•IZQUIERDA ARGENTINA

Aquí el Muro no cayó

Por su carácter de acontecimiento multidimensional (a la vez político, económico y social) y por su capacidad de ruptura epocal, que señala un antes y un después e inaugura una nueva era, la global, la caída del Muro de Berlín ha sido analizada desde infinidad de perspectivas.

23-08-2026 | 21:39

Por su carácter de acontecimiento multidimensional (a la vez político, económico y social) y porsu capacidad de ruptura epocal, que señala un antes y un después e inaugura una nueva era, laglobal, la caída del Muro de Berlín ha sido analizada desde infinidad de perspectivas. Sin embargo,visto desde la perspectiva del desarrollo del pensamiento político en Argentina, el saldo puede seruno solo: aquí el Muro no cayó. Aquí los principios y las concepciones sostenidas por la mayoría delos sectores que a sí mismos se califican como “de izquierda” siguen siendo casiexactamente los mismo que regían antes de 1989.

Junto con el Muro de Berlín acabó un modelo de las relaciones entre Estado y mercado, queconcebía a ambos sistemas constitutivos de la Modernidad, el político y el económico, en términosde antagonismo, conflicto y mutuo aniquilamiento. En la Argentina, en cambio, sobrevive unaizquierda jurásica que cree que la democracia es producto de la abolición del capitalismo y piensaque destruir empresas e ignorar las reglas del mercado –en lugar de conocerlas e intentarconducirlas en beneficio del bienestar social– es el paso necesario hacia la justiciasocial.

Con el Muro de Berlín se cayó también una frontera que dividía en dos a Alemania, a Europa y almundo, y con ella una concepción del desarrollo nacional basada en el aislamiento y la desconexión.No por nada, la Europa del Este fue avasallada material y simbólicamente por el extraordinarioéxito de una Europa occidental cuya fuerza no se basaba solamente en la economía capitalista y lademocracia política sino también en el desarrollo progresivo de una unidad democrática de escalacontinental cuyo nombre actual es Unión Europea. Aquí subsiste una izquierda devónica que siguecreyendo, en pleno auge de la globalización, que hay que vivir con lo nuestro, que habla deintegración regional pero cree en el proteccionismo y que –a contramano de lo que lasexperiencias china, india y brasileña han demostrado– toda forma de conexión con el mundoavanzado opera en desmedro de los países en desarrollo.

Con la caída del Muro y del Imperio Soviético se diluyó en todo el mundo la idea de que elEstado debía hacerse cargo de todo. Subsiste en cambio en Argentina una izquierda paleozoica queparece creer que el Estado es la encarnación visible del bien sobre la Tierra y piensa que cada unade sus intervenciones en la realidad, desde la estatización de la deuda de Aerolíneas hasta elsaqueo de los ahorros de los jubilados privados configura un paso adelante en la historia de lahumanidad. “El Estado somos todos”, parece ser su lema, consigna algo curiosa en unpaís en el cual el genocidio estatal de los setenta y la estatalísima fijación del precio del dólarpor una década (léase: Ley de Convertibilidad) han tenido los catastróficos efectos que todos losargentinos recordamos.

Con el lejano Muro que cayó tan lejos de aquí que el fragor producido por su caída no fueescuchado por las izquierdas locales, se vino abajo también una visión industrialista de laproducción de valor que asociaba todo valor económico real al producto del trabajo físico y manualrepetitivo, que despreciaba al resto de las actividades económicas por “parasitarias” ydescargaba todo el peso fiscal sobre el agro y los servicios con el objeto de financiar eldesarrollo industrial. Después de aquella caída, y con total desconocimiento de la devónica“izquierda” argentina, se fue configurando cada vez más netamente una sociedad globaldel conocimiento y la información en la que la producción de valor se basa en tareas intelectualesno repetitivas; en la que la forma primaria, secundaria o terciaria que adopta el producto final esindiferente a la creación de valor económico y en la que el valor agregado es conocimiento,diversidad cultural, información, innovación, comunicación y subjetividad –es decir:inteligencia humana– agregada al producto.

Finalmente, cayeron con el Muro el desprecio de la democracia como una cuestión meramenteformal, el culto de personalidades carismáticas y salvadoras, la idea de que el partido único podíarepresentar enteramente la enorme complejidad de intereses e ideas de una sociedad moderna, laaceptabilidad política de la censura a la prensa y de las persecuciones a la oposición y elparadigma del sacrificio de la libertad en aras de una supuesta igualdad que nunca llegó. Bastaobservar las posiciones y actitudes de la mesozoica “izquierda” nacional para comprobarque todos ellos son paradigmas aún vigentes para ella.

Populismo, nacionalismo, industrialismo, estatismo, anticapitalismo, antiliberalismo yanticosmopolitismo son los valores que con la caída del Muro desaparecieron del corpus ideológicode una izquierda que en la mayor parte del mundo avanzado se hizo socialdemócrata (es decir:defensora al mismo tiempo de la libertad y la igualdad, de la democracia política y el desarrollocapitalista, de los derechos sociales y las instituciones democráticas) y cuyo desarrollo estállegando –por fin– a varias naciones (Chile, Brasil y Uruguay) que representan hoy lavanguardia del continente sudamericano en el siglo XX. En tanto, en la Argentina, siguen las luchasentre los mamuts, los gliptodontes y los tiranosaurios.


*Diputado nacional.

También en Perfil