Dos amenazas impulsadas desde el “eje bolivariano” generan alarma en la región. Laprimera es una embestida coordinada que tiene por blanco a los medios de comunicación que disientencon la ideología y medidas prohijadas por los bolivarianos. Ella afecta la vigencia de una de laslibertades más importantes: la de opinión y expresión. La segunda amenaza se refiere a lasconsecuencias de las violaciones al principio de “no injerencia” en los asuntosinternos de otros Estados, que amenazan cada vez más a la paz y seguridad de la región. Lasituación de Colombia frente al apoyo de Venezuela y Ecuador a las FARC es el testimonio más claro,pero no el único: la sombra del eje se ve también en Honduras, Paraguay y Perú.
Hablemos de la primera amenaza. La libertad de prensa ha sido (y sigue siendo) lastimada enVenezuela. Pero hay ataques serios contra los medios también en Bolivia, Ecuador o Nicaragua.
Una matriz común flota y ha comenzado a contagiar a los “compañeros de ruta”,como parece demostrarlo la sanción del Decreto 943/2009 en nuestro país, que autoriza al SistemaNacional de Medios Públicos a instalar y operar un “Sistema de Televisión Satelital”cuyos contenidos serán presumiblemente digitados desde el Poder Ejecutivo. En paralelo aparece unaparentemente postergado proyecto de ley para regular la radiodifusión, realmente inédito, con elobjetivo de reducir a un tercio la participación del sector privado en el espectro radioeléctrico,reservando los otros dos tercios para el Estado y los “movimientos sociales” que lesean afines.
La presencia exagerada del Estado en los medios de comunicación tiene efectos nocivos: (i)distorsionar y manipular la información, según convenga al poder; (ii) perturbar la posibilidad deque votantes y consumidores puedan tomar sus decisiones libremente; (iii) cubrir con opacidad eladecuado funcionamiento de la democracia; y (iv) la posibilidad de desarticular el funcionamientode los mercados.
Un estudio reciente difundido por el Banco Mundial muestra que la propiedad pública de losmedios de comunicación masiva es mayor en los países pobres y en aquellos gobernados por regímenesautocráticos o en los que el Estado tiene una participación significativa en la propiedad de losmedios de producción.
Las conclusiones del estudio sugieren que no se puede ser benevolente cuando el Estado (nuncapor casualidad) restringe la libertad de expresión, de cualquier manera que lo haga. El objetivo delos Estados que procuran capturar a los medios suele apuntar primero a las radios, medio al querecurren aquellos que no tienen posibilidades de leer o dificultades en hacerlo. No sorprende que,en Bolivia, el financiamiento iraní esté concentrado en una red nacional de radios. Luego se apuntacontra las emisoras de televisión. Y finalmente se procura capturar a los medios escritos, a losque los autoritarios suelen considerar “menos peligrosos”.
El trabajo antes aludido mide la situación en 97 países, para concluir que el Estado controlael 29% de los diarios, el 60% de las televisoras y el 64% de las radios. La presencia del Estado enlos medios es significativa en Africa y en Medio Oriente. Con la sola excepción de Israel, todoslos países de Medio Oriente y dos tercios de los africanos tienen monopolios estatales en latelevisión.
En Europa, ninguno de los cinco principales diarios es estatal. En nuestra región lasituación de los medios tiene perfiles más bien europeos. Pero la embestida chavista empuja a unasituación parecida a la africana. Aun hoy, ninguna de las cinco principales estaciones detelevisión en Brasil, México, Perú o Estados Unidos es estatal.
La presencia fuerte del Estado en los medios caracteriza a los países autoritarios como Coreadel Norte, Bielorrusia, Myanmar o Turkmenistán.
Está en juego la libertad esencial del ser humano. La que le permite analizar, discernir yelegir. La que lo diferencia de los animales: la libertad de acceder a la información, teneropinión y la posibilidad de expresarla abiertamente.
*Ex embajador ante las Naciones Unidas.




