•SE EXIGE UN CAMBIO A FONDO Y EN SERIO

Así como estamos, esto es gatopardismo puro

24-08-2026 | 17:01

La Selección argentina está a punto de verle la cara –bien de cerca– al campeón delmundo. Hay un punto grandioso: es un partido de los de antes, cuando llegaban a Buenos Airesgrandes selecciones europeas a medirse con el atractivo fútbol de estas tierras, después de que losmedios de comunicación apenas acercaban alguna borrosa imagen en blanco y negro.

España, con su juego de tenencia de la pelota, tiene embelesados a miles y miles de seguidoresen todo el mundo. Su título en Sudáfrica fue saludado como “un regreso a las fuentes”,“un soplo de aire fresco”, un “así jugábamos nosotros” (mirá si losargentinos nos íbamos a perder de anotarnos en una victoria ajena), “el potreroprofesionalizado”… en fin. Los lugares comunes nos apabullaron. La explicación deléxito español se originó en el estupendo trabajo a largo plazo y de base que hizo el Barcelona. LaSelección española es el Barcelona reforzado. No está dicho con desdén ni peyorativamente. Es sólodescriptivo. “Barcelona sin Messi”, me dijo alguien. Es un poco más que eso. Villa,Torres, Xabi Alonso son futbolistas estupendos. Ni hablar de Andrés Iniesta, una especie de Bochiniactual que camina como un empleado no destacado de una compañía de seguros, pero que sin embargojuega al fútbol (y, sobre todo, sabe y piensa el fútbol) como pocos colegas suyos.

Pero Iniesta es del Barcelona, lo mismo que Xavi Hernández, Pedro, Busquets, Puyol (que noestará por lesión), Piqué, hasta el mismo Cesc Fábregas. Fábregas estuvo en La Macía –lugarde preparación de los juveniles barcelonistas– y al ver que no tendría chances de ocupar unlugar en el plantel superior, se fue al Arsenal. Pero en su ADN (otra de las frases preferidas delos adoradores del “fútbol que le gusta a la gente”) está Barcelona.

Entonces, España está donde está por el Barcelona. Barcelona, el club de Cataluña, la región quequiere separarse de España, hizo por el fútbol español lo que nunca nadie jamás.

Argentina está en otro plano. Lo primero que diferencia al cuadro nacional de su rival delmartes es que acá no hay proyecto. No hay proyecto todavía. Y las cosas no parecen ser muy claras.Mientras Julio Grondona le da señales a Sergio Batista de que va a ser, finalmente, el titular delcargo, Carlos Bilardo –director general de selecciones nacionales– dice que “enoctubre se van a evaluar proyectos de entrenadores para dirigir a la Selección”. Da toda laimpresión –ojalá me equivoque– de que seguirá Batista y que, una vez más, Bilardoquedará colgado de la brocha. Lionel Messi hizo declaraciones esta semana a favor de Batista y estopesará mucho a la hora de la decisión.

Insisto con el concepto: que Batista sea confirmado en el cargo porque le gane a España es tandisparatado como que no lo sea porque pierda. Y sería disparatado, en este estado de cosas, que nose abriera el juego a otros técnicos capaces que tiene la Argentina. Capaces y con una trayectoriamás importante que la de Checho. No se está diciendo “no elijan a Batista, pongan aotro”, sino que no se decidan por Batista porque “anda bien con Messi”, porque“es del ’86” o porque “ganó los Juegos Olímpicos”. Nada se parece adirigir la Selección mayor. José Pekerman fue el más claro ejemplo. En 2006, Argentina le ganaba alos alemanes 1 a 0 y hacía falta tener la pelota. Pekerman se equivocó en los cambios, desarmó elequipo, se encerró en su área. Alemania empató y después ganó por penales un partido que si sehubiese jugado con inteligencia era claramente de Argentina. En el fútbol de élite, las cosas notienen retorno, los errores se pagan con goles en contra y con derrotas dolorosas. Diego Maradona,en su autoexilio de Ezeiza, lo sabe mejor que nadie.

Mientras tanto, Checho sigue haciendo los deberes. La convocatoria, esta vez, lleva su firma. Esuna clara diferenciación del ciclo anterior, aunque con Grondona y Bilardo manejando el auto, laconducción de Batista parece una continuidad y no el cambio de fondo que se necesita. Para estofalta mucho. Si uno quisiera hacer una real modificación de estructuras, Grondona y Bilardo nodeberían seguir tomando decisiones ni un minuto más. Pero las cosas están dadas así y así hay queremar.

Es imposible disentir con las convocatorias de D’Alessandro, Zanetti y Cambiasso, porcitar sólo a los tres futbolistas que debieron haber ido a Sudáfrica y quedaron afuera. Tampoco esuna locura convocar a Banega y a Gabriel Milito, de aceptables presentes en Europa. Batista,además, dijo que cuando esté recuperado, “Riquelme vuelve a la Selección”. O sea: esuna convocatoria “anti Maradona”. Batista se esforzó en diferenciarse de Diego. Esclaro que la lista ya pasó por la aprobación de Grondona.

Las cosas deberían cambiar en serio. Así como estamos, todo es gatopardismo puro. Ganarle aEspaña nos daría nada más que una alegría pasajera y, lo que es peor, nos haría perder el eje porun tiempo. Una derrota con España sería algo lógico: el fútbol es un deporte de equipos. Ellostienen excelentes jugadores y nosotros también. Pero ellos tienen un equipo y un proyecto, nosotrosno.

Pero ni la más resonante victoria modificará en nada la pobreza de ideas y la desidia que tienenquienes conducen los destinos de la Selección. El cambio tendría que empezar por ellos.

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