•POLITICA Y PRAGMATISMO

Aproximación a la dilemática

La política constituye un desafío teórico fascinante para quien se dedica a la filosofía. Decir política equivale a nombrar a la actualidad y establecer relaciones distintivas entre los sucesos que nos son contemporáneos.

Aproximación a la dilemática
22-08-2026 | 09:20

La política constituye un desafío teórico fascinante para quien se dedica a la filosofía. Decirpolítica equivale a nombrar a la actualidad y establecer relaciones distintivas entre los sucesosque nos son contemporáneos. Bien dijo Foucault que lo actual se caracteriza por su diferencia.Aquello que sucede en el presente es singular por las variaciones del juego de la historia, esinventivo y produce novedades, y los intentos de buscar en el pasado recursos intelectuales paradirimir la contingencia de lo que sucede hoy, pierde calidad en la observación, ignora matices einterpreta a los protagonistas como reencarnaciones.

No hay teoría sobre la actualidad como tampoco la hay sobre la política. Los paradigmasteoricistas sobre la esencia de la democracia, el análisis de los mecanismos de la representaciónpolítica en general de acuerdo con los parámetros evaluados por organizaciones internacionales, lasdisertaciones sobre el rol del Estado en el mundo otra vez en general, todos los incisos detalladosde los informes sobre arquetipos y tipologías apreciados por las firmas globales y fundaciones nogubernamentales son más bien autocomplacientes y autosustentables. Se consumen ahí mismo en dondese producen.

Bien pueden escribirse tomos enteros para caracterizar lo político en relación con lo teológico,articularlo a una semiología de conjuntos o a una ontología del acontecimiento, construir modelosabstractos formales o cuantitativos, estas neuropatías digitales, a la vez que piruetasmonográficas, no son más que divertimentos que calientan la cabeza –lo que no es poco–y que no tienen el menor sentido práctico salvo en los pocos casos en los que a la manía degeneralizar agregan una intuición empírica o una dosis mínima de sentido común que favorezcan unacomprensión de las singularidades.

Y la política, les guste o no a los nostálgicos de la épica heroica o de la teoría sutil, espragmática, lo que no quiere decir que sea amoral sino que es una práctica social que debe darcuenta de sus resultados.

Este desafío es muy apreciado por los aficionados a la filosofía porque nos sitúan frente adilemas. Quienes se acercan a la filosofía como a una ciencia en la que se enuncian problemas estánobligados a encontrar soluciones, despejar incógnitas y resolver antinomias. Sienten que cumplencon el mandamiento del rigor y la seriedad imitando a las ciencias. Pero quienes ven nuestratradicional disciplina desde otro ángulo, el de la conjetura, la paradoja, la búsqueda, laproblematización, en suma, el dispositivo de una máquina de soplos pensantes voraz e inquieta,saben que el pensamiento se nutre de dilemas, y los mismos no tienen solución. Al no haber una víaregia de acceso al laberinto que debemos atravesar, nos vemos obligados a pensar una salida frentea las dificultades que nos presentan los dilemas. Es necesario tomar una decisión. Decisión y nosolución, salida y no demostración.

Las decisiones tienen un costo, se hacen a pérdida, no es que se pierda todo lo que se juega,pero no se gana todo ni todos ganan. Por eso es difícil asumir el aspecto dilemático de lasdificultades, porque no superamos el aspecto conflictivo de los problemas.

Se puede tener o no tener la fuerza para soportar el costo de las decisiones. Uno de los modosde postergarlo o eludirlo es buscar el consenso o invocar el diálogo. Se peca de un excesivooptimismo, o ingenuidad, cuando se piensa que existe el justo medio no sólo en la política sino enlas cuestiones humanas.

La posesión o la carencia de la fuerza que se necesita para hacerse cargo de las decisiones nosda un cuadro de situación de la consistencia de una acción política.

La dilemática es el estudio de los dilemas del pensamiento en situaciones históricas. No sonjuegos concebidos mediante abstracciones, sino acciones y alternativas efectivas que se dan endistintos momentos de la historia.

Los historiadores abocados al estudio concreto de situaciones concretas hacen del pasado unmomento presente y vivo al restituir los límites de la acción humana en los escenarios políticos.Los actores sociales no tienen todos los elementos y las informaciones del momento en que viven. Nocircunvalan su tiempo ni el mundo que habitan. Toman decisiones con información incompleta. Mostrarel cuadro casi crudo de la actualidad ya pretérita es una tarea que realiza el historiador queentiende de política.

El que no comprende el peso de la contigencia en las acciones humanas postula una supuestainteligibilidad, una consciencia preclara y una extrema lucidez en los agentes sociales, o unafalsa conciencia manipulada por demonios antes de ser iluminada por alucinados, que no es más quela posición del analista investigador que ya conoce el desenlace del juego y lo vuelca en laspiezas del tablero. Su historia no es racional sino racionalista, demasiado hervida, y encuadra lavolatilidad de los tiempos presentes en entelequias supuestamente coherentes, una cuadrículahigiénica a la luz de la matricería ideológica sólo comprensible para un deus ex machina que planeasobre nuestras insignificantes cabezas.

La misma desorientación analítica de la que somos testigos en el presente es la normalidad decada momento histórico. Esto no quiere decir que los hombres vivan en una crasa ignorancia en mediode la neblina. Por el contrario, la lucidez se juega en la combinación entre análisis y decisiones,azar y necesidad, entre lo posible y lo imprevisible.

Los tiempos de la historia también nos hablan del peso de la cotidianeidad, del transcurrirmoroso del día a día en el que los hombres transitan sus vidas, de la enorme importancia de labanalidad. Estamos acostumbrados a interpretar la historia como una construcción de un relato deintensidades extremas protagonizado por enfervorizados doctrinarios y militantes sacrificados.Hemos reducido el acontecer humano a la bisabra poder-ideología como en épocas pretéritas elconocimiento universal del hombre se resolvía en la juntura alma-cuerpo.

Que nada sea sin poder no quiere decir que todo sea poder, ni que esté al servicio del poder, nique cada expresión o signo de vida sea un producto social, ni que los pueblos primero debenadoctrinarse, luego deliberar y después hacer lo que los mensajes dictan. Son mitologíasracionalistas que pueden terminar en delirios de agitación que nos hablan de asambleas permanentes,pasatismos anarquizantes y burbujas rizomáticas, o de controles y planificaciones a cargo de almasbellas de las burocracias del saber, para que los hombres decidan juntos su destino y no seanviolados en su virginidad moral. Son numerosas las formas mágicas de la interacción social que losestudios de los especialistas llamados praxeólogos adjuntarán a sus ya profusas tesis deposgrado.


*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).

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