•periodistas, poder y protagonismo

Ataque de pánico

Ya lo dijo con todas las letras Don Néstor, flamante patrono de la Unión de Naciones Sudamericanas: los K sueñan su tiempo como “un proyecto para diez o quince años”.

Ataque de pánico
24-08-2026 | 12:26

Ya lo dijo con todas las letras Don Néstor, flamante patrono de la Unión de NacionesSudamericanas: los K sueñan su tiempo como “un proyecto para diez o quince años”, locual, ya que están a punto de cumplir siete en el ejercicio del poder político, vendría asignificar un récord de permanencia de casi tres décadas al hilo que ni Perón ni los militarespudieron, ni Menem lo hizo.

Fantaseando con ellos, un modelo tan perdurable en el tiempo como en el humor social deberíacontar con una de estas dos cosas (o la magistral combinación de ambas):

* Un consenso apabullante entre todas las franjas de la población, que cada tanto seencolumnarían chochas hacia las urnas como un festivo trámite patriótico.

* O el monumental despliegue de mecanismos de disciplinamiento de semejante envergadura que tela regalo si se te ocurre levantar la cabeza.

Ni una ni otra cosa (ni siquiera la genial mezcla de las dos) parece demasiado probable desde laperspectiva actual. Más aún: un triunfo kirchnerista en 2011 hablaría mejor de las confusiones enla vereda de enfrente (sobran evidencias de ellas) que de la incuestionable materialización de lossueños pingüinos.

El problema, más en la acepción institucional que sociológica de la palabra“problema”, es que el matrimonio Kirchner se muestra tan convencido de sus chances comocapaz de tensar la cuerda hasta el límite para lograrlo. Mejor dicho: ojalá que sea hasta el límitey no más.

Ahí radica la principal explicación a su obsesiva guerra contra los medios de comunicación y losperiodistas que no se resisten a ser editados por ellos, acción directamente proporcional aldespliegue de un multimedio estatal y paraestatal inédito en el país, y sostenido, aunque ya no enforma directa, por las billeteras de todos los argentinos vía propaganda gubernamental.

Preocupado como cualquiera de sus antecesores por lo que se dice y se deja de decir en la prensaescrita pero sobre todo audiovisual, el dúo NK-CFK ha puesto más garra que ninguno de ellos(civiles o militares) al desarrollo de audiencias mediáticas que, como parte del experimento, derebote generaron un para nada despreciable activismo callejero dispuesto a identificar en elperiodismo, con el Grupo Clarín a la cabeza, al verdadero cerebro de la desarticuladaoposición.

Cada cual es dueño de pensar como le plazca. El asunto es que, últimamente, las conviccionesfueron abriéndole las puertas al fanatismo. Y éste, al patoterismo. Varios colegas pasaron malosmomentos: desde sillazos en la Feria del Libro hasta puteadas en cuatro idiomas por parte demilitantes algo pasados de rosca, pasando por alguna acusación de “vendido”,“traidor” o “gorila” en alguna platea futbolera de club grande (hubomanotazos).

Como no hubo sangre que lamentar ni chichones que desinflamar, la Propaladora para Todos seencolumnó detrás de su típica cerrazón en el pasado. Desde varios espacios se llamó a no tenermiedo por respeto a los que fueron secuestrados, torturados o desaparecidos por la dictadura, comosi haber sobrevivido al terror fuera una vacuna eficaz para evitar el contagio de otra clase delocuras.

El mensaje se traduciría así: ustedes no tienen miedo, se venden desde el miedo o, en el mejorde los casos, son unos tilingos con ataque de pánico. Si acá no pasa nada, che.

Ya se hacen chistes al respecto. La desopilante revista Barcelona acaba de ocuparse del asuntocon su habitual tono negro y cannábico (ver tapa del último número en esta página). Da risa. Sobretodo, claro, si el rostro de uno no aparece entre los ahí tachados bajo el título“Cuiqui” y bajo amenaza de ser escrachado, secuestrado o enterrado en “tumbasTN”. Pero hay que reírse.

Porque ése es el juego: convertir al medio, al que debe informar sobre lo que hacen los actores,en protagonista. En un igual. Un competidor. Un fucking “destituyente”. Más pánico quenada debería provocarnos el sentirnos cómodos en ese lugar. Tal vez en este mínimo minuto losperiodistas de veras deban temerle más al ridículo que a la violencia física.

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