De la venganza al diálogo, de la traición a la caridad. De profundizar el “modelo” ala apertura del “modelo”, del premeditado “silencio hospital” al cartel de“atención al público día y noche”. Del no cambio de figuras al cambio de figuras. Todoen menos de siete días y al mismo precio, sólo para ganar tiempo y estabilizar el Airbus. Ya que,por falta de un plan alternativo –o B, como diría Cristina– y la propia galladura paraenfrentar la derrota, el Gobierno se desgrana repentinamente como un choclo. Entonces, aimprovisar, como advirtieron los ministros en el viaje de vuelta en el avión de Tucumán, cuandoella empezó a referirse al diálogo que iba a convocar, a los términos de esa futura agenda delconsenso. Hasta ese momento, ninguno disponía de una pista previa, de una información. Navegaban aciegas: las decisiones están en otra parte del Gobierno.
A su vez, del otro arco político, opositor, lo de siempre: primero vacaciones por el triunfo,desconcierto y aturdimiento por ese fenómeno impensado, el realismo de no contar con equipos nimuchas ideas, de ahí que encajara idealmente la excusa: “Acompañamos cualquier propuesta dediálogo porque queremos que la Presidenta complete el mandato” (mensaje futuro de todas lascámaras empresarias del país). Cuando, en verdad, políticos y empresarios hablan de la capacidad deresistencia en el cargo de la esposa de Kirchner, de una posible transición con Julio Cobos,estudian la ley de acefalía y hasta discurren sobre José Pampuro, heredero de la líneaconstitucional, también derrotado su delfín en Lanús, quien llevaría como jefe de Gabinete aRoberto Lavagna para que lo auxiliase en en la crítica transición. Palabras, sólo palabras, quizásrespuestas a otras evidencias.
Premios y castigos
Ocurre que fue patético Néstor Kirchner en su descalabro: apeló al insulto de traidor paracalificar a ex compañeros de ruta en su Administración, intendentes, funcionarios y gobernadores.Hasta, a través de un jefe comunal bonaerense considerado “pesado” (Mario Ishii), huboamenazas de escraches o de castigos físicos frente a sus propias casas. Registros de otros tiempos,nefastos, cuando la democrática renovación cafierista –por ejemplo– empapelaba losafiches de Angel Robledo con el marbete de “traidor” para alejarlo de cualquierpostulación. Ahora, trascendían listas para una ordalía punitoria cuando el propio Kirchner–en estos momentos de crepúsculo– ni siquiera era capaz de afrontar la tierna presióndel sindicalista Hugo Moyano, quien para no pasarse de club le aumenta la prima y le extirpa máscargos en el Estado.
Otro dato para la arrogancia patética: el día en que cerró Kirchner su campaña política decandidato en Buenos Aires, en un acto largamente preparado con la pompa folclórica, junto a suesposa presidenta, al gobernador y ministros, un voluntarioso de la política tildaba en un papellos nombres y el número de los intendentes bonaerenses que asistían a ese encuentro: sólo diezalcaldes peronistas acompañaron ese epílogo, una muestra de que ya se había disuelto el créditopolítico de la pareja gubernamental en ciertos sectores.
No había que esperar hasta el domingo a la noche para conocer el resultado, y la ausencia de losintendentes confirmaba el fracaso venidero, no la deslealtad: ellos, cuyo techo es la intendencia,quienes nunca progresarán a cargos superiores, simplemente protegían sus límites territoriales:habían repartido su boleta junto a la de Kirchner (el mismo que los benefició con apoyoseconómicos), pero los vecinos rechazaban la parte del apellido santacruceño en las boletas. Enconsecuencia, para no descapitalizarse en su distrito, facilitaron el corte de boleta, ya que aldúo –como bien hubiera parafraseado un viejo dirigente de la provincia– se lo podíaacompañar hasta la puerta del cementerio. Entrar, jamás.
Moreno, pero no tanto
Después, aparecieron las descarnadas señales de los aficionados mandantes: despegaron a Massapor “traidor” –antes, el tigrense ya había puesto distancia con elmatrimonio–, despacharon a Jaime por licencioso (advirtiendo que en el Gobierno sólo ellospueden ostentar) y, para demostrar normalidad, hasta volvieron al fútbol en la quinta de Olivos,sin Massita para pegarles patadas, sólo víctimas propicias (el obeso Scocimarro, el veloz AníbalFernández, como él mismo se autocalifica en su rol de wing, o la resignada custodia). Apenas seacepta en ese círculo que, en el 2011 podemos perder, pero volveremos en el 2015. Como si lohubiera dicho Perón o McArthur.
