•El periodismo que viene

Aprovechar la oportunidad

Estamos en medio de una transición. Las nuevas publicaciones de base periodística (¿podríamos llamar así a las que se proponen circular información que tiene relevancia social?) están en plena construcción en Internet.

23-08-2026 | 10:54

En la última columna me referí a distintos modelos con los que se intenta preservar –ymejorar– la calidad del periodismo en Estados Unidos. Hay una visión compartida de que estácayendo la calidad y la ambición del periodismo, y un temor, también compartido, de que esto afectela calidad de la democracia. Estas tribulaciones de los diarios de papel –producto, en parte,de la caída mundial de la circulación y de la publicidad– no serían un problema político siesos medios no tuvieran aún una gran influencia sobre las élites y sectores amplios de lapoblación. Tampoco lo serían, claro, si ya estuvieran instaladas en Internet alternativas ocomplementos eficaces de esos diarios o –para decirlo con más precisión– de esa manerade hacer periodismo.

A esta coyuntura me quiero referir hoy.

Estamos en medio de una transición. Las nuevas publicaciones de base periodística (¿podríamosllamar así a las que se proponen circular información que tiene relevancia social?) están en plenaconstrucción en Internet: están buscando sistemas de producción, modos de participación de sususuarios, de legitimar su trabajo y construir confianza, y de sostenerse.

Algunas de esas publicaciones se reivindican como periodísticas –practicantes del“periodismo ciudadano”, por ejemplo– y otras se ubican en un territorio híbrido:blogs de noticias, agregadores de noticias, unión de sites periodísticos con redes sociales, blogsde noticias con una afiliación política, etc.

Algunas se instalan exclusivamente en Internet y también está Politico.com, quizá un modelosolitario, en Washington, que tiene una versión de papel y la distribuye gratis.

Hay varios modelos de sustentación: muchos buscan ganancias por publicidad, pocos las logran–como el Huffington Post.com– y ninguno exhibe grandes resultados todavía. Otrosfuncionan en base a donaciones, como el site de periodismo investigativo Propublica, mencionado enla columa pasada. En esta última categoría también está el Texas Tribune, aún nonato, que tambiénestá buscando aportes voluntarios de sus usuarios y prefigurando un público y una misión.

Es muy difícil medir el público –y más aún la eficacia– que tiene este heterogéneoconjunto de medios alternativos. Pero cada vez que ocurre un acontecimiento extraordinario se tornaevidente su capacidad de difusión: la crisis política después de las elecciones en Irán, campañaelectoral de Obama, por ejemplo.

Hay otro fenómeno que revela cuán compleja es la transición. Pese a su enorme influencia, losdiarios tienen en Internet alrededor del 1% de la audiencia total medida en page views, segúnreveló el Laboratorio de Periodismo de la Nieman Foundation de la Universidad de Harvard,analizando cifras de la Newspaper Association of America. No es sorprendente: a la mayoría le vamal porque se dirige a públicos vastos en Internet con una concepción estratégica similar a la queha empleado en el papel. Pero en Internet no hay públicos masivos de intereses heterogéneos. Creoque esto vale tanto para el New York Times como para Clarín, diarios que no se conciben todavíacomo empresas digitales que tienen un diario de papel sino al revés; es un problema universal en elmundo de los diarios tradicionales.

Entonces: en un contexto crítico pero promisorio, abierto a la experimentación, nadie tiene aúnuna fórmula de éxito.

Pero las condiciones en que se produce el periodismo han cambiado para siempre. Ahora los mediostradicionales pierden el monopolio de la mediación y de la producción de contenidos y las personaspueden autopublicarse y relacionarse entre ellas desde sus producciones con un dinamismo nuncaantes conseguido.

La promesa que traen la crisis del periodismo de los grandes medios tradicionales y elsurgimiento de nuevos modelos en Internet es la posibilidad de recrear el periodismo y lograr unamayor eficacia, participación, libertad y honestidad. Coincido con Jay Rosen, profesor dePeriodismo de la Universidad de Nueva York: los medios participativos online pueden fortalecer elperiodismo y el proceso político.

Pero nadie sabe cuánto puede durar esta oportunidad. Se clausurará una vez que aparezcan grandesjugadores, capaces de levantar enormes barreras de entrada. Michael Massing, en The New York Reviewof Books, señala este riesgo y dice que hay una clase potencial de nuevos gigantes mediáticos–Google, Yahoo, MSNBC y AOL–: “todos tienen grandes recursos y podrían financiarun nuevo intento oligopólico en la Web”.

En mi columna anterior propuse discutir el futuro del periodismo en este marco de cambio,oportunidad y urgencia. Recomiendo leer la columna de Eliseo Verón del domingo pasado donde seresponde a esa propuesta. Sus reflexiones sobre la articulación mercancía/bien público, porejemplo, o sobre el mito de la objetividad son centrales; desde hace muchos años las ideas de Verónvienen enriqueciendo nuestra visión del periodismo. Propongo, sobre todo, el debate.


*Roberto Guareschi es periodista.


En www.robertoguareschi.com hay una versión de este texto con links.

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