•colectivistas e individualistas, enfrentados por la gripe a

Anarquía sanitaria

El viernes pasó algo tan curioso como alarmante. En una punta de la Plaza de Mayo, los empleados de la Casa Rosada faltaron al trabajo en cumplimiento del “asueto sanitario” indicado por el Gobierno nacional para ampliar las prevenciones contra la gripe A.

Anarquía sanitaria
23-08-2026 | 02:33

El viernes pasó algo tan curioso como alarmante. En una punta de la Plaza de Mayo, los empleadosde la Casa Rosada faltaron al trabajo en cumplimiento del “asueto sanitario” indicadopor el Gobierno nacional para ampliar las prevenciones contra la gripe A. En el rincón opuesto, losempleados del Palacio Municipal, también potenciales víctimas y factores de contagio del mismovirus, cumplieron sus labores normalmente. El mismo cuadro esquizoide se reprodujo a gran escala deun lado y del otro de la General Paz, esa frontera que conecta más de lo que divide a los 14millones de bípedos que poblamos el Area Metropolitana, ya que Daniel Scioli se alineó,naturalmente, con Balcarce 50.

Hasta entonces, todas las medidas de emergencia habían sido consensuadas entre los ministros deSalud de la Capital, la Provincia y la Nación, incluida la extensión del receso escolar. Apenasunas cuantas intendencias del GBA y el interior del país habían decidido cortarse solas,rindiéndose ante la creciente paranoia y desconfiando de las indicaciones de arriba.

Habría que ser un sanitarista experto para darle la razón al ministro porteño, Jorge Lemus, o asus colegas Juan Manzur (nacional) y Claudio Zinn (bonaerense) sobre lo apropiado o no de bajar laspersianas de la administración pública. Pero sólo hace falta tener dos dedos de frente paraadvertir que desde el poder se le siguen enviando señales muy confusas a la población. En el mediode este verdadero disparate, la Presidenta de la Nación nos exigió a los periodistas que seamosresponsables en el manejo de la información, cuando ella misma (porque ella es la máxima autoridad,¿o no?) postergó la declaración de la emergencia sanitaria para no generar un mal climapreelectoral, se quedó sin una ministra (Graciela Ocaña) de quien podrá cuestionársele cualquiercosa menos su honestidad, y retó en público al reemplazante Manzur por difundir cifras decontagiados y de muertos que incomodan al desgastado poder.

Para Mauricio Macri, el impuesto fin de semana largo por parte de la administración central tuvomás razones sindicales que de salud pública. Fue una especie de San Perón profiláctico, originadoen un populismo colectivista que, de seguir así, “a mediano plazo generará costos sociales ymás recesión”. Dijo Lemus: “Mejor que las medidas colectivas, es elautoaislamiento”. Es decir, la decisión de cada individuo. Ahora bien: si las cosas no hanllegado al punto de parar el país y con la responsabilidad de cada uno alcanza, ¿por qué laDirección de Cementerios porteña ordenó cremar los cuerpos de los muertos por la gripe A y ningunaotra jurisdicción sugirió tal medida extrema?

Desde la vereda de enfrente, difundieron la idea de que “a Macri sólo le interesan lascuentas”, con lo cual volvieron a ubicarlo en el lugar que más cómodo le ha quedado sinnecesidad de mover un dedo: el de más claro exponente de la derecha y el capitalismo a ultranza. Osea, el de enemigo por excelencia del matrimonio Kirchner.

Habrá quienes estén dispuestos a darles la razón a unos o a otros. Antes de hacerlo, sinembargo, debería tenerse en cuenta que la campaña electoral terminó y que hay un solo virus y unsolo Tamiflu. Ninguno de los dos es de derecha ni de izquierda. Tampoco lo es en el mundo ningúnsistema sanitario serio. Tanto en Cuba como en los Estados Unidos, la salud es coordinada desde elEstado, hay lugar para las lógicas de mercado y nada es posible sin el proceder consciente de lapoblación. En el sur conservador estadounidense, los estudiantes de cualquier disciplina médicadeben hacer trabajos voluntarios una vez a la semana y la mayoría elige hacerlos en los hospitalespúblicos. En Cuba, los avances en oftalmología o traumatología dieron lugar a un muy rentableturismo sanitario.

Aquí no importan nada las necesidades políticas de Cristina ni las de Macri. Menos aún susideologías. Hay circunstancias en las que preocuparse por ser tan diferente se parece más almarketing que a la política. A la frivolidad que a la responsabilidad. Hay momentos en los que serel mejor depende de algo tan aburrido como ser igual. Y empecinarse en no serlo fomenta nada másque una enfermiza anarquía.


De qué diálogo estamos hablando

La oposición le exigió al oficialismo que lea bien el mensaje de las urnas, que baje un cambio yque convoque al diálogo. Y la Presidenta eligió el Día de la Independencia para mostrarse dispuestaa conversar con todos los sectores, sólo cuidándose de que el bienvenido gesto no fuerainterpretado como una claudicación. Desde más de un mes atrás, el Comité de Crisis armado paracontrolar la pandemia de gripe porcina había dado señales de que, sin importar las banderías ni lascandidaturas aún en disputa, era posible que gente de distintas filosofías e intereses políticos separara sobre ellos para poner el foco en el bien común. Lo llamativo es que los primerosdesencuentros se produjeron tras las elecciones, mientras de un lado se exigía diálogo a los gritosy del otro finalmente se lo prometía con novedosos susurros. Así, el combate contra el inquietantevirus se vio contaminado por presuntas diferencias ideológicas, en las cuales la salud públicaparecería no ocupar el primer renglón. Tienen razón los políticos: el periodismo debe informarbien. Pero qué difícil es hacerlo cuando los que saben se enroscan en las pequeñeces.

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