Esa presunta normalidad era falsa: se abrió la válvula, vino la inundación, hubo más pedidos decambios, y aflojaron los victoriosos de 20l5. Apenas en minutos, varios ministros afuera aunque semantenían las convicciones del “modelo” conservando al pintoresco Guillermo Moreno comosi este personaje menor fuera un símbolo de una causa nacional. Extraño desvío esta responsabilidadextraordinaria que la sociedad en su conjunto le otorgó a Moreno, quien hasta el lunes, quizás, sededique simplemente a competir en forma poco leal con otras empresas de papel desde su liderazgo enla intervenida Massuh, demandando para su traumática fábrica al sector privado asistenciasfinancieras que no le darían a otro o vendiendo papel a quienes no lo necesitan por el imperio desu abusivo poder.
Pero ni Moreno, al que absurdamente se le imputan todos los males del kirchnerismo (a él, aquien en los primeros tres años de gobierno Kirchner, con el presidente apenas si habló algún díapor teléfono), se quedará en los despachos oficiales esta semana. ¿Se irá del cargo sin hablar, sinejercer una legítima defensa, mudito el hombre como un sacrificado soldado de la fe? Si se discutesu continuidad es por otra razón técnica: nadie sabe aún cómo se empalmará, si se cambian lasestadísticas del INDEC, los datos reales con los maquillados. No se puede decir borrón y cuentanueva como presumiría cualquier neófito, hay que explicar el pasado, volverlo a retocar,protocolizar, asumir el engaño y tal vez pagar.
La elección de sucesores en la Administración demostró la falta de banco, por utilizar untérmino futbolístico:
1) El hijo de un abogado laboralista allegado a Moyano, un joven tambien laboralista, paradirigir una compañía en crisis como Aerolíneas Argentinas. Al margen de las performancesindividuales, ¿se supone que en el resto del mundo se designa con esa ligereza a los funcionarios,sin concursos de antecedentes siquiera?
2) El nuevo titular de ANSES, esposo de una ex secretaria de la Presidenta, quizás talentoso eljoven, pero que un día –como Boudou– deberá explicar en tribunales si les hizo ganar operder plata a los jubilados.
3) También el ascenso de Julio Alak es un trance del apuro sanitario de los Kirchner: Néstor lorecuperó para sí el año pasado luego de mantenerlo en la congeladora, con el propósito de que seconvirtiera en presidente de Racing –ya que su hijo le reprochaba, con razón, una falta deinterés por el club de sus presuntos amores–, y así construyó un equipo junto alexperimentado hincha y abogado García Cuerva. Se dedicó a ese enjundioso cometido, le puso empeño,citó a otros fanáticos –aunque los odiase– para darle categoría al emprendimiento (loque no hizo en su gobierno), pero le apareció el problema de Aerolíneas y a esos dos elegidos parael fútbol los derivó para ocupar el aire o una parte del espacio aéreo (mientras, Racing casi se vaal descenso). Como si fuera lo mismo un cocido que un fregao.
Ahora, después de una breve estancia en la intervención de la empresa, Alak fue designado paraocuparse del Ministerio de Justicia y Seguridad. Ni él debe entender su estrella, como el promovidoBoudou, que ahora pilotea la cartera económica porque dictó una cátedra en una universidad privadade Econmía. O, como Aníbal Fernández, alojado en el fondo de la cacerola ministerial, conpronóstico de despido, ahora elevado a jefe de Gabinete. Ni un gramo de pensamiento en esasdecisiones, apenas la búsqueda personal para salir de un trámite engorroso: total laresponsabilidad se mantendrá en una sola cabeza. Herida, pero única.
Nada cambia
Como nunca, por esas nominaciones llovieron las críticas en todo el país bajo la obviedadliteraria de Lampedussa: nada cambia, aunque parezca cambiar. Encima, por temor a futurasexacciones –por ejemplo, los banqueros aluden al “manotazo”, obligar a que lasentidades transformen 40% de los depósitos de particulares en papeles públicos–, el sectorempresario montó en cólera. Mal presagio difundido en la prensa que forzó, sobre la marcha, elcambio de piel de lobo a cordero: llamar al diálogo político, sectorial, social, histórico,deportivo, hasta con organizaciones filatélicas si es necesario; entregar los superpoderes;estimular con 40 años de atraso un pacto telúrico de la Moncloa; compartir el impuesto al cheque;impulsar la boleta única y las internas partidarias para las próximas elecciones; jurar que nohabrá más candidaturas testimoniales; impulsar a que los ministros concedan reportajes, a que sereúnan como si fueran un cuerpo, que se aceite la comunicación del Gobierno con el periodismo(interesante para descubrir si tienen voz los Zanini, los Núñez, los Parrilli, tarea de casiimposible cumplimiento ya que estos funcionarios han sido militantes de la oscuridad oral, por lomenos). Y etcéteras de un vasto listado de corrección, promesas de buenas formas y costumbres que,en un inicio, calmarán las angustias pequeñoburguesas de la Cámara de Comercio, la Bolsa, la UIA yhasta de AEA, por no hablar de los dirigentes de la oposición, cuyas declaraciones a favor de unnuevo ciclo se empezarán a sumar este fin de semana.
