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UNIVERSIDADES / cuerpo academico
sábado 15 septiembre, 2018

Escasa presencia de docentes con dedicación exclusiva

Mientras aumentan los niveles de posgraduación y productividad científica, no se observa un crecimiento de cátedras con profesores full time. El problema de la especialización.

Eduardo Míguez

Alarma. La UBA presenta una descenso de porcentajes de docentes con dedicación exclusiva: pasó de 7,3% en 2013, a 1,5% en la actualidad. Foto: cedoc

Cualquier diagnóstico sobre el cuerpo docente en las universidades nacionales de la Argentina presentará rasgos comunes. Los niveles de posgraduación y la productividad científica promedio son bajos y hay muchos docentes con “dedicación simple” (una inserción laboral que en general se limita a ocho horas semanales). Es notable que hace ya mucho tiempo, por lo menos desde los años noventa, e incluso desde antes, estos rasgos no se consideran deseables.

Programas y políticas para estimular la posgraduación, la productividad académica y un aumento de las dedicaciones de tiempo completo, orientados al conjunto de las universidades nacionales o en cada una de ellas, no han faltado desde entonces, pero sus resultados han sido magros. Los niveles de posgraduación y, correlativamente, la producción de trabajos académicos han mejorado un poco, pero la proporción de dedicaciones full time apenas si ha variado en la mayoría de las universidades de gestión pública. Las evaluaciones institucionales siguen mostrando las mismas limitaciones y el escaso impacto que tienen los programas de mejora. (...)

Excepciones. Cuando se observa la evolución de los números en el tiempo para el conjunto del sistema, el fracaso de todo intento por mejorar la estructura general de la planta docente, en especial en lo que hace a las dedicaciones, es más evidente de lo que podría pensarse. Desde luego, esto no aplica a todas las universidades: por ejemplo, entre 2005 y 2013, la Universidad de Córdoba redujo un 5% su planta docente total, lo que significó una disminución de 10.700 a 10.200 personas, pero aumentó casi un 20% la cantidad de docentes con dedicación exclusiva. Con ello, pasó de tener apenas más de un 10% de profesores exclusivos a casi un 14%. Pero esta es una situación excepcional, puesto que entre 2004 y 2013 la totalidad del sistema pasó de tener un 13,3% de exclusivos a un 12,2%.

Así, Córdoba, que al igual que las otras grandes tenía una proporción de exclusivos inferior a la media del sistema (estaban en general por debajo del 10%), mostró números por arriba de la media, lo que para una universidad de esas características es un esfuerzo. De hecho, también La Plata y Rosario mejoraron levemente, aunque por debajo de la media del sistema, en tanto la Universidad de Buenos Aires (UBA) empeoró un poco su situación, al bajar en un 1,5% su proporción de exclusivos, que era de solo 7,3% en 2013.

No es este el lugar para analizar los procesos y las causas de estos cambios. Lo relevante es que, aunque el sistema ha definido como deseable que la mayoría de sus docentes se dediquen a la labor universitaria a tiempo completo, lo que les permitiría hacer investigación y mantenerse en la frontera del conocimiento (un modelo que predomina en la mayor parte de las universidades del mundo, por ejemplo, sin ir más lejos, en Brasil y Chile), no se ha logrado avanzar en lo más mínimo en ese sentido.

Pero vayamos a números más básicos. En las universidades públicas argentinas había en 2013 un poco más de 1.437.000 estudiantes y unos 150 mil docentes. La relación de número de estudiantes por cada docente es muy utilizada como indicador universitario; una relación en torno a 10 puede ser considerada muy buena, y la de nuestro sistema es un poco superior a 10,4. Pero, como mencionamos, la gran mayoría de esos docentes tienen baja dedicación, en tanto el parámetro internacional opera con docentes full time. Se puede hacer el ejercicio de “convertir” todos los cargos en exclusivos tomando como criterio la escala salarial por dedicación, aun sabiendo que cinco docentes con cargos simples constituyen una dotación de recursos humanos muy diferente a la que representa un docente exclusivo; seguramente pueden atender más alumnos, pero no pueden hacer investigación y mantenerse actualizados como un full time.

