A partir de una frase

En una crónica llamada La hora del consumo de orgullos, escribe Carlos Monsiváis: “Si algo le queda al nacionalismo es su condición pop.

A partir de una frase
23-08-2026 | 10:52

En una crónica llamada La hora del consumo de orgullos, escribe Carlos Monsiváis: “Si algo le quedaal nacionalismo es su condición pop. No popular, algo ya más bien anacrónico a fuerza desentimental, sino pop, con el acento en el perfil publicitario”. La frase es el comienzo deun artículo sobre Julio César Chávez –uno de los más grandes boxeadores mexicanos de todoslos tiempos– en el que Monsiváis se hace un festín describiendo el chauvinismo kitsch de unasociedad en busca de héroes. Pero a mí, que la leo con la leve impunidad que me da sacarla decontexto sin pagar ningún precio al rigor académico, me provoca una serie de nuevas asociaciones:ésa frase habla también de un cierto estado de la literatura argentina contemporánea, de algunostextos, de más de una novela, de varias discusiones en suplementos culturales o en blogs, de untipo de estado de situación. ¿Existe una literatura kirchnerista? No sólo la respuesta es no, sinoque la mera pregunta es ya una aberración discursiva. Sin embargo (ah, siempre hay un sinembargo…) concomitante al ciclo duhaldo-kirchnerista se abrió un espacio en el que una líneade la literatura argentina repensó o mejor dicho retomó la tradición populista, antiintelectual,supuestamente plebeya, pero ahora asumida en clave pop, en clave perfil publicitario, para decirloen términos de Monsiváis.

Digo “concomitante”, como podría haber escrito “sincrónico”: no unarelación de causa/efecto, sino la conformación compleja de una cierta episteme, de una ciertaescritura del presente. La literatura peronista –o mejor dicho, que toma al peronismo comoameno clima de época, como la apertura hacia temas obturados u olvidados del drama nacional, comohorizonte con quien dialogar– se ha vuelto pop en el peor de los momentos: cuando elperonismo de izquierda vuelve a demostrar que nunca existió algo con ese nombre, y cuando el popperdió su ambivalencia, su tensión interna, ganado irremediablemente por el habla pre-fascista dellenguaje mediático. En el pop existió siempre un conflicto irresuelto –que lo volvíainteresante– entre una dimensión crítica, contracultural, inasimilable, y una eficienteadaptación al mercado y al consumo (su encanto residía en que no se sabía dónde empezaba una facetay dónde terminaba la otra). Pero ésta es la época del ocaso del pop, de la evaporación de su carairónica y del absoluto triunfo de mainstream. Nada radical puede ya esperarse del pop; sólorevistas de rock para resentidos treintañeros ABC 1 auspiciados por Levis, o futuros becados aEuropa por alguna fundación socialdemócrata.

Se escucha, por supuesto, tópicos ya conocidos: de un lado, la ciudad letrada, la tradiciónliberal, las señoras gordas, la herencia de Sur; y del otro, la escritura que proviene, sinmediación alguna, de la vida, el barrio, el aguante, el arrabal, los cuerpos indómitos, el deseoirredento. Pero hay en este binarismo una pequeña trampita, un nombre no nombrado: menemismo. Elmenemismo también es el peronismo. Y sobre todo, es el que convirtió el viejo populismo enpopulismo de mercado. Y esa categoría –esa escritura– no ha sido puesta en cuestión porla literatura populista de estos últimos años. Al contrario: nada se constata más que esa línea decontinuidad, que ese modus operandi. Como en los 90, el mercado sigue siendo el horizonteinsuperable de la literatura populista.

Resta el tema de la ciudad letrada. Pues sí: la literatura tiene que ver con la lectura, con lasbibliotecas privadas y con la erudición disimulada. No me avergüenzo ni me arrepiento de pertenecera esa tradición. El populismo narrativo es a la literatura lo que el clientelismo al campo popular.Ninguna ciudad letrada se derribará en su nombre. Es sólo repolitizando la sintaxis de la ciudadletrada, poniéndola en crisis desde adentro, cargándola de contenido crítico, que se puede poner enjaque al otro tipo de mainstream, el más poderoso, el mainstream liberal.

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