•EL NUEVO ROL DE BIANCHI COMO MANAGER DE BOCA

Ante una tarea histórica

No es poco para un solo verano: el fútbol argentino se sacó de encima a Eduardo López, presidente de facto de Newell’s por más de una década, y recuperó a Carlos Bianchi. Nuestro deporte más popular necesitaba que, al menos, uno de los tantos buenos exponentes que dan vueltas por otros cielos viniera al nuestro, aunque más no fuera como manager, cargo que Bianchi ocupa en Boca a partir del día de Reyes de 2009.

21-08-2026 | 16:54

No es poco para un solo verano: el fútbol argentino se sacó de encima a Eduardo López,presidente de facto de Newell’s por más de una década, y recuperó a Carlos Bianchi. Nuestrodeporte más popular necesitaba que, al menos, uno de los tantos buenos exponentes que dan vueltaspor otros cielos viniera al nuestro, aunque más no fuera como manager, cargo que Bianchi ocupa enBoca a partir del día de Reyes de 2009. Es una jugada maestra inteligente de un dirigente debajísimo perfil y gran capacidad, como el hoy presidente de Boca, Jorge Amor Ameal.
Conozco a Ameal desde hace casi veinticinco años. Lo sé honesto y trabajador, pero, antetodo, lo sé un tipo preparado para el cargo que desempeña. Es un activo militante de la política deBoca. Fue un acérrimo opositor a la gestión de Alegre y Heller, y llegó a la política interna através de la presidencia de Mauricio Macri, en cuya lista encontró su manera de servirle al club (yno de “servirse de él”) y de alcanzar posiciones que le permitieran tomar decisionesimportantes. Aun sabiendo que Pedro Pompilio (amigo y vecino de Amor Ameal) fue quien dio el primerpaso para esta vuelta de Bianchi a Brandsen y Del Valle Iberlucea, fue Amor Ameal quien tomó ladecisión final. Se presentó ante Bianchi y le dijo: “Yo no entiendo nada de fútbol, ocupatevos”. El Virrey se rio, pensando en todos los dirigentes de fútbol que “no entiendennada” y creen que sí lo hacen. Sonrió y aceptó; un poco en homenaje a la memoria de Pompilio,y otro tanto por semejante demostración de humildad del presidente xeneize.
Este punto, el de la humildad, es fundamental. Los alejamientos de Bianchi de Boca (sobretodo el último) fueron con conflictos internos. Sintió varias veces que –por ejemplo–Macri prefería Orlando Salvestrini –hombre del riñón de papá Franco, especialista en elbásquetbol del club, de relación tirante con Bianchi y varios futbolistas– a él. “Losque ganamos las copas y los campeonatos somos los jugadores y yo”, manifestó una vez enprivado, cuando su salida de Boca era irremediable. Pidió consenso en la Comisión Directiva y no loconsiguió. Encima, perdió la Copa Libertadores en esa fea final contra el Once Caldas. Bianchi yahabía decidido irse, la derrota sólo fue la excusa final. Algún dirigente sonrió pensando queBianchi iba a tener una medalla menos, pero en verdad, a Carlos no era lo que más le afectaba.Obviamente, la derrota le dolía, pero más lo laceraba la espantosa imagen de cada uno por su lado,de desunión, de que había tipos dueños de un egoísmo tal que preferían perder antes que verlo felizuna vez más al Virrey.
Ahora tampoco estaban todos de acuerdo con su llegada. El dirigente Juan Carlos Crespi, porejemplo, quería seguir en su cargo del Departamento de Fútbol Profesional. Pero a Carlos ya no leimportó; se preocupó más por aquella idea de Pompilio y Amor Ameal que por discrepanciascoyunturales. Además, sentará un precedente. La ya antigua “Comisión de FútbolProfesional”, esa por la cual los dirigentes se mataban por estar, pasará a ser un recuerdo.Esos lugares –si lo de Bianchi prospera– serán ocupados por hombres reales de fútbol:ex técnicos, ex jugadores y algunos dirigentes notables para un cargo sin muchos antecedentes en elpaís.
Bianchi hizo dejar claro en el contrato que, aunque Ischia renuncie, él no va a tomar elequipo, en una clara demostración de que sabe cómo es el hincha, que en cuanto al actual DT no levaya bien le pedirá que se haga cargo de la situación. El martes pasado, en la conferencia deprensa, se protegió de preguntas indecentes. Sobre todo, de los periodistas oficiales, que lo odiancon el alma. A diferencia de más de la mitad de sus colegas, Carlos Bianchi jamás les concedióprivilegios. Es más, siempre despreció ese discurso único que tanto daño le hizo al espectadormedio, ese nefasto mensaje triunfalista y adulador que transformó al simpatizante apasionado ydiscepoliano en un ser cholulo, ordinario, egoísta e intolerante. Y siempre los odió porque loúnico que valoraron de su trabajo fue la suerte. Que la tuvo, es cierto. Pero no hablar de lo queBianchi generó en jugadores como Riquelme (recordar que con Veira era carrilero por la izquierda) oSamuel (cuando llegó Bianchi, el titular era Fabbri) es mostrar una ignorancia suprema. Nuncaentendieron que Matellán, por ejemplo, jugó más de lo que podía por Bianchi y que escandaletesinternos como el que terminó con las carreras xeneizes de Marchant y Arce (dos pibes que él mismohabía promovido) no se convirtieron en comidilla de programas basura y no pudrieron el interior delgrupo porque Bianchi (e Ischia, es justo aclararlo) manejaron todo con mano maestra.
Un técnico no es el mejor sólo porque haya ganado un par de definiciones por penales. Bianchies el mejor de la historia de Boca porque todo lo que tuvo a su cargo lo potenció. Jugadores yequipos que parecían de 6 puntos, jugaron para 10. Hubo problemas internos que jamás conocieron laluz y los suplentes nunca hicieron un solo planteo.
Justamente eso que mencionamos a la pasada es lo que Jorge Amor Ameal, el presidente de Boca,vio en Carlos Bianchi. Convirtió todo lo que tuvo a su cargo en algo importante, definitivo,redituable. Desde este punto de vista, el Virrey tiene ahora una tarea aún más compleja: tiene quepotenciar al club todo. Ya no alcanza con que Riquelme juegue bien o con acertar en la marcacorrecta del mejor adversario. Ahora hay que hacer las cuentas, mirar a las inferiores, conversarcon el representante del juvenil que promete y que se cree Rojitas y que piensa que el DT es unburro por no ponerlo, bancarse las miradas torvas de los dirigentes que estaban en ese lugar yfueron desplazados…
La tarea que le espera es grande, fundamental e histórica. Tiene a su favor a un clubordenado, campeón y con jugadores y cuerpo técnico que lo quieren y lo respetan.
O sea, está todo como Bianchi empezó a ponerlo en el invierno de 1998...

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