En todo caso, el número nos dirá cuántos cargos full time se podrían solventar con lo que hoy se gasta en salarios docentes en la universidad. El cálculo nos da unos 52.500 cargos, lo que equivale a unos 27 estudiantes por docente, una relación ya bastante pobre.

La Universidad de San Pablo tenía en 2014 unos 89 mil estudiantes, el 65% de grado y el resto de posgrado, y 5.865 docentes, de los cuales el 98,7% tiene título de doctor y el 76%, dedicación exclusiva. La relación es de unos 16,5 alumnos por docente exclusivo.

En cuanto a los doctorados, solo un 10% de los docentes en la Argentina ha alcanzado ese nivel de formación, aunque trepan a una cuarta parte de los exclusivos.

Cuerpo docente. La comparación, sin embargo, es engañosa, porque estamos considerando una categoría genérica de “docentes”, cuando en realidad ésta incluye dos categorías muy diferentes: profesores y auxiliares.

En la universidad argentina, casi un 60% de los cargos docentes, en 2013, tenía categoría de auxiliar –vale decir que se los considera colaboradores en el dictado de un curso, pero no docentes con capacidad de organizar sus asignaturas en forma independiente–. Más de un 15% de los profesores tiene doctorado, en tanto solo un 5% de los auxiliares lo tiene, lo que refleja la diferencia de funciones (además de cierta sobrecalificación de los auxiliares en algunas universidades). Desde luego, su labor es valiosa, pero debemos tener en cuenta que fuera de la Argentina este tipo de cargos casi no existe.

Si consideramos solo los profesores, constatamos que hay casi 24 alumnos por profesor, y si consideramos los exclusivos que podrían solventarse con los recursos que se destinan al cuerpo de profesores, más de 55 alumnos por profesor equivalente exclusivo. Si la actual masa salarial de las universidades públicas se destinara en su totalidad a cargos de profesores exclusivos, se estaría en el orden de los 33 alumnos por docente. Si se aspirara a una relación de veinte estudiantes por profesor, la masa salarial debería incrementarse en un 60%. Y eso, sin una recomposición salarial, ya que el salario medio de un profesor en la Argentina es muy inferior, por ejemplo, a su equivalente en Brasil o Chile.

Creo que la razón por la cual el sistema ve la estructura de su planta docente con preocupación resulta clara.

Romper el círculo vicioso. Si observamos lo que ha ocurrido en la Argentina, se hace evidente que subdesarrollo no es igual a pobreza. La pobreza consiste en carecer de lo necesario para llevar una vida acorde a las expectativas individuales y colectivas. El subdesarrollo es la incapacidad para generar las condiciones que permitan satisfacer esas necesidades. Un país puede ser pobre, y sin embargo poseer o adquirir las habilidades necesarias para progresar, y eventualmente dejar de serlo. No sería correcto llamar subdesarrollados a esos países. Es el caso de países ricos devastados por la guerra (como Alemania o Francia en 1945) o de países que, siendo pobres, encontraron el camino del crecimiento, como Japón a comienzos del siglo pasado.

Desde luego, Alemania y Francia contaban con los recursos humanos, la cultura y las experiencias pasadas de instituciones que propiciaban su desarrollo. Pero las experiencias de los países que se han ido sumando al progreso, y de los que avanzan hacia allí, muestra algo esencial: no es la falta de recursos lo que impide que una nación crezca y mejore su calidad de vida, sino su mal uso. Si se optimiza el aprovechamiento de los recursos disponibles, es posible superar las limitaciones de manera paulatina. No es fácil. Las naciones pobres tienden a hacer un uso inadecuado de sus recursos, y eso contribuye al círculo del subdesarrollo. Para progresar, por tanto, hace falta romper ese círculo vicioso y encontrar la forma de hacer el mejor uso posible de los medios de que se dispone.

*Autor de Crítica (y reivindicación) de la universidad pública, Siglo XXI editores (fragmento).


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