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Aborto y matrimonio homosexual

En las próximas semanas se presentarán en el Congreso de la Nación dos proyectos de ley. Uno relacionado con el casamiento gay y el otro con la despenalización del aborto. La importancia de ambas trasciende las posiciones personales que cada uno de nosotros puede tener respecto de la política general del Gobierno y de la oposición. La cultura de trincheras de esta falsa guerra nos impide pensar.

Aborto y matrimonio homosexual
24-08-2026 | 12:07

En las próximas semanas se presentarán en el Congreso de la Nación dos proyectos de ley. Unorelacionado con el casamiento gay y el otro con la despenalización del aborto. La importancia deambas trasciende las posiciones personales que cada uno de nosotros puede tener respecto de lapolítica general del Gobierno y de la oposición. La cultura de trincheras de esta falsa guerra nosimpide pensar.
Daré mi posición al respecto suponiendo que otros intentarán hacer lo mismo más allá debanderías partidarias. Al no ser miembro activo de los grupos militantes a favor de los derechos deciertas minorías –en este caso el feminismo y el movimiento por los derechos de loshomosexuales– no estoy al tanto de la extensa bibliografía y la historia puntual de estasluchas durante décadas. Para identificarme y dar parte de género hablaré como un heterosexual–lo que no quiere decir “macho”, machos somos todos los varones,independientemente de con quien nos acostemos– , casado, caucásico, hincha de Vélez, nacidoen Timisoara. Por lo visto mi identidad no tiene ninguna importancia y hablaré desde mi sentidocomún de ciudadano naturalizado argentino.
Creo que el casamiento gay es un tema relativamente menor. Llama la atención que almovimiento gay en su franja legalista no se le ocurra nada mejor que bregar por la libreta roja queha sufrido un prolongado desgaste histórico. Entre los straights o heterosexuales la libreta esadquirida por una minoría y las parejas se juntan de otras maneras no tan formales.
Lo que sí me parece fundamental es lo conciernente al tema de la adopción en el caso delmatrimonio gay. Nada peor para un niño o niña que la vida terrible de los orfelinatos. Ser buscado,deseado y recibido en una casa y educado con amor no tiene precio, es invalorable. Y si la parejaque adopta al chico está formada por dos mujeres o dos varones, es lo mismo que si lo hubiera hechoun matrimonio heterosexual. Por supuesto que el sistema de identificaciones, los juegos especularesdel imaginario psíquico, y todas esas cosas que nutren consultorios y divanes varían de acuerdo ala organización familiar. Las derivaciones edípicas son infinitas, pero nada tienen que ver ni conla felicidad, ni con la salud, ni con el equilibrio emocional. De una pareja gay que se quiere yama a su hijo, lo que crece es de buena madera, luego la vida dirá lo suyo.

Por eso, llámese unión civil o casamiento, lo que verdaderamente importa es el derecho a laadopción, y ésa debería ser la ley que el Congreso dicte en un mundo en el que el tráfico de niños,el de sus órganos, el maltrato institucional y el abandono en la miseria es una de las lacras másabominables del presente.
Los homosexuales pueden construir una familia feliz, tanto o tan poco como cualquiera.
En lo que se refiere al tema del aborto, una cosa es estar “a favor” del aborto yotra bregar por la despenalización del aborto. No es lo mismo. No se me ocurre, salvo en casos deperversión, que nadie salga a la calle para propagar supuestos placeres de una mutilación. Lo quesí es importante es que todas las mujeres que tienen un embarazo no deseado, reciban las atencionesmédicas y los cuidados sanitarios de todos los hospitales para poder abortar.
Tiene que existir un marco institucional y legal para que sea posible tratarse con higiene ycuidado, para no caer en la clandestinidad, la infección y la muerte, que sólo benefician a uncomercio siniestro que permite distribuir ganancias a matasanos y miembros agraciados de lacorporación médica, amén de pastores inescrupulosos de iglesias poderosas.
La atención hospitalaria, la contención psicológica mediante profesionales, y la educaciónpopular respecto de la prevención y el uso de los anticonceptivos, son partes indisolubles de unmismo dispositivo y deben ser incluídos en la ley.
El problema del aborto no es sólo individual, ya que ha sido analizado tradicionalmente comouna de las facetas de las políticas poblacionales. La natalidad es un tema de las políticasdemográficas, que en casos de envejecimiento del promedio de edad de una población es estimulada, yla reproducción premiada con dinero y comodidades. Se dan casos en los que el aborto es penado conel sólo objeto de favorecer el crecimiento vegetativo de una nación. Entonces, las mujeres abortanen otro país o en el secreto de consultorios clandestinos. El problema general, no cambia.
El casamiento homosexual es un síntoma más de la relocalización de las familias y de loscambios culturales respecto de la sexualidad. Una familia normal de 1950 es un exotismo en nuestrosdías. Un homosexual en la Argentina hoy no debe padecer la discriminación y las persecuciones deotras épocas. Por suerte la tradicional caza de brujas y la cruzada moral que caracterizó etapassombrías de la historia de nuestro país está en declive. Por eso es importante votar ambas leyes.
No ha de ser un trámite fácil. En la barahúnda de leyes que se presentan y el desbordemediático que provoca cada una de ellas, esta ley, en especial la del aborto, tendrá una intensidaddiferente a la del cheque o a la de los DNU.
La ley por la despenalización del aborto se asocia a imágenes de horror. Muchos la tratancomo un crimen ya sea contra un bebé indefenso o contra la vida en general. Las reacciones queproduce son violentas. Para los nuevos templarios es el Dios del monoteísmo el que es ultrajado. Nomuy lejos, aunque de un modo algo más pacífico, la ley del casamiento gay genera reacciones de untipo de fundamentalistas que pretenden demostrar de acuerdo a Santo Tomás que la ley natural ydivina condena la homosexualidad. Los debates respecto a la cuestión son kilométricos. No debesorprendernos que esto ocurra cuando se ponen en tela de juicio identidades custodiadas porfantasmas paranoicos y delirantes. El problema con los locos –me refiero a los que estánsueltos– es que siempre tienen razón.
Una vez el historiador John Boswell, autor de libros sobre historia de la homosexualidad, ysobre el abandono de niños, respondió ante un periodista que le preguntaba si la legalización delmatrimonio gay no favorecería la difusión de tal “desviación” sexual: “yo nosería tan optimista”, dijo.
Nos podemos preguntar si la promulgación de estas leyes refleja el sentimiento de la mayoríadel pueblo argentino. Creo que no. Estimo que estos temas para la mayoría son “raros”,más aún si se los presenta en la disyuntiva de estar o no de acuerdo con el aborto. Pero si sepregunta si estamos de acuerdo que una mujer embarazada, sin recursos, ni deseos de tener hijos,debe recibir atención médica y hospitalaria para abortar o debe hacerlo con medios artesanales conpeligro de muerte en su casa o en otro domicilio clandestino, quizás la respuesta sea distinta,porque la pregunta fue más real y concreta.
Nada hay en nuestra cultura educativa histórica que incline los platillos de la balanza porel individualismo liberal de los países protestantes. Simplemente, la denostada globalización hapenetrado las mallas de nuestra censura vernácula y pudo aflojar las tuercas de la represión.

*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).

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