en los diez años que lleva radicado en Uruguay nunca pensó ingresar al negocio del cannabis. “En 2015 volvía de un avión desde Miami y una persona que se sentó al lado me habló sobre la legalización de la marihuana. Recién ahí me enteré y me pareció que era un tema interesante para explotar”, dice este argentino que a su regreso fundó junto con otro uruguayo y un 5% de capitales estadounidenses la empresa Innovaterra, que hasta ahora vende el extracto de cannabinoide para que los laboratorios produzcan aceite y cremas medicinales.

Cuáles son las condiciones legales para producción de aceite de cannabis medicinal

Pero ahora, Santurtún acaba de recibir la licencia del Ircca para comercializar las semillas de cannabis para que sean consumidas como alimento. “La semilla tiene un gran potencial de aceites que son muy sanos”, cuenta Santurtún sobre las propiedades, pero sin cannabinoides ni tetrahidrocannabinol –el psicoactivo de la marihuana–, y sí tiene los omega 1, 3 y 6, que “son muy nutritivos”. “Una vez que en el laboratorio se extrae el aceite de la semilla, queda una gran ‘torta’ que se puede usar para ensaladas, cereales o en productos pasteleros. Es parecido a la granola”, explica Santurtún, que invirtió más de US$ 10 millones y a partir del año que viene espera vender su producto, que “es muy común en países como Holanda, Alemania e Inglaterra”.

Construcción. “El cáñamo –extraído del tallo de la planta– es un material que puede servir para la construcción de mampostería y de casas”, cuenta Víctor Viceconti (51), un ingeniero industrial argentino que siempre trabajó en informática y quiso salir del escritorio para crear materiales sustentables. “El cáñamo se mezcla con cal y se lo prensa hasta formar un ladrillo. Pero también se puede hacer un encofrado, donde se vuelca la misma mezcla y, una vez que se seca, queda formada una pared, un techo o un piso”, explica Viceconti, que se asoció con un italiano y un uruguayo para formar la compañía Alt3lab, para la que hicieron una inversión inicial de US$ 50 mil.

Viceconti dice que ahora se encuentran “mejorando el producto”, porque si bien esta forma de construcción de casas es común en Europa, “en Latinoamérica se dificulta porque la cal tiene distintas propiedades”. Por eso están probando con material volcánico y esperan poder edificar las primeras viviendas hacia fin de año. Además, el grupo comercializa desde el año pasado unos anteojos de sol que son creados a partir del cáñamo y con impresión 3D.

En cuanto a las diferencias con la construcción tradicional, Viceconti detalla que “el costo se abarata a la mitad, se aceleran los tiempos de obra y pesa siete veces menos que una casa de cemento”. Además de que “son materiales más amigables con el medio ambiente, no se generan hongos ni humedad”.

Para obtener la materia prima, el argentino explica que ellos no poseen un cultivo propio, sino que les compran los desechos a los que desarrollan productos medicinales o recreativos. “La tonelada de cáñamo sale entre US$ 200 y US$ 500, pero nosotros muchas veces la conseguimos donada porque si no la tiran como basura”, dice Viceconti, que tiene el apoyo de la Cámara Industrial Uruguaya para hacer crecer su empresa.

En california, ‘Trimmers’ ganan hasta 300 dólares por día en los cultivos

Otro trabajo asociado con el  negocio de la marihuana legal es el de trimmer: se trata de jornaleros agropecuarios que se dedican a cortar las pequeñas hojas que rodean las flores de la planta, y se puede ganar hasta US$ 300 por día en los cultivos legales de Estados Unidos para uso recreativo. Así lo cuenta Juan Canosa (50), un argentino que pasó dos temporadas de cosecha en el estado de California y llegó a ser encargado de la producción.

“Estaba viajando como mochilero en Estados Unidos y un amorío que tuve me contó que su familia tenía un cultivo legal. Como necesitaba dinero, me ofrecí como trimmer”, recuerda Canosa sobre el trabajo en el que suelen contratar a sudamericanos, europeos y, en último lugar, mexicanos.

“Es un trabajo ideal para jóvenes aventureros”, dice Canosa.

“Los propietarios brindan un lugar donde dormir y toda la marihuana que uno quiera. Pagan entre US$ 120 y 150 la libra (454 gramos). Hay muchos que se esfuerzan mucho y después no trabajan en el resto del año”, cuenta el argentino. “El circuito incluye cortar los cogollos –lo que contiene los componentes psicoactivos–, ponerlos en una bolsa y llevárselos al encargado; este último los pesa y paga al trimmer”, explica Canosa.

“Es un trabajo ideal para jóvenes aventureros”, dice Canosa, aunque aclara que los empleadores “son gente amable, pero exigente”. “Las horas de trabajo las organiza cada uno como quiere, pero siempre hay que producir”, cuenta Canosa, quien ya regresó a vivir al país y sigue dedicándose a trabajar en el campo.


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