En parte impulsado por el fracaso de las dos experiencias que mezclaron peronistas y radicales–la transversalidad de Kirchner y la Alianza De la Rúa-Chacho Alvarez– la políticaargentina se está rearticulando alrededor de las culturas de los dos partidos tradicionales: elperonismo y el radicalismo. Por un lado, la alianza de la UCR con la Coalición Cívica más elcobismo está conformando una especie de panradicalismo nacional, al que en la provincia de Santa Fese agrega el socialismo local. Y por el otro, el frente del peronismo bonaerense disidente, sumadoal PJ del interior que nunca fue kirchnerista, junto al PRO de Macri y De Narváez en la provinciade Buenos Aires.
En los países desarrollados, la política gira en torno del bipartidismo: en EE.UU., demócratas yrepublicanos; en Inglaterra, laboristas y conservadores; en España, el PP y el Socialismo; o en lamayoría de Europa, Democracia Cristiana y Socialdemocracia. No se trata sólo de ideologías sino–casi– de leyes de la física: polos, giros y rotación.
Así como es ley en economía que los bienes siempre serán escasos porque no importa cuántoprogrese la producción siempre se deseará más, la política también tiene una ley constitutiva:aunque las ideas exitosas de un grupo sean imitadas por el adversario, borrando las fronteraspreexistentes –por ejemplo, los radicales asimilaron la justicia social del peronismo y losperonistas los juicios a la dictadura del radicalismo–, cada vez que se logre una síntesis elser humano precisará crear otra escisión para recuperar el equilibrio que resulta de dos partes unpugna. “La política –decía Spinoza– es una actividad que tiene como racionalidadpropia la lógica del desacuerdo”. Lo intrínseco es la competencia y las partes siempre sereacomodan para la batalla.
Sobre qué parámetros se produce esa división (el principio de cohesión y el rechazo desustancias en la química) y dónde se traza la frontera que separa y agrupa a propios y ajenos esdiferente en cada sociedad. En EE.UU. aspectos como la religión, el aborto y las cuestiones degénero alcanzan para dividir aguas que en países latinos se mantienen juntas. Al igual que losmodelos económicos, que no sólo producen resultados diferentes en distintas sociedades sino tambiénen la misma sociedad en épocas distintas, lo que identifica a los Montescos y Capuletos políticosde cada década también cambia. Las causas mutan, pero se mantiene estable la necesidad de agruparsey desarrollar pertenencia.
Spinoza sostenía que sólo la tensión irresoluble entre dos partes en conflicto –la“dialéctica negativa”– daba la “oportunidad de una auténtica libertad paralas masas”.
Pero en la Argentina de hoy, si piensan lo mismo sobre la justicia social o los juicios a ladictadura, ¿cuál es el desacuerdo estructural que hace a los peronistas peronistas y a losradicales radicales? En palabras de Spinoza: ¿cuál es la “contradicción irresoluble” ycuál es cada “tipo determinado de situación de habla, aquella en que cada interlocutorentiende y no entiende lo que dice el otro”?
El actual “desacuerdo fundante” entre peronistas y radicales no estaría en los finessino en los medios. Los gráficos que ilustran esta columna lo simplifican en“realistas” versus “idealistas”, pero también podría ser planteado entérminos de “prácticos” versus “teóricos”, o “accionistas”versus “intelectualistas” o reduccionismo del estilo: concreto/abstracto,cuerpo/mente.
¿Izquierda? Ambos partidos han tenido alas de derecha e izquierda. En la contemporáneaderecha radical se ubicaría De la Rúa; en la izquierda, Alfonsín. En la derecha del peronismo,Menem, y en la izquierda, Cámpora. Sin embargo, entre los peronistas que emergen como“presidenciables” hay muchos más candidatos afines a la derecha que a la izquierda, loque explica la mayor facilidad que tiene ese peronismo de construir un frente con Macri y el PRO,en contraste con los muchos intentos que realizó Alberto Fernández tratando de cooptar alsocialismo, mientras lo electoralmente más potente de ese partido se termina aliando con másfacilidad al radicalismo y a la Coalición Cívica (el Socialismo de Binner ya había juntado a Carrióy a la UCR en las elecciones de 2007 en Santa Fe).
El frustrado intento de Néstor Kirchner de “articular” la política sobre los polosderecha-izquierda, que en su fracaso disolvió la transversalidad, pudo haber obedecido a su error ala hora de interpretar la base ideológica de su propio partido, porque mientras el ex presidentequería ocupar el espacio de la izquierda, el peronismo tiene más vigoroso su sector de derecha. Esprobable, como sucede tan a menudo en la vida, que haya confundido lo que a él le gustaría quefuera con lo que en realidad es, y allí resida el centro de gravedad del terremoto político queviene sufriendo el kirchnerismo desde hace 14 meses. Quizás, hasta la propia crisis del campo nohaya sido la causa principal de esta hecatombe política sino la consecuencia de otra causa másirreductible aún: que Néstor Kirchner decidió abandonar la presidencia, primero, y su proyecto de“café literario”, luego, para dedicarse a presidir el Partido Justicialista, lograndotener el poder formal de la organización pero no el poder real. Solá, Reutemann, Schiaretti/De laSota, Das Neves, Busti, entre los más o menos recientes desmembramientos, son un prueba de lo realque se subleva a la visión kirchnerista de un peronismo de izquierda.
Para completar el error de posicionamiento, tampoco Kirchner pudo convencer a la verdaderaizquierda de ser él mismo su representante.






