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Antes del jet lag

Elijo por Internet un asiento del fondo, un 51 G que promete una fila vacía de cuatro para dormir en el vuelo. Todo parece indicar que dormiré.

22-08-2026 | 21:39

Elijo por Internet un asiento del fondo, un 51 G que promete una fila vacía de cuatro paradormir en el vuelo. Todo parece indicar que dormiré. Todo menos una mujer que a último momentoabandona su lugar, se sienta en la otra punta de mi fila vacía, y me impone repartirnos dosasientos para cada uno. ¿Qué hago yo con dos asientos? Yo no entro acostado en dos asientos. Y ellatampoco. ¿Por qué lo hizo? Ninguno podrá aprovechar el bobo espacio entre los dos. Decido nohablarle, fingirme húngaro. Tampoco dormiré sentado: ella viaja en grupo y se trae amigos a la fila51 para hablar sin parar de cualquier cosa. Y como ése es justamente mi tema, no puedo dejar deoír, enojadísimo. Uno de ellos estuvo en China y se compró una gorra bordada que decía:“Hablo español”. Así, en la Gran Muralla, todo el que hablara español se paraba parahablarle. El gordo se ufana de haber charlado con mil desconocidos. Todos celebran su ingenio. Otrosaca una guitarra. Turbinas mediante, el folclore a 30 mil pies me llega tan ambiguo como AnneHathaway miniaturizada por el monitor. No dormiré nunca más.

Entonces comienzan las turbulencias. Un altavoz explica algo de los temidos vientos alisios. ¿Ysi muero junto a ellos, junto a estos fantasmas charlatanes? Hace una semana, en este mismo punto,Air France perdía su avión. Pero ninguno de estos pasajeros parece notar el parecido. A veces sehabla –mucho– para callar. Rellenan en voz altísima una declaración de salud trilingüeque –en épocas de pandemia– incluye el itinerario de los últimos 14 días, que desfilanpor mi retina como si fuera el momento final. El papelete está tan mal diseñado que los médicos norastrearán jamás la información.

Justo debajo, en el mar, están los restos de 228 personas. Cierro los ojos.

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