•CONSOLIDACION DE LA DEMOCRACIA

América latina y los equilibrios políticos

Las democracias latinoamericanas están funcionando. Superada la etapa de los gobiernos militares, la inmensa mayoría de los países del continente adoptó reglas democráticas y –con las desprolijidades e incidencias propias de los procesos políticos– está sosteniendo la estabilidad institucional.

América latina y los equilibrios políticos
24-08-2026 | 12:06

Las democracias latinoamericanas están funcionando. Superada la etapa de los gobiernosmilitares, la inmensa mayoría de los países del continente adoptó reglas democráticas y –conlas desprolijidades e incidencias propias de los procesos políticos– está sosteniendo laestabilidad institucional. En las últimas décadas las democracias se ampliaron en los hechos–no porque estuviesen necesariamente restringidas en la ley– y grandes masas depoblación, sobre todo de sectores pobres, pasaron a ejercer un peso político más proporcional a supeso demográfico. Eso conmovió la política en algunos países. Los electorados de las clases mediastambién están modificando sus formas de vinculación con los procesos políticos: viven en un mediocon sobreabundancia de información y a la vez con menos canales formales de participación enorganización políticas; los partidos declinan y los candidatos se comunican en mucha mayor medidaque antes por la televisión y poniendo en valor sus atributos de representación simbólica antes quelos de la representación partidaria.
Todo eso está produciendo cambios mayores. Hace unos pocos años, de esos procesos surgieronalgunos gobiernos de orientación “populista” y se extendió en todo el mundo lainterpretación de que América latina se volcaba al populismo. La interpretación no fue correcta;nada de eso sucedió. Lo que ocurría es que nuevas fuerzas política y nuevos líderes emergían deesas nuevas condiciones.

En el balance, la mayor parte de los países está definiendo nuevos equilibrios. A veces éstosmueven el péndulo un poco más a la “izquierda” o un poco más a la “derecha”–definidas en términos convencionales, anticuados–. En la mayoría de los países lapoblación identifica un campo político más “conservador” y otro más de“izquierda”, lo que depende a veces del origen político de sus dirigentes o partidos, aveces de las circunstancias particulares del momento, a veces también de alineamientosinternacionales que son ellos mismos producto de las circunstancias y no solamente de conviccioneso preferencias de larga data. Uribe en Colombia es “conservador” porque decideenfrentarse a una guerrilla mafiosa que actúa en nombre de la “izquierda”, y porqueEstados Unidos lo apoya en esa causa. En Brasil, el cardozismo y el candidato Serra han pasado aser la “derecha”, cuando son notorias sus raíces como intelectuales y militantes delpensamiento más bien de izquierda. Piñera, el candidato de la “derecha” chilena queacaba de ganar la presidencia, está siendo casi tan hostigado hoy –a pocas semanas de haberasumido– por muchos dirigentes de los partidos de derecha como por sus adversarios derrotadosde centroizquierda. También en Uruguay grupos militantes de izquierda se están enojando con elpresidente Mujica, cuyas credenciales de ex tupamaro se están diluyendo rápidamente en vista de susereno giro a posiciones moderadas y conciliatorias.

Dos procesos interesantes están teniendo lugar. El primero es que en muchos países se estáretomando el equilibrio electoral, propio de las democracias estables, donde se llega a laselecciones en paridad y el resultado se define por unos pocos votos marginales. El segundo es queen todas partes hay una tendencia a la aparición de dirigentes que no surgen de una carreraacumulativa construida pacientemente en la vida partidaria sino en su súbita irrupción en losmedios de prensa. En la reciente campaña de Chile se vio el fenómeno Henriquez-Ominami, ahora el deMoskus y Fajardo en Colombia, De Narváez en la Argentina fue algo parecido. Hasta cierto puntotambién lo es Clegg en Inglaterra. No son ni de “izquierda” ni de“derecha”, aunque los comentaristas estarán siempre tentados de persuadir a suspúblicos de ponerlos dentro de esas categorías. Tienen en común que canalizan el cansancio demuchos votantes con las clases políticas establecidas y con su estilo.
Los esquemas analíticos del pasado no son útiles para entender lo que pasa. Tampoco lo es lainsistencia en identificar “buenos” y “malos” en cada circunstancia, muypropia de las personas ideologizadas, que tienden a ver el mundo bajo prismas muy limitados paracaptar la diversidad de las cosas que ocurren.
Estos procesos que mueven las cosas a nuevos equilibrios están cambiando el mapa político delcontinente, de maneras y en direcciones que todavía no resultan muy claras. Pero, a todas luces, lademocracia se está consolidando.

*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella.

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