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Argentina económica, la casa fea del barrio lindo

Como le contara desde esta columna hace un par de semanas, el mercado financiero del mundo emergente sigue beneficiándose de un clima global optimista con estas regiones.

23-08-2026 | 17:02

Como le contara desde esta columna hace un par de semanas, el mercado financiero del mundoemergente sigue beneficiándose de un clima global optimista con estas regiones. Los inversores hansalido a buscar oportunidades de rentabilidad de todo tipo y los activos financieros y no sólo losfinancieros, de Asia y América latina, y algunas commodities les resultan muy atractivas. Paracomprar esos activos venden dólares y compran la moneda local. Por lo tanto, la mayoría de losbancos centrales de la región están recuperando reservas y, según cada política monetaria,revaluando más o menos sus monedas, e inyectando más o menos liquidez. La Argentina no ha sido laexcepción, aunque sólo recibe el “cambio chico” de esta ola. Es como la casa fea de unbarrio lindo: vale sólo por el terreno y la ubicación.

¿Qué significa esto para la economía “real”? La tranquilidadfinanciera y un Banco Central comprando dólares es siempre un buen paisaje para la economíaargentina. Pero esa tranquilidad es una condición necesaria pero no suficiente.

Lamentablemente, ese paisaje de calma financiera presenta nubarrones de tormenta importantes. Enprimer lugar, los problemas fiscales en la nación y en las provincias. Estos problemas fiscales, enel caso provincial, implican la caída del salario real de los empleados públicos, en muchos casosel grueso del consumo regional y, en el caso nacional, demoras en los pagos a proveedores,suspensión de obras públicas y, políticamente, negociación permanente con gobernadores eintendentes para lograr tal o cual favor, a cambio de fondos. En otras palabras, la crisis fiscalprovincial afecta salarios públicos; es decir, consumo privado, y también afecta la saludinstitucional porque, como sucedió con la Ley de Medios, el Poder Legislativo queda a merced delEjecutivo, a través de la relación financiera entre el Gobierno federal y los provinciales.Asimismo, la falta de acceso a los mercados voluntarios de crédito implica que parte de la liquidezque se genera con la compra de dólares se vuelque a financiar al sector público y no alprivado.

En segundo lugar, una tasa de inflación que, más allá del INDEC, resulta problemáticamente alta,erosionando, como se mencionara, el poder de compra salarial, en un contexto de bajo poder denegociación de los trabajadores, en la economía formal, y sobre todo en la informal, por eldesempleo y los problemas de rentabilidad de las empresas. Con una masa salarial que cae contra lainflación, la venta de bienes de consumo masivo no puede recuperarse demasiado.

En tercer lugar, la maraña de subsidios, restricciones al comercio, controles indirectos deprecios han generado tanta distorsión en los precios relativos, que resulta difícil definirinversiones de mediano y largo plazos. Dicho sea de paso, hoy resulta más barato llenar el tanquede un auto en EE.UU. que aquí. (En la Argentina, con controles de precios y retenciones a laexportación, allí con libre mercado).

Cuarto, y no menor, el enrarecido y conflictivo clima político institucional se suma al problemade los precios relativos y al ajuste de algunos precios para sectores de mayor consumo, tampocoincentiva al gasto y a la inversión. Se hace lo indispensable, lo impostergable, lo extremadamenterentable, lo de corto plazo.

Con este panorama, sin embargo, aún los indicadores privados muestran que la economía dejó decaer y empieza a rebotar. ¿Con qué intensidad?

Volviendo al principio de estas líneas, eso dependerá de cuánto recibamos del clima financierointernacional y en qué medida ese contexto se mantiene o cambia en los próximos meses. (¿Estamosante una nueva burbuja que explotará?). De cuánto de ese clima se refleje en los precios de losproductos que exportamos. De cuánto las condiciones meteorológicas y de productividad localespermitirán lograr una buena cosecha que se “derrame” a todas las actividadesvinculadas. Y, finalmente, de cuánto Brasil demande de los productos industriales argentinos (enespecial agroindustria y automóviles).

Como se ve, elementos que no controlamos ni sobre los que, salvo bailar la danza de la lluvia,podemos influir.

Las estimaciones más pesimistas, pese a todo, indican una recuperación similar a la caída deeste año. En otras palabras, a fines del 2010 estaríamos como a fines de 2008. Habremos perdido“sólo” dos años. Los optimistas, en cambio, apostando a que este clima financieroglobal se siga sosteniendo y expandiendo, acercando más fondos y más liquidez, suponen uncrecimiento para el año próximo que duplica la caída de este año.

¿Y a mí de esto cuánto me toca?, se preguntarán el amable lector o la gentil lectora. Respondocon un versito que define estadística.

“Estadística es aquello que dice que comés un pollo y medio al mes, aunque el pollo en tumesa no haya estado, porque hubo otro que se comió tres”.

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