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UNIVERSIDADES / por una educación con futuro
sábado 7 marzo, 2020

Cómo se puede incentivar el estudio de la ciencia aplicada

Por la demanda del mercado, los ingenieros son bien remunerados y consiguen trabajo antes de graduarse. En qué se falla. El desafío de que el Estado y otros niveles educativos colaboren para generar una planificación estratégica y entusiasmar a más jóvenes. El ejemplo Taiwán.

Rodrigo S. Miguel*

Profesionales. La ingeniería es casi un símbolo de progreso. En nuestro país esta carrera no tiene muchos estudiantes al igual que en México, Colombia y Chile. Foto: cedoc
sábado 7 marzo, 2020

Que las ingenierías tengan matrícula deficitaria es una señal de que nuestro país va a contramano de las demandas actuales a nivel global, donde un ingeniero –sea cual sea la rama a la que pertenece– es casi la personalización del progreso. En ese ámbito, la Argentina está muy por debajo de la media de los países industrializados, pero también de países como México, Colombia, Chile, El Salvador y Panamá. Se trata de una realidad perniciosa que es necesario revertir.

Deserción. Según el Consejo Argentino de Ingeniería (CAI), por año en el país se gradúan unos 6.500 ingenieros. Sin embargo, la deserción dentro de la facultad es muy alta: de acuerdo con el CAI, existen unos 30 mil estudiantes con 26 o más materias aprobadas que nunca llegaron a recibirse. La principal razón para esto tiene que ver con la demanda laboral: las empresas emplean a los estudiantes antes de recibirse. Un ingeniero hoy en día comienza su derrotero laboral con un salario inicial promedio muy por encima del que obtienen en promedio otras profesiones.

Entonces, ¿qué es lo que falla? Para empezar, la ausencia de planificación estratégica. En el año 2012 se lanzó un Plan de Formación de Ingenieros, que es más un parche que un proyecto integral y deliberado, y que hasta ahora ha tenido escaso impacto. La meta del programa es llegar a los 10 mil ingenieros graduados por año, pero se arrastran problemas que vienen de hace más de una década. En el país hay un ingeniero cada 5 mil habitantes. El problema de la escasa matriculación en carreras de ciencia aplicada no es solo un problema argentino, pero muchos de los condimentos locales terminan por hacerlo todavía más difícil de resolver. Sin ir más lejos, hay muchas carencias y déficits de competencia en las escuelas primarias y secundarias. Los resultados en los exámenes son pobrísimos.

Falta infraestructura para proporcionar una enseñanza acorde. Los alumnos dicen que las ciencias son aburridas y los maestros que los chicos no les prestan atención. Esto tiene que cambiar.

Taiwán. El caso de Taiwán nos puede servir para demostrar cómo la determinación de los líderes gubernamentales puede ayudar a revertir la pérdida de capital humano en rubros estratégicos.

En la década del 60, muchos ingenieros taiwaneses se exiliaron en los Estados Unidos en búsqueda de empleo y de nuevos estudios. Por esa misma época, el gobierno local reconoció la necesidad del país de estimular el emprendedurismo.

Como primer paso se empezó a enviar delegaciones a Silicon Valley, meca tecnológica de la nación norteamericana, para investigar qué era lo que ocurría en esas tierras, qué estimulaba a sus emprendedores a florecer y multiplicarse.  

En los 70, muchos de esos ingenieros exiliados ya eran grandes ejecutivos del área de tecnología. La comunidad taiwanesa en los Estados Unidos comenzó así a crear asociaciones con industrias de Taiwán y a ayudar al gobierno a desarrollar políticas para mejorar el emprendedurismo en el país asiático. Esto significó un gran paso.

En los 80, el premier Y.S. Sun creó el STAG (Science and Technology Advisory Group), que incluía a 15 prominentes taiwaneses expatriados y a algunos ejecutivos no taiwaneses, para que entre ellos se pusieran de acuerdo acerca de las estrategias que debía llevar adelante el gobierno para construir una infraestructura científica y educacional sólida, que permitiera actualizar e instruir a toda una nueva generación de ejecutivos del área tecnológica. En consecuencia, entre 1988 y 1998, unos 40 mil ingenieros taiwaneses regresaron al país para buscar y, sobre todo, crear nuevas oportunidades para aplicar conocimientos y generar productos innovadores. Muchos de ellos se convirtieron en ejecutivos senior, líderes de nuevos negocios, directores de institutos del gobierno para la investigación y la capacitación, emprendedores e inversores, y además abrieron el camino para que desde las universidades locales empezara a generarse un círculo virtuoso de retroalimentación con la sociedad: los jóvenes se acercaban a la ciencia aplicada, las universidades los formaban y luego las empresas los contrataban, estableciéndose así la fuerte columna de capital humano calificado que hoy descuella en la industria tecnológica de ese país.

La iniciativa del STAG fue sumamente exitosa. A ella se debe, en parte, que Taiwán sea considerada hoy un miembro esencial de los tigres del sudeste asiático, la región hiperdesarrollada que ha logrado un lugar de preeminencia en el escenario económico global.

Estrategia. Queda en evidencia, de este modo, un esquema de estrategia y acción que perfectamente podría tener su réplica en la Argentina.

El contacto con profesionales notables, la capacidad de pensar en términos de proyectos de largo aliento y la puesta en disposición del aparato estatal para que los verdaderos expertos puedan ponerse manos a la obra, son algunos de los mecanismos que deberían tenerse en cuenta para que nuestro país vuelva a desandar la vía del auténtico progreso.

*Autor de El poder de la educación, editorial Dunken (Fragmento).

 

Errores

◆ En Argentina por año en el país se gradúan unos 6.500 ingenieros.

◆Hay muchas carencias y déficits de competencia en las escuelas primarias y secundarias.

◆ Falta infraestructura para proporcionar una enseñanza acorde.

◆ Los alumnos dicen que las ciencias son aburridas y los maestros que los chicos no les prestan atención.

 

¿Por qué ingeniería?

Juan Pedro Irigoin*

El estudio de las ciencias (STEM, por sus siglas en inglés: Science, Technology, Engineering, Mathematics) brinda las mejores oportunidades para los profesionales del futuro. Es difícil imaginar los cambios que vendrán en nuestras vidas donde la ciencia, la tecnología, la ingeniería o la matemática no estén presentes.

Sin embargo, es un problema internacional la proyección deficitaria de profesionales con estas competencias. En el mundo, la enorme necesidad de desarrollar iniciativas específicas relacionadas con las ciencias genera un déficit de oferta para satisfacer la demanda. Y este déficit es creciente.

En Argentina necesitamos más que duplicar la cantidad de ingenieros que se gradúan por año (cerca de 7 mil, con Informática e Industrial que constituyen el 40 %). ¿Qué debemos hacer para que más adolescentes se acerquen al mundo científico?

Una idea que está avanzando en el mundo es la enseñanza por competencias. Aprender haciendo, con la práctica, focalizados en el producto a obtener más que en lo que necesito saber para construirlo. Si conseguí construirlo, es porque aprendí.

Otro concepto es la inclusión de la letra “A” en la sigla STEM (STEAM).  La “A” es de “arte”. El arte es inspiración e innovación. Pintar, esculpir, tocar música, jugar, escribir, dibujar, cantar. Debemos encontrar la forma de incorporar arte en nuestros sistemas de enseñanza de las ciencias.    

Despertemos el interés de los jóvenes a acercarse a las ciencias y así ser protagonistas del futuro que viene.
 

*Decano de la Facultad de Ingeniería y  Ciencias Exactas de UADE.


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