•una crisis que no termina

Ayer fue Grecia, ¿mañana Alemania?

Bruselas sigue buscando respuestas para un inestable mercado. Más reformas, un mayor ajuste y una más marcada división entre el norte y el sur de Europa.

Ayer fue Grecia, ¿mañana Alemania?
24-08-2026 | 13:07

Zbigniew Brzezinski, el politólogo estadounidense nacido en Polonia –que fuera consejerode Seguridad Nacional de la administración Carter–, solía describir del siguiente modo cómouna parte del gobierno republicano imaginaba la hegemonía de Estados Unidos: las potenciasmundiales sin competencia pertenecen a una categoría única. No aceptan a nadie como par y enseguidacalifican a sus seguidores leales como amigos o amicus populi romani. Ya no luchan, sólo castigan.Ya no participan en las guerras, sólo establecen la paz. Se indignan saturnalmente cuando unvasallo no actúa como tal. “Uno se ve tentado de agregar que no invaden otros países, sóloliberan.”

El investigador Dirk Messner escribió que lo que pareciera estar sucediendo en la actualidad esla transición desde un “orden mundial occidental” cuasi unilateral, dominado porEstados Unidos, hacia una constelación de poder multipolar, en la cual China e India –lospaíses más poblados del mundo– desempeñan un papel trascendente. Entre uno y otros, la UniónEuropea constituye el proyecto de cooperación regional más avanzado: no es la mera suma de losEstados nacionales, tampoco una asociación de Estados. Pero decididamente está muy lejos de la ideade un Estado federal.

Se ha sostenido que la Unión Europea ha hecho importantes apuestas políticas y económicas en laestabilidad y la seguridad de sus países miembros y, en consecuencia, también del sistemainternacional, a pesar de que esta estrategia fue discutida por varios Estados. No menos cierto esque un multilateralismo justo no se va a producir por generación espontánea y que es necesarioinvertir en estabilización, cosa que no hacen las potencias en desarrollo. Con una transición comola resumida más arriba, la crisis que vive la Unión Europea no puede sino ser vista como un factorde desestabilización global. “Vamos camino a ser apenas la península occidental delcontinente asiático”, es una frase que comienza a ser repetida discretamente por europeosafligidos.

La crisis europea, que comenzó siendo económica y social, rápidamente derivó hacia la esferapolítica, lo que dejó en evidencia las dificultades para administrarla derivadas de la ausencia deun efectivo gobierno único, por parte de un conjunto de Estados con un ámbito común que no handejado de ser Estados individuales. El gran paquete de ayuda se presentó con un rostro desatisfecha unidad para enfrentar al “ejército antieuro” (expresión acuñada por TommasoPadoa-Schioppa, ex miembro del Consejo de Administración del Banco Central Europeo, BCE). Más bien,fue un parto en pleno monte. La difundida amenaza de abandonar el euro por parte del francésNicolas Sarkozy durante el curso de una ronda de negociaciones en Bruselas, frente a una atónitaAngela Merkel, fue tan inevitablemente desmentida como creíble. El conflicto ideológico subyace yel derrape de las Bolsas demuestra que los mercados –cuyo sismógrafo anticipa las tendenciasde la economía– toman nota de la inconsistencia de las medidas.

De un lado, un paquete generoso de rescate, mayor incluso que el que en su momento desplegóBarack Obama. El día del anuncio, las Bolsas del mundo repuntaron alrededor del 6%. En rigor deverdad, los mecanismos e instrumentos para hacer efectiva la ayuda no se han acordado todavía.

Más grave aún, los países que requieran auxilio deberán comprometerse a un programa acordado conel FMI que no responderá –por lo que se ve– a los nuevos aires que (se decía) circulanpor este organismo, sino a su vieja receta de reducir el gasto público como quien reduce laquebradura de una tibia o de un peroné.

En Estados Unidos, la incipiente y en general también consistente recuperación –que ahorael reflujo europeo intimida– se debió a que el Programa de Alivio para Activos en Problemas(TARP, Troubled Asset Relief Program) funcionó de la mano de las políticas anticíclicas delgobierno central, mientras que ahora, por ejemplo, España debe suspender obras públicas comoresultado de las presiones que preventivamente sufre.

Más aún, conocidos economistas entienden que el único modo de evitar el default de los países de“Europa del Sur” consistiría en que el BCE, venciendo resistencias internas–incluida la de su economista jefe, Jürgen Stark–, redoble la compra de los bonos deaquellos países. Pero los alemanes, y el mismo Jean-Claude Trichet (nombre galo y tesitura germana)se opondrían vivamente a tal política. Por lo pronto, Trichet anunció que cada euro usado en elsalvataje será “prudentemente esterilizado”.

La compra masiva de tales bonos haría bajar más todavía el euro y esta fuerte devaluación frenteal dólar, al yen y al franco suizo aliviaría (un poco y nada es para siempre) la penuria europea.De todos modos, la propia Angela Merkel declaró que el gran paquete de ayuda sólo ganaba tiempo. Lapesadilla europea y el más probable escenario para Simon Johnson (recordemos que fue economistajefe del FMI) no es Grecia ni Portugal, sino el rendimiento de los bonos españoles e italianos, osea la tasa de tal deuda pública.

Cualquier lector diría que el más esclarecido exponente de la segura “Europa delNorte” no puede ser otro que Alemania. Hete aquí que hace un tiempo un memorando interno dela Autoridad de Supervisión Financiera (BaFin) alemana advirtió sobre la necesidad de que losbancos purguen (write-off, reducción en valores reconocidos) sus balances por un monto estimado en800 billones de euros (millones de millones), el doble de las reservas de los bancos. La sorpresivamedida adoptada a comienzos de esta semana por autoridades germanas prohibiendo una modalidad deventas a la baja en valores financieros que incluyen bonos de la deuda pública europea así como losCDS (credit default swaps, seguros contra incumplimiento de deuda), para los diez principalesbancos, fue más un disgusto para los mercados que una efectiva protección a los bancos localestenedores de los aludidos valores cuya caída se exacerbaba con aquellas movidas especulativas.

Volviendo al punto donde comenzamos, la decisión en Alemania de prohibir las posiciones cortasal descubierto sobre bonos para corregir los fuertes cambios de los últimos días obtuvo de laComisión Europea el reclamo de que estas decisiones se dieran de forma coordinada. Unión Europea:desafortunadamente, hay una tendencia más hacia la diáspora que hacia la congregación, y además nilos “países del Norte” son tan norteños ni los “países del Sur” tansureños.

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