Alboroto en el gallinero

En los últimos días dos notas periodísticas sacudieron un poco el ambiente de la literatura argentina juvenil. No fue un terremoto importante pero el artículo de Patricio Pron en la revista española Etiqueta negra fue, por lo menos, una novedad.

Alboroto en el gallinero
22-08-2026 | 11:01

En los últimos días dos notas periodísticas sacudieron un poco el ambiente de la literaturaargentina juvenil. No fue un terremoto importante pero el artículo de Patricio Pron en la revistaespañola Etiqueta negra fue, por lo menos, una novedad. Allí, bajo el subtítulo Una girasupuestamente divertida con escritores argentinos que jamás volveré a hacer, el escritor rosarinoresidente en Europa destruye a los colegas que lo acompañaron en la presentación en Madrid yBarcelona de la antología La joven guardia. El tono de Pron es castizo, es decir altisonante yefectista, pero consigue ser lapidario. Su impresión sobre los otros autores (al menos sobre lostres varones, porque a la única mujer la describe como a una especie de autista) es que se trata deunos patanes cuyo único interés es abrirse camino para ganar la mayor cantidad de dinero posible,de provincianos ignorantes que pasan papelones públicos. “Las presentaciones habían sido ensus mejores momentos, apenas contradictorias e incomprensibles y, en los peores, simplementeescandalosas y habían dejado un tendal de opiniones negativas de sus asistentes en blogs y enprensa.” Una frase del artículo resume la indignación del cronista: “Alguien tendríaque haberles dicho que la literatura consiste en leer y en escribir libros. Pero nadie lo habíahecho y yo estaba demasiado ocupado tratando de averiguar dónde, en qué punto del camino, laliteratura argentina se había jodido para siempre.”

Digamos al pasar, que la transcripción de dichos privados de sus compañeros le ha valido a Pronla acusación de traidor y de espía. Por otra parte, sus conclusiones son tremebundas, pero no quedaclaro si se limitan a cuatro individuos o se extienden a una generación, a un oficio o a laArgentina toda. No hay duda de que Pron exagera. Vargas Llosa tenía razones para preguntarse cuándose jodió el Perú en Conversación en La catedral, pero no hay ninguna prueba de que la literaturaargentina se haya jodido más que el país en general. En ese sentido, la otra nota periodísticaviene a arrojar alguna luz sobre el tema. Apareció en Crítica el sábado 11, está firmada por IvánSchuliaquer, se titula De qué viven los escritores argentinos y la ilustra una foto del escritorFélix Bruzzone caracterizado como limpiador de piletas de natación (su trabajo alimentario). SegúnSchuliaquer, la cantidad de escritores argentinos que viven de la literatura no supera la decena.Y, como si esto fuera poco, los que lo hacen de la escritura en general (periodismo, traducciones,docencia) tienen enormes dificultades para llegar a fin de mes. Cotejando los dos artículos, surgeuna pregunta tan ingenua como sin respuesta evidente: ¿por qué hay gente tan ambiciosamaterialmente, tan interesada por el dinero en una ocupación que difícilmente llegue a satisfacernecesidades económicas modestas?

Para terminar de sembrar la confusión, me gustaría referirme a otro hecho reciente, esta vez lapublicación local de El camello, de Gerald Tywhitt-Wilson o Lord Berners (1883-1950) por parte dela La Bestia Equilátera. Esta nueva edtorial no se especializa en zoología sino, al menos hastaahora, en delicatessen británicas ya que han publicado también a Muriel Spark y a JulianMaclaren-Ross, además de una obra de Luis Chitarroni que se llama, apropiadamente, Mil tazas de té.Berners fue un señor noble y millonario consagrado al ocio y a la practica de la literatura, lapintura y la música, según nos explica el prólogo de Matías Serra Bradford. La edición de Elcamello, una miniatura inquietante, de discreta y alevosa perversidad, parece la contracara exactade ese mundo de escritores menesterosos y desesperados. ¿Es que hay una literatura de los pobres yotra de los ricos? Esa vieja pregunta vuelve a acecharnos.

También en Perfil