Apellidarse Del Potro

Los nombres y apellidos que se portan no son banales. Influyen. Condicionan. Los nombres elegidos por novios o padres denuncian el deseo que los hijos deberán soportar.

23-08-2026 | 12:56

Los nombres y apellidos que se portan no son banales. Influyen. Condicionan. Los nombreselegidos por novios o padres denuncian el deseo que los hijos deberán soportar. Llamarse Dolores oSoledad no preanuncia lo mejor. Lo contrario de Victoria o Máximo. Aunque estos nombres puedenconllevar una exigencia desquiciante.
Cuando alguien acusa a Ernesto Sábato de ser invariablemente pesimista y sombrío, deberíarecordar que es el fantasma de un hermano muerto durante su embarazo y que se le impuso el nombredel fallecido. Tampoco es fácil portar el nombre del padre porque habitualmente terminarádenominado con un diminutivo o un sobrenombre (es mi caso), que pueden llegar a ser denigrantes,sosos o vulgares. Nada para enorgullecerse. Mucho menos seguir siendo Carlitos o Ubaldito aunque seesté en edad de jubilarse.
No son de envidiar aquellos que llevan apellidos de fácil rima obscena, que deberán soportarbromas pesadas a lo largo de todas sus vidas que dejarán huellas en su psiquis. Todos hemos tenidoalgún compañero de estudios que llevaba esa cruz y, confesémoslo, hemos remachado alguno de susclavos.
¿Es acaso casual que un reconocido pediatra se apellide Niño? ¿O que el doctor Uva quepublicaba avisos en los diarios fuese especialista en alcoholismo? ¿Cuál podía ser el apellido dequien fuera durante muchos años presidente del Automóvil Club sino Carman?
Vayamos a Del Potro. Que escuche “set del potro” o “buen drive delpotro” debe ser seguramente alentador, debe renovar sus energías, inyectarle ganas decorcovear, de derribar al jinete que lleva sobre su lomo y si es posible patearlo, vencer, serreconocido y aplaudido Lo hemos visto en los festivales gauchos que se transmiten por televisióndonde los potros más indómitos tienen nombre y fama, y no son pocas las veces que los corajudosdomadores pasan de la montura a la ambulancia. O a recibir una vulgar bandeja en silencio comoFederer.
No es lo mismo, convengamos, apellidarse Del Potro que Del Orto (que me perdonen los quellevan este apellido y tienen el coraje de estar en guía). Aunque una tragedia congénita einmodificable como ésta puede llevar a arrancar los mejores ímpetus del amor propio herido. Comofue el caso de unas amigas de mi abuela, las señoritas De Pis, a quienes recuerdo con la barbillaalta y sus movimientos enérgicos, en permanente lucha con la ironía ajena.
Debo confesar que no sé si esto lo escribí en serio o en broma. Usted decide.

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