"Bi"

Bicentenario. Bi. Bipolar. Un país que ha venido siendo bipolar comenzando porque imaginamos unos primeros cien años de crecimiento y consolidación nacional y otros segundos cien años de decadencia y ocaso.

24-08-2026 | 13:02

La patria es un dolor que nuestros ojos no aprenden a llorar/ la patria es un dolor queaún no tiene bautismo.”
Leopoldo Marechal

Nadie debe sorprenderse. El Bicentenario, en lugar de convertirse en un símbolo de unidad ycohesión nacional, va a expresar como nunca desde 1983 la fractura expuesta de una sociedadenvenenada por el odio. Perón sentenció que el año 2000 nos iba a encontrar unidos o dominados.Unidos no estamos salvo en la intención de ver caído al otro, al que piensa distinto y transita porla otra vereda. El principal responsable de esta tragedia que va a costar años suturar es a todasluces Néstor Kirchner. En su afán de ocupar el lugar de la patria coloca al adversario en el campode la antipatria. Son dos Argentina irreconciliables. El Teatro Colón sin kirchneristas y con elvice Julio Cobos como máxima autoridad institucional será la crónica de una segunda vueltaanunciada, con música de Tchaikovsky y Puccini.

Pese al crecimiento de los Kirchner en las encuestas, aún hay siete de cada diez argentinosdispuestos a utilizar su voto como un límite para un proyecto autoritario y castigador. El Tedeumen la Basílica de Luján, con el oficialismo como protagonista casi solitario, va en el mismosentido y es una demostración del fracaso de integrar a la comunidad en una convivencia pacíficaque celebre las diferencias y las procese en el debate democrático, sin gritos ni puñetazos en lamesa. El abismo es tan profundo que el propio cardenal Jorge Bergoglio, a quien los Kirchner ubicancomo uno de los jefes de la oposición junto a Héctor Magnetto, tuvo que llamar a la cordura yrecordar que lo que ocurrirá el 25 de mayo en la Catedral será un acto religioso. Estaba en marchauna convocatoria multisectorial de todos a quienes los Kirchner han marginado para hacer unademostración de fuerza.
El estilo de Néstor Kirchner demostró tanta capacidad para la construcción como para ladestrucción política. Si el aparato de desprestigio mediático del Estado funciona las 24 horasagraviando opositores, periodistas y repiqueteando el bombo de la propaganda es difícil que a lahora del encuentro patriótico entre los argentinos se coseche otra cosa que no sean facturas ydespechos. Lo más peligroso a futuro es que ese quiebre (potenciado en antinomias, como en lostiempos mas nefastos) no alcanza sólo a los dirigentes. Hay multitudes de argentinos que viven en ydel campo, que han mejorado notablemente su situación económica. Eso en cualquier lugar del mundose traduciría en intención de voto o en imagen positiva de Cristina y Néstor. Pero fue tan grandela humillación de la guerra gaucha (golpistas, oligarcas, grupos de tareas), que produjo heridasque no cierran con dinero. Va a tener que trabajar mucho en esos sectores el oficialismo paramejorar sus posibilidades electorales.
En las clases medias urbanas ocurre algo similar. En Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires, loscandidatos del FpV hicieron los papelones más grandes de las últimas elecciones. En Capital,sacaron un voto de cada diez y en la provincia mediterránea llegaron cuartos: ganó la sociedadentre la UCR y Roberto Lavagna en 2007 y en 2009, Luis Juez. La ofensiva callejera, mediática yagresiva del kirchnerismo del último trimestre en estos dos grandes distritos logró en dosishomeopáticas el objetivo de salir de la vergüenza y retomar ciertos niveles de iniciativa. FelipeSolá lo definió con mordacidad: “El kirchnerismo es una minoría en expansión”. La ideaera comunicar el siguiente mensaje: no nos han vencido. Sin embargo, ese mecanismo azuzado desde latelevisión oficial y paraoficial y las declaraciones patéticamente soberbias y triunfalistas de unpar de funcionarios funcionaron como el patoterismo de una minoría. Como alguien que en lugar dereconocer los errores y revisarlos para no volverlos a cometer, resuelve negar la realidad ylevantar el dedito para acusar de gorila y destituyente al que piense distinto y le ganó laelección. Eso fue inoculando la peor de las ponzoñas. Y por eso, entre otros motivos, tanto enCórdoba como en Buenos Aires cuesta encontrar banderas colgadas en los balcones de las casasparticulares. Los contestadores telefónicos de las radios, las conversaciones de ocasión ensupermercados y una módica cadena de mails fogonearon el estado de ánimo de bronca de mucha gente eincitaron a manifestar su descontento con los Kirchner dejando desnudos los frentes de susdomicilios.

Es muy difícil sopesar la magnitud de un fenómeno cargado de subjetividades, pero convoca alanálisis porque las banderas brillan por su ausencia. Amplias franjas de la comunidad sintieronrechazo por esa obsesión enfermiza de los Kirchner de partidizar todo lo que tocan, de no darpuntada sin hilo, de intentar capitalizar los recitales, los triunfos deportivos, los festejospatrios. La codicia del avaro siempre fabrica enemigos. Los Kirchner han demostrado astucia yhabilidad para muchos aspectos del crecimiento de su proyecto de poder. Pero se comportaron comoelefantes en un bazar cuando fueron obligados por la historia (como en esta ¿fiesta? de los 200años) a buscar consensos amplios que reflejen la diversidad de nuestra sociedad. La intoleranciatiene patas cortas. Produce llagas sobre la piel que el día menos pensado se convierten enbúmeran.

El general Manuel Belgrano decía que “la patria es el sentimiento de libertad que es capazde transformar en héroes a los ciudadanos mas simples”. El poeta, filósofo y educador JuanCrisóstomo Lafinur murió en 1824, pero escribió algo que parece una crónica de estos tiempos decólera: “¿Cuál es el que a los tiranos protege en sus agresiones y fomenta disensiones entreamigos y entre hermanos? ¿Quién el que a los ciudadanos les extingue el patriotismo? Elfanatismo”. Lamentablemente en esta Argentina de florecimiento económico, atomización socialy fragmentación política, el sol del 25 no viene asomando. Y la patria sigue siendo ese dolor queno aprendemos a llorar.

También en Perfil