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A un año del Big Bang

Momento bisagra: estamos a un año de aquel triunfo de Vidal y a la vez falta un año para las elecciones de octubre de 2017.

23-10-2016 | 00:56




Massa dice que le gustaría dormirse y despertar en 2019. Las elecciones 2017 son un problema para todos








La extinción del kirchnerismo o su licuación en el peronismo tendrá consecuencias muy distintas para el futuro del sistema político que su persistencia como una primera minoría dentro del peronismo, pudiendo hasta dividirlo.

También, que Cambiemos gane las elecciones de 2017 y Macri sea reelecto en 2019 o no tendrá consecuencia sobre la posible licuación o no del radicalismo dentro de Cambiemos. O eventuales internas entre los “accionistas” y fundadores originarios del PRO hace diez años: Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Marcos Peña y Gabriela Michetti, versus los que se sumaron después, hace cinco años, como los “peronistas” Emilio Monzó y Rogelio Frigerio.

Las viejas categorías de derecha e izquierda, como las de peronismo y antiperonismo, tienen relevancia cultural y son constructoras de las subjetividades y prejuicios de los políticos que permitirán ordenar el sistema político.

Por ejemplo Stolbizer, al contrario de Carrió y quizá también porque Carrió se acercó primero a Macri, a pesar del pasado kirchnerista de Massa y las críticas que siguió haciéndole hasta hace dos años, se siente más cómoda yendo a legitimar a Massa que a Macri. Otro ex funcionario muy importante del kirchnerismo, Martín Lousteau, eligió que fuera el radicalismo el que lo limpiara de kirchnerismo para, desde la UCR, integrar Cambiemos, mientras que quizá le hubiera sido más difícil ingresar directamente al PRO. Si el propio PRO tuviera internas con una corriente más “nacionalista”, varios peronistas a quienes aún les cuesta pegar el salto y engrosan hoy las filas del Frente Renovador podrían integrarse al PRO.

En cuanto al vector derecha-izquierda, queda también por ver si el Big Bang de hace un año marcó el punto de inflexión generacional con el siglo XX que desanude la ligazón entre
dictaduras militares y derecha haciendo que, tanto en la Argentina como en Brasil, ya no sea vergonzante asumirse de centroderecha y la centroderecha tenga posibilidad de ser masiva además de triunfadora electoralmente de manera sostenida y no sólo como respuesta a una hecatombe.

Tanto la centroderecha como la centroizquierda pueden terminar siendo representadas por el PJ o Cambiemos

Paralelamente, la centroderecha tanto la podría representar Cambiemos como el peronismo, que tiene la mayoría de sus gobernadores con el estilo que antaño hubiera sido típico del conservadurismo popular. Y lo mismo vale para la centroizquierda: el progresismo de la UCR y Carrió puede hacer que Cambiemos sea la socialdemocracia, como que la influencia conceptual del kirchnerismo calara hondo en el peronismo haciendo que parte de él ocupe el lugar de la centroizquierda.

A un año del Big Bang donde Heidi imprevistamente le ganó “a la bestia”, y a un año de tener en las elecciones de medio término el punto que permitirá trazar la línea hacia el futuro, nadie sabe cómo se terminará acomodando el mapa político. Lo cierto es que estamos en ese punto de inflexión del interregno donde lo que está muriendo no pudo aún morir, ni tampoco nacer lo que vaya a hacerlo.
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