Adolescencia

Adolescencia
24-08-2026 | 17:19

Cuadra perfectamente que las tomas de escuelas hayan gozado de un precoz y absurdo auspiciopresidencial. Es un camino que ya no se desandará, aunque luego el Gobierno haya retrocedido enchancletas.

Como quien anda cazando oportunidades con la fruición de los conversos, desde el poder delEstado se ha operado nuevamente en el marco de un eje de coordenadas que inexorablemente presagia yefectiviza posicionamientos tan desatinados.

En un sentido, es como si desde la maquinaria de la conducción oficial se trabajara con un GPSrudimentario, pero implacable. No es un mecanismo de ahora. Se aplica con rigor desde 2003. ¿No sezambulló literalmente Néstor Kirchner en la Plaza de Mayo aquel 25 de mayo inaugural y salió mediomagullado, pero feliz del baño de pueblo? El navegador oficial marca blancos y por ellos vanquienes mandan, sin reflexionar demasiado.

En el caso de las escuelas tomadas, la Presidenta se amuchó junto a lo que ella y su gobiernodefinen como causas justas. Definitivamente volcado a la captura de las simpatías y los votos de lagente más joven, el aparato gubernamental se maquilla y asume como favorables las“transgresiones”. Taxativamente dispuesta a renunciar a todo rol didáctico republicano,Cristina Kirchner se muestra resuelta a convalidar acciones de sospechosa o ninguna legalidad, sital posicionamiento paga buen rédito.

Para quienes han tomado escuelas en protesta por el estado de las instalaciones, el gestopresidencial fue inicialmente maternal y abrigador, pero ignoraban estos fervorosos militantesadolescentes que el auspicio oficial no podía sino ahogarlos y esterilizarlos.

Es que donde está el ruido y la contestación, ahí se paran quienes gobiernan. No se espere deellos una propuesta verdaderamente paternal ni madurez reflexiva. Como padres culposos yabsurdamente disfrazados de jóvenes, “bancan” el desorden y el fervor militante. Seasocian como lo que son, padres en deuda con su propia juventud, que han descubierto que el dilemajuvenil hoy es o ser como Ricardo Fort o tomar escuelas. Creen que eso es compromiso político.

Podría haber convocado el Gobierno a unas jornadas de apoyo a la puesta en valor de lasescuelas, aunque sea por respeto a centenares de colegios de todo al país, al lado de los cualeslos de la Capital Federal son un lujo de país rico. Pero no. Estructuralmente oportunistas ydemagógicos, sólo apoyan la medida y ni sueñan con convocar a trabajar, estudiar y esforzarse.

Acentúan y aceleran la minoridad civil de los jóvenes, colocando a los alumnos que han tomadoeste camino (y que en verdad son una minoría) en la condición de héroes del activismo.

El matrimonio presidencial, con su exorbitante estrategia de capturar jóvenes a como dé lugar,hace un cálculo prototípico de su pragmatismo consuetudinario, pero lo realiza con poco criterio ycon su inmediatismo proverbial. ¿Hay que ocupar todas las escuelas que están en estado deficitario?¿Aconsejarían a los chicos de José C. Paz o Rafael Calzada que se encierren en los establecimientoshasta lograr lo que reclaman?

Al apoyar, con su verborragia ya incurable, a los tomadores de escuelas, la Presidenta recorreel mismo derrotero que llevó a su marido a endosar durante años a los asambleístas de Gualeguaychú,a los que después se quiso sacar de encima, tras seducirlos y comprarlos.

Desde el actual poder del Estado, sólo se piensa en hoy, porque mañana no existe. ¿Las tomas deescuelas dañan a Macri? Inexorable: las apoyarán y después veremos. Cincuentones casi sexagenarios,los gobernantes de la Argentina han sido incapaces de enseñar, contener y estimular desde lamadurez creativa. Podrían haber pedido a los estudiantes que cuiden las instalaciones, que no lasensucien ni vandalicen. No lo hicieron.

Los inscriptos en Ciencias Sociales de la UBA, la Facultad que tiene como decano a SergioCaletti, profesor respetado y de credenciales progresistas, fueron los primeros en tomar lasinstalaciones de su sede, y los siguieron cursantes de otras tres facultades, en protesta por elmal estado de los edificios. Pero la propia facultad de Sociales ha sido convertida hace años enuna toldería impresentable, degradada por un propagandismo discursivo que tapona aulas y pasilloscon cartelería y quioscos de la militancia. ¿Por qué no cuidan y aman lo que tienen antes depedirle más juguetes a papá?

Razones sencillas abonan este punto de inflexión: no les importa mucho la infraestructura ni elmantenimiento de nada que sea público. Aun cuando es fehaciente que hay razones poderosas parareclamar por una sustancial mejora de las instalaciones docentes en todo el país, el eje central deestas movilizaciones tiene otro denominador común.

El reclamo no arranca de un profundo, sólido y persistente apetito de educación, conocimiento yexcelencia. Se inscribe, por el contrario, en la rústica ideología de apretar en la calle paraesmerilar rivales políticos o adversarios ideológicos.

En este contexto, sin siquiera refrenarse porque estaba escupiendo su propio plato, laPresidenta descerrajó: “Los chicos piden un plan de obra en serio, lo que no me parecemucho”. Hablaba para las cámaras del oficial Canal 7 y del programa paragubernamental CQC. Heaquí una viga central de la praxis oficial: quienes le hacen, o quieren hacerle, daño a misenemigos, son mis socios, sin pedir referencias. Pragmatismo pedestre, pero contundente. No hayprincipios, hay necesidades.

Cuando las facultades donde los grupos militantes más virulentos conducen al activismo sesumaron a las tomas, el Gobierno paladeó de nuevo su vieja debilidad. Volvió a tragarse losresultados de su propia imprudencia, obligado a confrontar el resultado de sus demasías.

Un eco lejano a estos despropósitos provino del ministro de Educación de la ciudad de BuenosAires, Esteban Bullrich, que –ingenuamente– juzgó sabio sentarse a negociar contomadores de escuelas y sus padres, tutores o encargados. Perfume de época: nadie osa decir o hacernada que sea “incorrecto”.

*En Twitter: @peliaschev

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