Argentinos en Barcelona

¿Messi o Riquelme? El fútbol patrio se resiste a tener que optar: quisiera la suma en vez de la resta, sueña con conciliaciones; o bien se pudre y se divide y elige a uno y descarta al otro: salva y crucifica.

Argentinos en Barcelona
22-08-2026 | 09:19

Messi o Riquelme? El fútbol patrio se resiste a tener que optar: quisiera la suma en vez de laresta, sueña con conciliaciones; o bien se pudre y se divide y elige a uno y descarta al otro:salva y crucifica. Messi o Riquelme parece ser la disyuntiva de la hora, en un país que funciona afuerza de disyuntivas en cualquier rubro de que se trate. Me permito interponer en la cuestión a untercero en discordia, o a un tercero en concordia si se quiere. Es Maxi López. ¿Maxi López, elblondo centroforward, el consorte de Wanda Nara? El mismo, sí. ¿Lo pido para la Selección? No lopido para la Selección, no estoy hablando de fútbol, estoy hablando de argentinidades posibles. Medesentiendo por lo tanto de las prestaciones deportivas de los futbolistas en cuestión, y meconcentro en lo que todo futbolista es en potencia: una figuración posible de la argentinidad.Sobre todo cuando juega para la Selección argentina (llamada “Selección” a secas, asícomo Aerolíneas Argentinas pasó a llamarse “Aerolíneas” a secas) o cuando estransferido a algún club europeo de importancia. Estos tres: Messi, Riquelme y López han pasado alBarcelona; cada uno en su momento, cada uno a su manera, portador cada uno de una imagen singularde lo que ser argentino supone.

Messi encarna en estos días una ambición muy arraigada en todo tiempo: la de ser los mejores delmundo. Persuadidos de que Dios nos bendijo con privilegio al concedernos cuatro climas y un suelopródigo, la de ser los mejores del mundo ha llegado a ser menos una pretensión que unconvencimiento. Es un destino, ni siquiera una posibilidad. Es un destino. Y ese destino se alojahoy en día en Lionel Messi, quien para eso ha tenido que pagar el mismo precio que otros pagaronantes: el precio de ausentarse del país desde chiquito. Messi en este suelo no crecía. Hoy floreceen el Camp Nou.

Riquelme constituye, por su parte, una variante no menos significativa para el repertorio usualde mitologías patrias. Llegó a Barcelona precedido por la fama de un talento de excepción. ¿Eramentira? Era verdad, la pura verdad. Riquelme es un gran jugador, dotado de extraordinariasaptitudes técnicas y una notable inteligencia de juego. Pero no hubo fortuna en su paso por elBarca. Pudo más ese desapego descomunal del que Riquelme hace gala, el desgano y la reticencia quesi se lo propone ejerce a la perfección, ese temperamento Bartleby que a veces se adueña de él odel que él a veces se adueña. ¿Le faltó genio? Para nada, más bien lo desperdició. Y en esa figura,la del desperdicio, la del futuro de grandeza perdido, la de la potencia infinita que nunca serealiza, plasma Riquelme la cifra acabada de otra posible argentinidad (lo de Saviola en Barcelonafue distinto. Con él se tiene la impresión de que lo desperdiciaron; con Riquelme, la de que él sedesperdició).

Estas dos líneas rectoras, la del éxito y la del desperdicio, la del genio logrado y la delgenio malogrado, ¿no pueden acaso combinarse, no pueden fusionarse incluso? Por supuesto quepueden, y de hecho esa fusión existió. ¿Qué otra cosa fue Maradona, en definitiva? Atendamos sobretodo a su opaco paso por Barcelona allá en 1982. Maradona fue el mejor jugador del mundo, y almismo tiempo dejó la sensación de que podría haber llegado todavía más lejos. Lo dio todo, y a lavez podría haber dado más. Todo lo logró, pero también se malogró. Rindió y se desperdició. Lesobró y le faltó.

Esa figura, que en Maradona se completaba, actualmente se divide en dos. Uno es Messi, el otroes Riquelme. Uno sostiene la convicción de ser los mejores del mundo. El otro señala la opción deno serlo, pero pudiendo haberlo sido y hasta debiendo haberlo sido. Así nos imaginamos, condestinos de grandeza que se alcanzan o se pierden pero que siempre suponemos nos van a estaresperando. Ahora bien, ¿qué pasa si agregamos a Maxi López al planteo del problema? Maxi López notiene un gran talento, no nació para triunfar. No es un genio, no lo tocó la varita mágica deningún Dios. Juega normal, no es extraordinario. Y aun así, hace un tiempo, el Barcelona lo compró.O sea que puede decirse que además de todo tuvo suerte, que llegó más alto de lo esperado.

¿No deberíamos razonar así: que ningún Dios nos bendijo ni es argentino, que no somosextraordinarios, que no estamos condenados al éxito, que no somos los mejores del mundo nitendríamos por qué serlo? ¿Y si fuera Maxi López el jugador que de veras nos representa? ¿El mismoy Wanda Nara, su otro yo, su complemento?

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