Andrés

Lo conocí en 1979. Hacía poco que él había lanzado su revista Humor, y pocos meses que yo había estado detenido en el centro clandestino El Olimpo. Me invitó a almorzar en un restaurante de la calle Suipacha y abrió la conversación criticando a Editorial Atlántida por su posición a favor de la dictadura. El desprecio por el militarismo de Atlántida (competidor de Perfil) le hizo mirar con algún interés al aprendiz que yo era por entonces.

Andrés
22-08-2026 | 23:55

Lo conocí en 1979. Hacía poco que él había lanzado su revista Humor, y pocos meses que yo habíaestado detenido en el centro clandestino El Olimpo. Me invitó a almorzar en un restaurante de lacalle Suipacha y abrió la conversación criticando a Editorial Atlántida por su posición a favor dela dictadura. El desprecio por el militarismo de Atlántida (competidor de Perfil) le hizo mirar conalgún interés al aprendiz que yo era por entonces. Con sólo 23 años, mi única experiencia era laincipiente revista La Semana, en aquellos tiempos modesta competencia de la revista Gente, mientrasque él, con sus 43 años, contaba con una exitosa carrera editorial, comenzando por haber sido elautor de las tapas y director de arte de la revista más exitosa de la década del 70, la míticaSatiricón, la cual antes de padecer la represión de la dictadura sufrió la de la Triple A deltristemente célebre ministro de Perón, López Rega.


Escuchar sus historias era para mí una clase magistral, porque cuando Andrés Cascioli, juntocon Oskar Blotta (director de Satiricón, quien directamente se tuvo que ir al exilio), libraba susbatallas con el gobierno peronista, yo recién estaba terminando el colegio secundario. Luego, losaños hicieron que la diferencia generacional desapareciera: Blotta, a quien conocí cuando regresóde su exilio, se convirtió en un cercano amigo y Cascioli hasta llegó a dirigir una revista enEditorial Perfil: El Cacerolazo, en el año 2002, y dos años antes su hijo, Mauro Cascioli, trabajópara Perfil haciendo una revista de historietas que fue un producto de culto: Cazador, último éxitoeditorial de una historieta argentina.


En los 80, después de la Guerra de Malvinas, su revista Humor se transformó en la publicaciónde mayor circulación de la Argentina y La Semana, también empujada por el sentimiento antimilitarpost Malvinas, alcanzó a Gente, pero fue clausurada y, meses después, el exilio me tocó a mí. Elregreso de la democracia volvió a hacer paralelos nuestros caminos: Andrés lanzó El Periodista yyo, El Observador, antepasado remoto del actual diario PERFIL. Ambas publicaciones eran sin fotos,en blanco y negro, orientadas a la política, en papel opaco y semanales. Ambas fracasaron. Laeditorial de Cascioli, Ediciones de la Urraca, sufrió ese golpe agravado por la hiperinflación delfinal de época de Alfonsín y nunca volvió a ser la misma. En los 90 padeció, igual que la revistaNoticias –la continuadora de La Semana–, el acoso judicial de Menem: él, sus familiaresy sus funcionarios iniciaban demandas de millones de pesos (Editorial Perfil acumuló 30 juicios). Yya no pudo recuperarse: Humor cerró en 1999.


Era paradójico que mientras gobernaba la dictadura, a quien más combatió, su editorial fuerafloreciente. Y en la democracia su resultado fuera inverso. Existe otro ejemplo similar en Brasil.En la etapa más dura de su propia dictadura, la revista de humor O Pasquim llegó a ser una de lasde más venta del país, para luego ir decayendo progresivamente en la medida en que el régimen seencaminaba a la democracia.
Cuando hay censura, el humor es el lenguaje más eficaz para escapar a los límites. PeroAndrés Cascioli fue mucho más allá del humor. La democracia tiene con este tano cabrón una deudaeterna. Yo también.

(Ver pág. 46 el funeral de Andrés Cascioli)

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