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Acerca del divino botón

¿Cómo se puede hablar todo el día y no decir nada? El conflicto de la empresa Kraft, ex Terrabusi, demuestra que el debate sobre los medios de comunicación está mal encarado. No se trata de su cantidad sino de su calidad.

Acerca del divino botón
23-08-2026 | 15:46

Cómo se puede hablar todo el día y no decir nada? El conflicto de la empresa Kraft, exTerrabusi, demuestra que el debate sobre los medios de comunicación está mal encarado. No se tratade su cantidad sino de su calidad.

La versión de que el problema en la planta fabril se inició en el mes de julio con la gripe Acuando la comisión interna pidió medidas precautorias a la empresa para proteger a mujeresembarazadas y niños de la guardería de la peligrosa enfermedad es literatura fantástica.

Si fuera verdad, quienes desoyeron el pedido y no hicieron lo necesario para que ni el personalni sus hijos pusieran en riesgo sus vidas, son responsables de algo más que de una multa; están enel límite del homicidio. De ser así, nadie entiende que la comisión interna no acudiera deinmediato al Ministerio de Salud y a su entonces ministra Ocaña, para denunciar que mientras en lafunción pública se daba asueto a las embarazadas, en una empresa privada multinacional se jugaracon la salud y la vida de sus empleados.

Ninguna otra versión circula. Nadie entiende por otra parte que una empresa pueda estar ocupadamás de un mes por secciones de su personal sin que ninguna autoridad pública intervenga pararesguardar bienes o para evitar situaciones fuera de control.

La interna gremial y sus avatares constituyen una variable a tener en cuenta sin que se sepa aciencia cierta en qué momento se estaba de esta puja sindical cuando se desencadena el conflicto.Nadie sabe qué estrategia lleva a cabo el gobierno de la provincia de Buenos Aires y el de laNación para que se tense la soga y se rompa ante la ausencia de la ley y de sus responsables.

Y lo que menos se entiende es que los medios de comunicación gráficos, radiales y televisivosestén con sus cronistas, noteros, movileros, columnistas y comunicadores, durante las veinticuatrohoras del día al frente de la noticia, y no tengan la menor idea –o no quieran tenerla–para informarnos a nosotros de lo que se trata.

Será porque no lo saben o porque no quieren tener problemas, ni con la corporaciónmultigalletita, ni con el Gobierno, ni con la CGT, ni con las organizaciones sociales, ni con Diosy menos con el Diablo.

La Ley de Radiodifusión es una de las mayores mentiras que ha inventado nuestra clase política.Afirmar que hasta ahora hemos sido manipulados por un monopolio da risa. Quien escucha radio cadadía, ve tele y lee diarios sabe que en este circo mediático no falta ningún entretenimiento. En laAM entre la 530 y la 590 del dial, ahí nomás entre la izquierda de las viejas radios y un poquitoal centro, podemos deleitarnos cada mañana con la pintoresca Radio Colonia, la Radio de las Madres,escucharlo a Luis D’Elía en Cooperativa y desayunarnos con Magdalena, y todo esto sin haberllegado aún a la 630 de Radio Rivadavia ni a las delicadezas de Nelson Castro, el fascismo deEduardo Feinmann, los retos de López Foresi, el terror de no ser progresista de Tenembaum y lasmaldiciones de Chiche.

Otra obviedad es hablar de la tele y de los cientos de horas de noticia, gracias a los que yaestamos emparentados con Solá, Morales, Cristina, Lilita y todos los que comparten nuestra mesa ocama según comamos o durmamos con estos nuevos familiares en la pantalla.

Por supuesto que Clarín domina en la gráfica, pero lo hace por los deportes y las historietas yno por adoctrinamiento político. Lo que los gobiernos siempre se disputaron fueron los titulares dela primera página.

Desde que este “gran diario argentino” colaboró con la democracia al romper el pactoque tenía con el poder político, y tuvo que llevar micrófonos, fotógrafos y cámaras, para dar voz eimagen a cientos de miles que estaban en la calle y en la ruta, todo el mundo salta en contra del“monopolio”. Esta farsa muestra la decadencia de una cultura que estafa con abundancia.Una vez más se iguala venganza con justicia.

Los medios deben estar concentrados; si se los fragmenta en cooperativas, pueblos originarios,oenegés, no sólo no se multiplican las voces, sino que no las escuchará nadie y estarán a merced debarones políticos, extorsionadores económicos y burócratas oficiales.

Grupo Fontevecchia, Grupo De Narváez, Vila-Manzano, Clarín, Página/12, Grupo Saguier, GrupoHaddad, Capital Intelectual, Grupo Prisa, Telefónica, Sergio Szpolski; todos estos grupos compitenentre sí, son poderosos y aseguran que ningún poder arrase al débil con facilidad. Y sí, deacuerdo, al lado de ellos, bienvenidas sean cientos de FM, todo tipo de emisoras, miles de páginasde Internet, para todos aquellos que deseamos zafar aunque fuere por algunos minutos del showbusiness de la noticia y del famoso caño tan mimado.

Un medio de comunicación comercial es una institución democrática. Depende de avisadores que noson otros que corporaciones importantes, pymes, comercios y fuerzas vivas de la actividadeconómica. Depende del rating de un público para que sus avisadores estén satisfechos, y debenofrecer programas para que consumidores potenciales y clientes apuesten al medio. La democracia noes sólo escudarse en la palabras como pueblos originarios, espacio público y cultura nacional.

Limitar esta concentración para que el sistema oligopólico no se condense en una mano grandeestá bien, siempre y cuando no se rompa el sistema en nombre de esta falsa entelequia que nos hablade un pueblo ansioso de expresarse y homenajear su tradición nacional y que hoy no puedehacerlo.

No sólo es una posición falsa sino una victimización demagógica que siempre llora porque nohonramos lo suficiente a nuestra historia y sus héroes, porque pasamos demasiada música extranjera,mucho enlatado yanqui, y que no gozamos del arte de nuestros valores, etc., etc., etc.

Este gobierno ha inventado algo genial: el sentimiento militante. Gente de aquella juventudmaravillosa puede tranquilamente ignorar su panza, su calvicie, sus flojedades varias, tomarpartido sin moverse de sus sillones y no hacer nada más que revivir viejas emociones. Les basta conodiar a Clarín, aborrecer a la oligarquía del campo, volver a condenar a los genocidas, eso y muchomás sin otro compromiso que “sentirlo” y decirlo en el café, en la Biblioteca Nacionalo en los ascensores.

Tantos años de quietud politiquera nos han hecho añorar aquellos buenos tiempos en que todavíateníamos vigor. Sin duda, para muchos, los mejores años son aquellos, y la única experiencia quelos dignifica es la de su mocedad. No tienen otro gran relato para sus vidas.

Y gracias a este nuevo ambiente creado por este gobierno tan militante, hay un sentimiento quepodemos compartir, sin pensar, con el corazón, las canas y el grito, por qué no.

No se trata de cantidad, hay una sobreabundancia de medios, podrán redistribuirlos para que nofalten en algunas zonas, ya que sobran en otras, pero no hay ley que valga para mejorar la calidadde la información. Lo de Kraft y hasta la misma Ley de lo Medios son un ejemplo.

*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).

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