Pide disculpas por el desorden, mientras acomoda los papeles del escritorio para la foto. Aunque hace ocho meses trabaja en el Ministerio de Salud de la Nación, hace pocos días ocupa el despacho principal del viejo edificio de la avenida 9 de Julio. Adolfo Rubinstein, 58 años, magíster de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard y fundador del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (Iecs), cuenta cuáles serán los tres ejes de su gestión al frente de la cartera sanitaria, tras la salida de Jorge Lemus.
—La fragmentación, la segmentación y la pluralidad del financiamiento son un tema preocupante en la Argentina y muy difícil de resolver. Tenemos un sector público cuya atención está descentralizada en 24 distritos y a su vez muchos distritos tienen municipalizada la atención. Hay 290 obras sociales nacionales, 24 provinciales y el PAMI. Y más de 200 empresas de medicina prepaga. Todo eso hace que el desafío de poder integrar y articular el sistema de salud sea inmenso. ¿Cómo lo vamos a hacer? El primer punto es trabajar en los cimientos. Estamos empezando a articular políticas con la Superintendencia de Servicios de Salud para fortalecer sistemas integrados de información que permitan, en principio, conocer cuál es la población, sus características, sus riesgos. Ese es el primer punto para empezar a trabajar en la integración.
—¿A principio de año hubo faltantes de drogas contra la tuberculosis, el VIH y la hepatitis C. ¿Está garantizado el suministro?
—Cuando asumí encontramos un valle importante en la provisión de algunos medicamentos que habían sido producto de que no se habían hecho las licitaciones que correspondan en 2015. Trabajamos denodadamente y hoy estamos con provisión adecuada de retrovirales y drogas contra la hepatitis. Estamos cubriendo la demanda y la necesidad de la población.
—Pero existe temor de que con la CUS haya una redución de prestaciones y entrega de medicamentos. ¿Están evaluando cambios?
—Ha habido construcciones confabuladoras que no sé qué origen tienen. La realidad es que la CUS significa ampliar la cobertura prestacional y proteger financieramente a la población más vulnerable. Lo que queremos empezar a hacer es generar políticas de consenso que permitan definir prioridades: cuáles son las enfermedades más serias, las que tienen mayor valor social para luego inyectar recursos.
—¿Sigue adelante el proyecto de crear una agencia de evaluación de tecnologías sanitarias?
—Sí, absolutamente. Como está enmarcada en la reforma laboral se interpreta que es para reducir la litigiosidad. Pero en realidad agencias de evaluación tienen todos los países más desarrollados del mundo. Hoy estamos frente a un problema muy serio, que es cómo asegurar la sustentabilidad de los sistemas de salud. El objetivo de la agencia es que ayude a tomar decisiones racionales sobre qué tecnologías hay que incorporar, en qué circunstancias y en qué grupos de pacientes y enfermedades.
—¿Qué medidas tiene pensadas para prevenir la obesidad infantil?
—Estamos enfrentando la peor epidemia moderna; en los últimos veinte años se han incrementado de forma dramática las cifras de obesidad. Hay muchas medidas que están avaladas por la evidencia científica. Una de ellas es poner los impuestos a las bebidas azucaras. Esto ha demostrado efectividad: en México se ha visto una fuerte reducción del consumo por el aumento del precio. Además, tenemos que trabajar en el etiquetado frontal de alimentos, la creación de entornos saludables y la restricción de la publicidad dirigida a los chicos.
La importancia de donar los órganos
Después de tres meses de permanecer internada a la espera de un trasplante de corazón, Justina Lo Cane falleció el último miércoles en la Fundación Favaloro. A través de las redes sociales, la familia de la menor había realizado una campaña para concientizar acerca de la donación de órganos.
Adolfo Rubinstein cuenta que se comunicó en varias oportunidades con el papá de Justina y que aún falta sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de la necesidad de donar los órganos.







