La crisis financiera, económica, política e institucional (2008) generó un debate intenso. Losprogramas de déficit fiscal y de deuda pública adoptados para enfrentar los problemas soncatalogados de “locura” por los sectores más alineados con el capital financiero. Comoargumento, advierten que los mercados financieros ya están anunciando problemas para los Estadosmás endeudados. “Las primas de riesgo (peligro de morosidad) de las deudas española, griega eirlandesa son cada día más altas”, se espantan. Los seguros pagados para garantizar a losacreedores del gobierno español subieron en los últimos cuatro meses de 2009 el 75%.
Casi en falsete, el economista Xavier Sala i Martín avisa que eso ha hecho agitar a las tresgrandes empresas de rating (firmas “independientes” que evalúan el riesgo de que ungobierno no pueda pagar). “La empresa Fitch Ratings”, subraya Sala i Martín, ha bajadola categoría de los bonos griegos dos veces en pocas semanas. Por su parte, Standard &Poor’s ha rebajado la perspectiva de su valoración del gobierno de España de“estable” a “negativa”. Finalmente, Moody’s predice que España es elpaís con mayor riesgo económico de Europa para 2010.
Anoticiado de que el déficit de Grecia es cuatro veces superior al máximo tolerado por la UniónEuropea (no más del 3% del PBI), el Banco Central de Europa –considerado el más autónomo delmundo– está presionando a Atenas para que adopte un rígido plan de austeridad, una recetabriosa pero no novedosa. Jean-Claude Trichet, su presidente, informó que “no solamenteGrecia, sino también otros países, por supuesto, deben hacer todo lo posible para poner susfinanzas nacionales en orden”. Pero otras voces existen en el mismo ámbito.
Si algún consenso existe acerca de los orígenes de las fallas geológicas que derrumbaron laeconomía del mundo, es que se sitúan en el sector financiero. Es razonablemente mayoritaria laopinión de que uno de los problemas que existen con los bancos centrales en Europa es que se ven así mismos como defensores del sistema bancario. En consecuencia, en momentos en que Obama acaba deanunciar un plan para limitar el tamaño y las actividades especulativas de los bancos y lasentidades financieras, adoptar sin más las recetas que provienen de dicho estamento equivaldría apedir consejos al zorro sobre cómo cuidar a las gallinas.
Planeta y época de paradojas. El Banco Central norteamericano (Federal Reserve Board), quecompletó el proceso de reelección de su autoridad, Ben Bernanke, por otros cuatro años, tiene comomandato “conducir la política monetaria del país, a través de influenciar las condicionescrediticias y monetarias de la economía, con el objetivo de alcanzar el máximo empleo posible,además de mantener precios estables”. Esto es, las preeminencias son el pleno empleo y labaja inflación. En cambio, las prioridades de los bancos centrales en Europa (incluyendo el BancoCentral Europeo, BCE), son inversas; en el caso del BCE, su función principal “consiste enmantener el poder adquisitivo de la moneda única y, de este modo, la estabilidad de precios en lazona del euro”. Aunque los Estados Unidos son percibidos en Europa como liberales, lo ciertoes que, siguiendo los preceptos de Maastricht (tratado de la Unión Europea de 1992), no hubiesenpodido ser aceptados en la Unión Europea, pues sus quebrantos durante el período 1989-2007 fueronsuperiores a lo permitido.
El politólogo y economista español Vicenç Navarro subraya que el sistema bancario y sus bancoscentrales niegan toda responsabilidad en la destrucción del empleo, que atribuyen a las“rigideces” del mercado de trabajo y a la excesiva “permisividad” públicahacia sus déficits. Sin solución de continuidad, afirma que las agencias evaluadoras de los bonos einstrumentos bancarios (que no son “independientes” de la banca, como Standard &Poor’s, ya que viven de ella) penalizan a aquellos Estados que consideran tolerantes respectode su déficit.
Existen estudios econométricos que aseguran que hay una total falta de datos empíricos queavalen la tesis de que a mayor independencia se sigue una mayor credibilidad de los bancoscentrales, lo que conduce a mayor crecimiento y desarrollo. El profesor de Economía AplicadaAlberto Montero Soler sostiene que la concesión de un mayor grado de independencia para la bancacentral constituye un asunto demasiado problemático como para poder ser resuelto con referenciascuestionables acerca de su efecto sobre la credibilidad de la política monetaria.
Es que detrás de toda carta orgánica vive siempre una determinada escuela, y detrás de esaescuela, intereses no excluyentemente académicos. Es lo que festivamente describió ArturoJauretche, al relatar el episodio en el que el funcionario del Banco de Inglaterra Otto Niemeyerentregó al gobierno argentino su propuesta para la creación del Banco Central (década del 30). Lasautoridades argentinas se la devolvieron con “fundamentalísimas modificaciones”. Una lesuprimía al gobierno argentino la potestad de rechazar la propuesta para presidente yvicepresidente de la autoridad monetaria hecha por la mayoría que los bancos extranjeros tenían enla Asamblea General de Accionistas; la otra obligaba a que la mitad del capital del Banco Centralfuese suscripto por el gobierno en lugar de por los bancos, sin darle injerencia en la Asamblea.Sir Otto jamás habría pensado en volver a Londres en posesión de tamaña maravilla.
En consecuencia, y como los resultados de la política económica son soportados por los gobiernos–que tienen responsabilidad electoral–, aparecen propuestas de modificaciones a lascartas orgánicas según las cuales los bancos centrales deberían estar supervisados “porrepresentantes elegidos por la población (es decir, miembros del Congreso), a los cuales tendríanque rendirles cuentas”, y sus directores debieran poder ser destituidos según el deseopopular. Para que las ideas no sean distorsionadas, es necesario subrayar que esto no equivale ni ala manipulación irresponsable por el Poder Ejecutivo de la autoridad monetaria, ni a la teoría delálter ego, según la cual el banco central de que se trate no es más que “el otro yo” dela administración central.
La república tiene un solo poder contra-mayoritario, que es el Judicial. Esto se debe a que,como los jueces son garantes de la Constitución y de las leyes, es preferible que no esténsometidos a elecciones periódicas, razón por la cual disfrutan de inamovilidad primaria. Con uno,es suficiente.





