Según la opinión de 13 de los 14 jueces de la Corte Internacional de Justicia con sede en LaHaya, cuando Uruguay decidió autorizar la construcción de la pastera Botnia y de un puertoafiliado, incurrió en la violación de los deberes que le impone el Tratado celebrado con laArgentina vigente desde 1975, cuyo objeto es asegurar la calidad de las aguas de un río compartido.También transgredió preceptos básicos del derecho internacional ambiental, poniendo en riesgo elbienestar de las comunidades adyacentes. Estas violaciones se materializaron ignorando lossucesivos esfuerzos hechos por Argentina. Años atrás, alguien (cuyo nombre he olvidado) me dijo quehabía dejado todo para ir a vivir al paraíso que era Gualeguaychú; no he podido olvidar ni esaspalabras ni aquel rostro.
El 9 de octubre de 2003, el Ministerio de Vivienda del Uruguay autorizó a la empresa españolaENCE la construcción de una pastera –violando por primera vez el Estatuto del Río Uruguay, alno consultar previamente como debía a la Comisión Administradora del Río (CARU)–. Ese mismodía, el entonces presidente Jorge Batlle se reunió con su par argentino Néstor Kirchner. En talencuentro se comprometió a “no liberar la autorización del contrato”. Acaba de declararque si se hubiese hecho lo que determinó la Corte de la Haya no se habría construido la pastera. Noes un hombre que inspire confianza, pero ¿resulta reprochable haberle creído?
Cuando el 14 de febrero de 2005 Uruguay violó nuevamente el Estatuto, al autorizar larealización de la planta proyectada por la empresa Botnia, había acordado con anterioridad laconsecución de una iniciativa de tres escalones, que comenzaba con la provisión de información porla parte uruguaya, continuaba (si ésta era aceptada) con la supervisión argentina de laconstrucción de las plantas y finalizaba con un monitoreo conjunto del río. Este plan hubieraevitado lo que continuó, pero no pudo llevarse a cabo porque Uruguay incumplió la primera parte,con lo cual los siguientes pasos no pudieron materializarse. La actitud del país vecino fueenérgicamente reclamada en la Cumbre de Jefes de Estado Miembros del Mercosur (Puerto Iguazú, julio2004), en la Reunión de Cancilleres del grupo de Río (Brasil, agosto 2004) y en la CumbreIberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno (San José de Costa Rica, noviembre 2004).
Cuando el 5 de mayo de 2005 se reunieron nuevamente Tabaré Vázquez y Néstor Kirchner para crearel Grupo Técnico Bilateral de Alto Nivel, integrado por expertos gubernamentales y académicos,además de representantes del gobierno de Entre Ríos y de la Asamblea Ambiental Ciudadana deGualeguaychú, se verificó un nuevo incumplimiento por parte del país limítrofe al autorizarunilateralmente la construcción de un puerto para la planta de Botnia. Hacia fines de 2006 el grupoconcluyó sus tareas sin la información indispensable.
Agotadas tanto las instancias como los interlocutores, se decidió recurrir a la CorteInternacional de Justicia con el acompañamiento del Congreso de la Nación. Los arqueológicosdiputados que ahora piden rendición de cuentas por el resultado judicial deberían releer lasversiones taquigráficas de entonces.
La controversia con Uruguay es un episodio triste que el Gobierno argentino tratóconsistentemente de evitar. Esto vale para quienes afirmaban –sin explicar cómo– quehabía que dejar atrás el problema inmediatamente, “porque así lo exigía la calidad de larelación con nuestros vecinos”.
¿Por qué Uruguay, “país natural”, se negó a dar información básica sobre cuestionesque tienen que ver precisamente con el cuidado de la naturaleza? Mi respuesta personal es que no ladio porque no se puede dar lo que nunca se tuvo. Para fundamentar esta apreciación me baso entreotros motivos en lo expresado por el fiscal letrado en lo Civil de Tercer Turno domiciliado enMontevideo, doctor Enrique Viana, quien en una demanda contra el Estado uruguayo sostuvo que“…la demandada no evaluó, en forma y por sí misma, los múltiples impactos ambientalesque ocasionan estas industrias. En primer lugar, no lo hizo porque (...) carecía de losconocimientos científicos y empíricos para hacerlo”. A esto deben añadirse las condicionesextremas a que obligan a Uruguay el acuerdo de protección de inversiones extranjeras suscrito conFinlandia en 2002, el “humillante tratado”, según las palabras del diputado orientalRicardo Castromán. ¿Qué se estaría diciendo y escribiendo por estas costas si un decidido fiscalcompatriota se expresara en términos semejantes acerca del comportamiento de nuestro Gobierno?
Las ideas que el Gobierno argentino puso en práctica fueron las que técnicamente debíamaterializar. Todas las iniciativas –provinieran desde donde provinieren– que ayudarana superar este diferendo fueron bienvenidas. Hasta ahora, no se escucharon otras diferentes y másidóneas que las puestas en práctica.
Palabras más, palabras menos, ésta fue la posición argentina, dicha y escrita desde que seinició el conflicto. El pasado 20 de abril, la Corte Internacional de Justicia observó que elUruguay “incumplió” las normas procesales previstas en los artículos 7 a 12 delEstatuto, que imponían la obligación de realizar consultas previas a dar la autorización para quela planta se instalara y desestimó “todas las otras demandas presentadas” (entre lasque se incluía la que buscaba relocalizar la planta de pasta celulosa), al considerar que “nohay motivos subsistentes para ordenar el cese” de las operaciones.
La Argentina, lejos esta vez del estereotipo que se le suele asignar, prefirió en su relacióncon el país hermano eventualmente “ser embaucada” (como afirmó una esférica lumbreraaborigen) que embaucar; insistió en su razón y en su derecho de buena fe y profesionalmente. Elmundo progresa sobre la verdad, la justicia y la paz. Sin verdad no hay justicia y sin justicia nohay paz. Las instalaciones de Botnia siguen en pie y es natural que haya compatriotas que sientanque esto es un agravio. Lo dije muchas veces: nada tengo que decir ni aconsejar a la AsambleaAmbiental de la que tanto aprendí durante años. Apenas reflexiono en voz alta: ojalá que Uruguay yArgentina tengan a partir de ahora dosis crecientes de verdad, de justicia y de paz. “Estaráen quienes deban hacer prevalecer las razones por sobre las naturales pasiones, lograr que aquéllassean más sólidas, comunes y duraderas.”





