A la mañana siguiente de la presentación de sus vinos Don Juan Manuel, que repartió generosoentre gente muy diversa como Pancho Dotto y sus modelos, León Gieco, Ricardo Mollo, CarolinaPeleritti, Mariano Otero, el Zorrito Von Quintero, Ricardo Darín, Juan Carr, hasta el ministro deCultura macrista de un lado y Daniel Filmus del otro, Gustavo Santaolalla se levanta al mediodíajunto a su mujer, Alejandra, porque los espera su suegra, Egle Martin, para comer. El éxito en LosAngeles, los dos Oscar (por Babel y Secreto en la montaña), los 15 Grammy, el Globo de Oro, elCóndor de Plata, en una vitrina atestada de premios que adorna su estudio en Echo Park, no lograronhacerle perder, afirma, “un nivel de inocencia, un nivel de pureza, de peligro de lo que hagoy los riesgos que tomo en mi vida para seguir vivo y no convertirme en un bultosospechoso”.
— Para vos, que confesás que no leés ni escribís música, ¿dónde creés que reside tutalento?
— Algunos los tengo claros. Soy un buen comunicador, puedo articular bastante bien mispensamientos e ideas, lo otro es la pasión que pongo en las cosas en las que me involucro, y creoque eso que hago artísticamente afecta a la gente. Y el hecho de haberme destacado tuvo y tiene quever con esos méritos, porque yo en Estados Unidos no era una celebrity.