En ese idilio, la pareja oficial introducirá reservas técnicas para morigerar las demandas:¿quién pagará la baja de retenciones exigidas?, ¿cómo se financiará el deteriorado Estado sicomparte el Impuesto al Cheque con las provincias? Multitud de objecciones que, en verdad, encubrenla falta de un plan financiero, si así se quiere llamar a lo que reclaman gobernadores, intendentesy cualquier ciudadano no demasiado avezado: ¿de dónde saldrá la plata para enfrentar lascontingencias actuales, la dilapidación de recursos que acentuó como nunca esta Administración ycuya manifestación más conspicua de desconfianza se revela en la brutal huida a los activosexternos? Con “manotazos” –se sabe– no alcanza y, debido a que no abundanlos prestamistas de última instancia, las restricciones de este año son enormes.
Tal vez insalvables. Con inflación que no mengua, suba de precios inevitable porque caducó elpedido oficial de que no hubiera incrementos hasta después de las elecciones, caída de inversión,falta de demanda y la paradoja social de que los gremios reclaman 25% de aumento salarial y lasempresas en blanco negocian la suspensión de turnos, el adelanto de las vacaciones y hastaeventuales planes de despido. Nadie sabe aún si este proceso devaluatorio del Gobierno se detendrácon los progresivos cambios (Julio Cobos, dicen, ahora no estaría dispuesto a recibir“ninguna papa caliente”, a pesar de que para preservarlo en la sucesión sus colegasradicales impidieron que alguien del PRO, Pinedo, o del peronismo disidente, Solá, fuera areemplazar al titular de la Cámara de Diputados).
La traición
El Kirchner varón, además de la depresión, padece el escarnio de quienes le eran subordinados almáximo: es público que Fernández llegó por descarte a la Jefatura de Gabinete, ya que JorgeCapitanich rechazó el convite: no consideró apropiado inocularse la gripe oficialista cuandotodavía la secuela de los escándalos de su esposa no han terminado. Si hasta puede temer que algunorecuerde que él introdujo en aquel discurso histórico de Eduardo Duhalde –seguramente ainstancias de un economista de apellido Frenkel– la inolvidable y burlona frase: el que pusodólares, recibirá dólares.
Suma además Kirchner tropiezos a una política persecutoria: ya no prende la hostilidad personalsembrada contra cualquier personaje, al que no alcanzaba con echarlo de su función, en el sectorpúblico o en el privado: también se alentaba para que no volviera a trabajar. Como se hizo con laex titular del INDEC (le hicieron ese pedido al gobierno uruguayo), con más de un periodista o conel ahora jefe de la Policía Metropolitana de Mauricio Macri, Jorge Palacios, quien después deperder su puesto no pudo ingresar en dos compañías –por lo menos– ya que desde el áreade Julio De Vido se les desaconsejó esa determinación a los empresarios privados. Descenso delpoder maccarthysta de quien, dual y contradictorio, todo lo podía: resabios de ese poder perdido hasido su lánguida queja porque el mandatario uruguayo Tabaré Vázquez se atrevió a revelar unaconversación anodina con su colega, la señora Cristina, quien para agregarle levadura al paninexistente de su política exterior, lo quiso embarcar en su avión para la gira “a ningunaparte” por el conflicto de Honduras.
Se queja Néstor cuando él, sin hesitar, antes había incluido un diálogo privado y telefónico enlos considerandos de un decreto y, en público, para sacar transitoria ventaja en una discusión,hizo enrojecer a De Vido por negociar en secreto con algún dirigente agropecuario (Biolcati),deslealtad con su amigo y ministro agravada por la certeza de que él mismo lo había enviado paraconsumar una transacción. Si hasta debe soportar en la caída, lo que le resulta alérgico–comprensiblemente–, las clases de sensatez y pudor democrático que exhibe su ex jefede Gabinete, Alberto Fernández, en todos los medios, especialmente en los afines a Clarín.
En este caso, no es su tirria por el grupo periodístico lo que lo enardece, sino algunos de loscontenidos que expresa su ex ladero, quien sostiene que hubo un Kirchner bueno (cuando él estaba enla Casa Rosada) y otro malo (¿enloqueció?, es la definición) a partir de su deserción. Justo él,maldice el santacruceño, que les impidió ganar eventualmente con Jorge Telerman en la Capital casipor prejuicio discriminatorio, que hacía apuestas de que jamás Mauricio Macri sería jefe deGobierno porteño, quien aún tiene colaboradores observados por la Justicia, el que armó elpublicitado traspaso de Borocotó para aportarle un verbo inolvidable al castellano. Y quien, paracompletar la maravilla del paisaje, les explicó a los argentinos las bondades institucionales deNéstor Kirchner (cuando estaba a su lado, claro), presidente que para su verba letrada no aspirabaa esas sórdidas pretensiones reeleccionistas de otros antecesores, llegado del Sur con infinitamodestia despojándose de ambiciones personales para instalar una nueva era que satisficiera elespíritu republicano de la Constitución, propiciando formas alternas de gobierno. Así le explicó alpaís que Cristina era la sucesora de Néstor.






