Cultura

Adiós a un escritor mordaz y genial

Falleció el autor de "Vivir afuera". Sus restos serán velados en la Biblioteca Nacional, en Las Heras y Agüero, a partir de las 15.

13-10-2026 | 18:35

El sábado por la tarde, a los 70 años, víctima de un problema pulmonar, producto de su afamadaadicción al cigarrillo, falleció el escritor, sociólogo y creativo publicitario Rodolfo EnriqueFogwill. En los últimos años había elegido firmar sus columnas publicadas en PERFIL y susesporádicas intervenciones periodísticas con un escueto “Fogwill” a secas, como sifuera un pseudónimo.

En las horas que sigan se multiplicarán los apelativos inevitables de genio, único, maestro, queno harán más que de pantalla a un hecho inapelable: ya no estará con nosotros los sábados firmandodesde estas páginas sus provocadores resúmenes políticos semanales, en los que la víctima habitualsolía ser la politiquería hipócrita y los negociados gubernamentales y editoriales. En su últimacolumna, publicada el 13 de agosto, prometía “chismes e infidencias” delmundillo editorial que nunca llegaremos a conocer por su boca.

Autor de una amplia obra que abarca la crónica periodística, la novela, el cuento y la poesía,se caracterizó en todos los géneros por la rigurosidad estética y el riesgo formal. Pero Fogwillcultivaba también una exquisita prosa hablada y sentía una pasión y una curiosidad poco equiparablecon cualquier contemporáneo por la lectura de sus jóvenes coterráneos. Si de algo podíavanagloriarse es de haber descubierto, divulgado y editado en su propio sello –Tierra Baldía,en los años 80– la obra de la mayoría de los escritores y poetas que posteriormente marcaríana sangre y fuego a toda una generación, desde Perlongher a César Aira, pasando por Leónidas yOsvaldo Lamborghini.

Autor de novelas como "Los Pichiciegos" (1983) o "Vivir afuera" (1998), y de libros de poemascomo "Partes del todo" (1990), sentía un atractivo especial, inconfundible e irreprimible por laprovocación: no existe alguien que lo haya conocido y no haya sufrido en carne propia alguno de susdislates verbales, que quienes lo conocían disfrutaban como un nuevo género oral, sin terminar detomarlo en serio.

Falleció un escritor de los que escasean, alguien que sabía disfrutar del placer estético y queponía a la belleza y a la perfección estilística por sobre todas las cosas, incluidos loscompromisos políticos, los códigos de convivencia y la buena educación. A partir de hoy todo va aser mucho, pero mucho más aburrido.

(*) columnista del Diario Perfil

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