Antes del Renacimiento, la sociedad china estaba a la vanguardia del planeta. Fundición delacero, relojes de agua, arados metálicos, tornos textiles, energía hidráulica, brújulas, navíostransoceánicos, fertilizantes, pólvora, ballestas, catapultas, acupuntura, papel e imprenta: todasellas fueron creaciones de la inteligencia china aplicadas a la producción económica dos siglosantes que en cualquier otro lugar. Por el siglo XIV, China estuvo cerca de transformarse en laprimera potencia industrial del planeta, lo que hubiera cambiado el curso de la historia mundial.Sin embargo, quinientos años después, la situación era bien distinta. Según Manuel Castells:“Cuando en 1842 las guerras del opio condujeron a las imposiciones británicas, China se diocuenta tarde de que el aislamiento no podía proteger al Imperio de las consecuencias de suinferioridad tecnológica. Desde entonces, tardó más de un siglo en comenzar a recuperarse de unadesviación catastrófica en su trayectoria histórica”.
Los estudios de Castells identifican estas causas: 1) inhibición del desarrollo tecnológico pororden del Estado, debido al temor de las elites políticas al impacto de las nuevas tecnologías enel statu quo social; 2) despojamiento de los elementos más dinámicos a la cadena productiva, paraconsagrarlos al servicio estatal; 3) dependencia de la sociedad respecto del Estado, 4)organización burocrática, 5) supresión de los contactos y el comercio con extranjeros, 6)prohibición de la exploración geográfica y abandono de la construcción de grandes barcos, debido aórdenes gubernamentales.
Estas prácticas de la antigua China, que se consideraba el centro del mundo (el Imperio delMedio, se llamaba a sí misma), crearon una forma de tercer-mundismo avant la lettre y constituyeronla primera enunciación de sus tres paradigmas básicos: desconexión, atraso técnico y concentracióndel poder, lo cual inauguró una larga historia de renuncias políticas al desarrollo tecnológico ylas posibilidades conectivas abiertas por la técnica.
Hegel y Marx describieron el modelo como “despotismo asiático”. Más tarde, Karl A.Wittfogel lo conectó con la administración centralizada de recursos hidráulicos. Su mezcla deaislacionismo, antitecnologicismo y control absolutista del Estado reapareció con la RevoluciónCultural maoísta, que llevó a treinta millones a morir en la hambruna más devastadora de lahistoria. Significativamente, aquella revolución incluyó entre sus medidas , el cierre de lasuniversidades e institutos tecnológicos y el envío de sus alumnos a trabajar manualmente con elobjeto de lograr su “reeducación ideológica”, es decir: la involución de suscapacidades de analistas simbólicos a siervos del Estado.
Su modelo se extendió por Asia hasta hace muy pocas décadas, cuando sus regiones marítimas,comenzando por la isla de Japón, incorporaron modelos modernos de organización social, losadaptaron a sus características y superaron los resultados obtenidos por Occidente, protagonizandola más veloz salida de la pobreza de la historia. La condición básica del milagro asiático fue lareversión de la estrategia adoptada en tiempos del Imperio, que el maoísmo había trasladado alsiglo XX. El mapa actual de la riqueza en Asia es elocuente, con su degradé que va desde las ricasy conectadas ciudades de la costa hacia el interior pobre y subdesarrollado. Fue esta increíblemutación la que hizo que Asia perdiera el título de “continente más pobre e injusto delmundo” en manos de Africa.
La antigua China dio al mundo el ejemplo más impresionante de las consecuencias de lacombinación entre aislacionismo político-económico, detente tecnológica y control despótico delEstado. Sin embargo, en pleno siglo XXI existen aún otros países cuyos líderes piensan que a latecnología la carga el Diablo, creen que el Estado es la encarnación del Bien sobre la Tierra ysostienen que vivir con lo nuestro es la mejor vía al desarrollo. Mientras sigan triunfando, suspaíses seguirán compitiendo con el Imperio Chino por la prioridad entre los casos más formidablesde decadencia de la historia de la humanidad.
*Diputado nacional.





