| Boom del sur. El furor brasileño, seguido por la revista económica más respetada delmundo. |
¿Hay modelo económico kichnerista? Si lo hubiera, por lo menos no parece ser el mismo del dólaralto del “modelo industrialista” del comienzo. El precio del dólar volvió a nivelessimilares a los de la época del 1 a 1 con convertibilidad y –como informó PERFIL hace dosdomingos– nuevamente este verano podrá ser más barato el turismo en Miami que en Pinamar.
Sin embargo, tienen razón los técnicos sobre que la paridad cambiaria no debe medirse sólo enreferencia al dólar norteamericano, sino en relación con la canasta de monedas de los países conlos que más comerciamos y cada una de ellas en proporción a ese comercio, lo que se denomina tipode cambio real multilateral (TCRM).
El dólar que, descontada la inflación de la última década, volvió a valer el equivalente a 1peso de entonces, triangulado respecto al real de Brasil, ese mismo dólar costaría el equivalentede casi 2 pesos. O sea, en términos cotidianos, que también será más caro veranear en Florianópolisque en Miami.
En Brasil el alto precio de las commodities que exporta produjo una invasión de dólares quesobrevaloró su moneda a los niveles de los años 90, aunque por causas más sanas. Por ejemplo, hoyingresan dólares por inversión externa, antes lo hacían por deuda externa. En marzo del año pasado1 dólar costaba 2,40 reales; hoy, menos de 1,70. En la Argentina el dólar se mantiene en términosnominales en valores algo inferiores a los $ 4 pero el efecto es el mismo porque con 20% deinflación anual y un dólar estable, nuestra moneda también se valoriza.
Muy simplificadamente: en un año y medio, en Brasil el precio del dólar bajó el 30% mientras queen la Argentina el dólar vale lo mismo pero la inflación subió el 30%. Simbólicamente, el “1a 1” de la Argentina es ahora con el real.
La revaluación del real y el crecimiento de la economía de Brasil, nuestro principal socio,ayuda a la Argentina a que el crecimiento de la inflación no se espiralice por efecto de laretroalimentación que generarían las devaluaciones del peso que hubieran sido necesarias paramantener la competitividad de nuestro comercio exterior. Pero esa ventaja, como todas en la vida,puede costar muy cara si mañana en Brasil el dólar volviese a costar 2,40 reales, como hace un añoy medio, la que parece una cotización más “razonable” que la actual.
De hecho, en el ranking de monedas mundiales de Goldman Sachs, el real aparece como la monedamás sobrevaluada del planeta. Y el propio ministro de Economía brasileño, Guido Mantega, denuncióque el mundo sufre una “guerra cambiaria” y que este fenómeno representaba una amenazapara Brasil, porque la sobrevaluación que producía en su moneda le restaba competitividad.
Marcelo Zlotogwiazda tituló con agudeza su columna de la revista Veintitrés “Tudo bem,mientras Mantega mantenga”, jugando con el apellido del actual ministro de Economíabrasileño. Como se sabe, el 1º de enero habrá un nuevo gobierno en nuestro vecino, con el que,aunque fuera de continuidad, siempre podrá haber diferencias de tono o grado.
Para un país como Brasil, con una industria desarrollada, un enorme mercado interno, sede devarias multinacionales nativas, acreedor y no deudor externo, y que no sólo canceló su deuda con elFMI sino que “fondeó al Fondo” siendo uno de los países aportantes de capital, que eldólar pase de 1,70 real a 2,40, como en marzo del año pasado, no sería un terremoto. Pero para laArgentina podría tener consecuencias más importantes. La experiencia nos ha enseñado que cuandoBrasil estornuda, Argentina se resfría. Ya la convertibilidad del 1 a 1 con el dólar de la décadadel 90 tuvo su anuncio de defunción anticipada cuando Brasil devaluó el real en 1999.
Una megadevaluación como aquella del final de Fernando Henrique Cardoso no es posible. Brasil noes el mismo de fines de los 90: hoy es la octava economía del mundo, camino a estar entre lasprimeras cinco en las próximas décadas, y ser la China del hemisferio sur. Cuando Lula asumió, eldólar costaba 3,40 reales, el doble que hoy. Pero, por eso mismo, Brasil puede soportar lasconsecuencias de una sobrevaloración de la moneda, como las de una devaluación, sin grandesconsecuencias sobre su economía interna. La Argentina, no.
¿Cuál es el modelo económico K? ¿El modelo 2003/2006 o el 2008/2010? ¿Dólar alto e inflaciónbaja? ¿O dólar bajo e inflación alta? ¿Surfear la ola? ¿Aprovechar la coyuntura? Hay quienescomparan la política de derechos humanos de Kirchner con su ideología económica, porque en los 90era cavallista.






