•NADIE LOS CONOCE NI SABE COMO VIAJAN, NO SERAN UN FENOMENO PARANORMAL?

Barrabravas en la isla de Lost

Era un rubiecito de sonrisa ingenua, mofletes rosados, pecas, ojos chiquitos y grises. Veinte, veintidós años a lo sumo, aunque aparentaba menos. No lo conocía, o al menos eso creía: su rostro me parecía familiar.

Barrabravas en la isla de Lost
24-08-2026 | 13:45

Yo veo gente muerta.

—¿En tus sueños?

(Cole niega con la cabeza.)

—¿Mientras estás despierto?

(Cole asiente.)

—¿Muertos en sus tumbas?

—Caminando por ahí, como gente normal. Ellos no ven a los demás. Sólo ven lo que quierenver.

—¿Y cuándo los ves?

—Todo el tiempo. Están por todas partes.

Bruce Willis y Haley Joel Osment en “Sexto sentido” (1999), dirigida por M.Night Shyamalan.

Era un rubiecito de sonrisa ingenua, mofletes rosados, pecas, ojos chiquitos y grises. Veinte,veintidós años a lo sumo, aunque aparentaba menos. No lo conocía, o al menos eso creía: su rostrome parecía familiar. Maldición, ¿qué diablos venía a hacer este desconocido frente a mi escritorio,y justo en el medio de un maldito cierre?

—Mi nombre es Cole, señor Asch. Y vine para contarle mi secreto.

Sí, era él, once años después. Cole Sear, el chico de Sexto sentido.

—¿Vos no sos aquel que le decía a Bruce Willis que veía gente muerta?

—El mismo. ¿Cómo me reconoció?

—Vi la película mil veces y la verdad, estás igual. Por cierto, te advierto que sé lo quees ver muertos todo el tiempo. Soy de Racing, ¿sabés? Ahora disculpame, pero estoy con este tema delos barras en Sudáfrica y...

—De eso quería hablarle. Los conozco. Sé cómo hacen para ir a todas partes. ¿Le interesaque lo hablemos?

Glup. Claro que sí. Pedí dos cafés, robé una silla de otro escritorio y traté de disimular miansiedad. Quería saberlo todo.

—¿De donde sacás la información? ¿Te metiste en la CIA, nene?

—No, sigo en el negocio del arte. Dibujo tapas de Iron Maiden, actúo, escribo guiones. Elúltimo fue el del final de la serie Lost. ¿La conoce?

—Uf… Imposible no conocerla. ¡No me digas que esa idea de que estaban todos muertosfue tuya! (Cole asiente) ¿Sí? Es para matarte. Aunque, tratándose de vos, querido… Bueh,vayamos al grano. ¿Qué sabés del Sinco-gote Salto, el Manco Aravena y el Gusano Ariel Pugliese?

—¿Sin cogote? ¿Manco? ¿Gusano? ¡Esos son de los míos! La gente que me saluda todos losdías está un poco estropeada, ¿sabe? Le faltan partes, se arrastran por el piso, se caen apedazos…

—Sí, ¡pero éstos viajaron en avión con Maradona y los jugadores!

—Cierto. Y antes estuvieron en Venezuela, en Montevideo contra Uruguay, donde se agarraroncon los de Nacional, y en Cutral Có, cuando tiraron la bengala que lastimó a Palermo. Nadie sabe deellos, nadie los conoce. O eso dicen. ¿Por qué pasa eso? ¿Lo pensó? ¿Por qué usan bolsos iguales alos de la AFA? ¿Por qué Pablo Fernández Toucido, el jefe de Seguridad, los recibió de lo más amableen la puerta de la concentración? ¿Por qué cantan “somos la barra de Diego y elNarigón”? Je, je…

Cole me miraba con una intolerable media sonrisa y sus ojos de cordero degollado. “Están,pero no están…”, repetía, irónico. Me ponía nervioso.

—Mire Asch, Grondona dice que les advirtió a todos que esta gente les iba a traerproblemas, pero Maradona negó haber hablado del tema con él. “No los conozco”, juraahora, mientras el doctor balbucea y los dirigentes se hacen los distraídos. Bla, bla, bla. Diego,ofendido, aseguró que nunca la Selección le dio dinero a los barras, pero su amigo Ruggeri, entelevisión, contó cómo en 1986 todos pusieron menos él, enojado porque le habían incendiado lacasa. ¡Hasta Grondona tiró la toalla! “Esta historia de Bilardo y Maradona con los barras noes nueva: nació en México. Y es un tema que no tiene solución. El que los enfrenta, terminamal”, dijo. ¿Qué le parece?

—Que me tienen podrido. Todos.

—Tranquilo. Piense: nadie los ve, nadie los conoce… ¿no le dice nada eso?

—¿Y? ¿Quién los banca, entonces? ¿De qué viven? Uy, ¿viven, dije? Oh, no. ¡Maldita isla deLost! No me digas que ellos... ¡Naah…!

No había caso, Cole me ponía furioso. Me convidó pastillas y trató de calmarme contándome lasbarbaridades que le escuchó decir a don Raúl sobre la interna de la UCR y los gritos de FreddieMercury, indignado con los tributos y la intolerable versión de Somebody to love que hizo Macri. Nolo logró. ¿Qué quería? ¿Qué creyera que los barras son “gente muerta”?

—Obvio, Asch. Ellos, y los dirigentes también. ¿O acaso alguien los vio rindiendo cuentas?¿Dónde está Aguilar? ¿Y De Tomaso? ¿Y López? ¡Se esfumaron! Con los árbitros es igual: Brazenasdirigió Velez-Huracán y… adiós. Lo mismo con Aníbal Hay. ¿Se da cuenta? Desaparecen como porarte de magia y vuelven cuando se les antoja. ¡Son intocables! Convénzase. El fútbol y el poderpolítico están llenos de esa gente.

Mmm… El pobre Cole había pasado demasiado tiempo viendo fantasmas. Desvariaba. Saludó aTimerman y al Pelado Ramos, que andaban de visita por la redacción, y prometió que le comentaría aBruce Willis mi propuesta de sumar a varios de estos encantadores energúmenos de elite para Duro dematar 5. Después me dijo que lo esperaban en Recoleta, saludó y se fue. Se fue, pobre, susurrándolecosas a vaya a saber quién y sin haber descubierto nuestro secreto peor guardado, compatriotas.

El motivo por el cual, en este extraño país, los más vivos son, casi siempre, esos muertosespantosos.

También en Perfil