•otro choque mas

Argentina-Brasil, ¿un sólo corazón?

Argentina comienza a competir con Brasil por tener salarios bajos, una contrapartida de la dificultad para conseguir capital, al revés de lo que sucede con el vecino.

24-08-2026 | 00:01

Argentina y Brasil enfrentan, nuevamente, un conflicto en el marco del comercio bilateral dentrodel Mercosur. No es casualidad que los conflictos más relevantes surjan en épocas en donde el nivelde actividad industrial cae en uno en o en ambos países.

Mientras ambas economías crecen sostenidamente, Brasil mira para otros destinos internacionalesen materia comercial y, sobre todo, hacia su creciente mercado interno. Y la industria argentinahace lo mismo, le vende al mercado local y sólo comercia internacionalmente insumos industriales olíneas de producción de bienes terminados “regionalizados” por las empresas queproducen uno o dos productos aquí, para toda la región, aprovechan economías de escala y completanel resto de su línea importando de Brasil (caso de la industria automotriz, por ejemplo). El restodel comercio regional es agro, agroindustria, energía o minería.

En cambio, cuando uno o los dos países entran en recesión, como pasó desde el tercer trimestrede 2008 y hasta bien entrado 2009, brotan los problemas. La industria local reclama algunaprotección adicional contra la “invasión brasileña”.

Y la industria brasileña invoca el libre mercado regional para protestar contra dichas barreras,poder colocar excedentes y aprovechar subsidios financieros.

Pero lo cierto es que ni Argentina tiene un proyecto exportador industrial permanente, dentro ofuera del Mercosur, salvo algunas “islas clase mundial”, ni Brasil tiene vocación decompartir su extraordinario mercado interno con sus socios vecinos. Es este contexto, entonces, elque Argentina y Brasil, como los integrantes mayores de esta zona, tienen la obligación yresponsabilidad de cambiar.

Subsidios y exportaciones. Brasil tiene una gran maraña de subsidios directos y encubiertos parasus exportaciones que no debería utilizar dentro de la región. Eso está claro.

Argentina, por su parte, se ha convertido en un país de capital caro. En los últimos años, no seha hecho otra cosa que achicar sistemáticamente el mercado de capitales en moneda local adisposición del sector privado, aumentar la incertidumbre expropiatoria y hostilizar al capital“no amigo”.

El capital caro sólo es compatible, en el marco de la globalización, con salarios“baratos”.

Pero los salarios “baratos” implican pobreza creciente que trata de ser compensadacon otra maraña de subsidios locales de distinta índole, a la energía, al transporte, a ciertosalimentos, etcétera, que por su mal diseño, impactan más en los sectores más ricos de la poblaciónque en los pobres y desalientan la oferta de dichos productos, obligando a importar y aumentandoaún más los subsidios.

Como estos subsidios recaen sobre el gasto público y la presión impositiva está al límite y nohay financiamiento externo, se termina financiando el gasto con inflación, agravando la pobreza yaumentando el conflicto social y salarial.

Salarios y dólar. Mientras tanto, Brasil, que en su crecimiento de estos años empieza a tenersalarios “caros”, por costos laborales que aumentan y por la caída del valor del dólar,subsidia el costo de capital de los exportadores con diversos esquemas.

En otras palabras, la Argentina usa una maraña de subsidios para disimular el salario barato.Brasil usa una maraña de subsidios para compensar el salario más caro.

La Argentina le agrega protecciones adicionales e impuestos a las importaciones y retenciones alas exportaciones, mientras, por el contrario, Brasil incorpora protecciones adicionales ysubsidios de todo tipo a las exportaciones.

Argentina, con salarios “baratos”, termina achicando su mercado interno sin laventaja de poder exportar por los costos de capital y por el desaliento a la inversión.

Brasil, con salarios aumentando en dólares, expande su mercado interno de consumo, pero locomparte muy limitadamente con el resto de sus socios de la región, mientras subsidia el costo decapital para los exportadores.

Con este panorama, el Mercosur, salvo para algunos sectores, es más una ficción que unarealidad.

Ya llevamos 15 años discutiendo y, encima, ¡nos ganan al fútbol!

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