Mientras los índices de aprobación del matrimonio presidencial apenas superan el 20%, si seelimina la opción regular y se fuerza al encuestado a elegir entre “está a favor de esteGobierno” o “ está en contra”, y eliminando a todos los que se escudan en“no sabe, no contesta”, en la Ciudad de Buenos Aires la Presidenta todavía obtiene un40% de aprobación. Quizás esta forma de enmarcar la realidad ayude al matrimonio presidencial adormir mejor, pero en octubre ese sueño quedará definitivamente quebrado.
Que a siete meses de las elecciones, la diáspora de senadores del bloque del Frente para laVictoria ya coloque al kirchnerismo prácticamente sin mayoría en esa cámara, es un indicador de queen el interior del país enfrentará una derrota electoral mayúscula, lo que a partir de diciembre loobligará a gobernar por decreto, con todo lo que eso significa, o a acordar con la oposición.
Como a todos los seres humanos les cuesta mucho cambiar su comportamiento, la primera opciónes la más probable. Una muestra de ese gen incorregible se dio esta semana con el presidente de laSociedad Rural, Hugo Biolcati, a quien el Gobierno dejó desnudo frente a toda la opinión públicarevelando en un comunicado oficial que había mentido al negar sus encuentros con Julio De Vido.
Biolcati argumentó que él era un hombre de “códigos” y “un caballero”que se limitó a cumplir con el pedido de confidencialidad que el Gobierno le había impuesto paraque se realizaran esos encuentros pero su defensa es muy endeble.
Primero, la evolución de esas reuniones secretas no fue informada a los demás integrantes dela Mesa de Enlace. Y después que el diario Página/12 las dio a conocer, el domingo pasado, en lugarde reírse y hacer bromas por radio y televisión sobre lo “fantasioso” de ese artículocon ironías sobre la calidad de la escritura de su autor, el consagrado Horacio Verbitsky podríahaber previsto interrumpir sus contactos con la prensa durante estos días o, si no le quedabaalternativa, evadir austeramente su confirmación sin un histrionismo patético.
Biolcati no estuvo a la altura de sus responsabilidades y tanto su comunicación oral comogestual es muy inferior a la de su predecesor, Luciano Miguens, un problema para el campo teniendoen cuenta que la Sociedad Rural es la organización que más fácilmente puede predisponer en contra ala sociedad.
Pero más allá de la gafe de Biolcati, el Gobierno obtuvo un triunfo pírrico porque en sufrustrado intento de dividir a la Mesa de Enlace logró destruir a Biolcati pero, además de exponera De Vido, destruyó también la credibilidad de cualquiera de sus funcionarios para futurasnegociaciones en cualquier temática. Incluso hasta podría reducir el éxito del próximo blanqueo(precisa que los contribuyentes crean que se respetará el secreto fiscal).
¿Quién puede consumir tanto futuro por un premio presente? En situaciones normales sólo aquelque estuviera en una posición desesperante y el futuro le importase poco.
Otra hipocresía. Cuando en la Fiesta Nacional del Trigo se anunció poraltoparlantes que el senador Juan Carlos Romero también renunciaba a la bancada del Frente para laVictoria, quien estaba hablando a los productores en representación de la Mesa de Enlace era elpresidente de Confederaciones Rurales Argentinas, Mario Llambías. El orador improvisó diciendo:“Nos alegra que algunos legisladores se hayan jugado por sus provincias y otra vez vuelvan alorigen, que es el pueblo”. Romero no tenía el mismo valor cuando fue gobernador de Saltamientras Néstor Kirchner presidió el país y su provincia recibía dinero del Gobierno nacional.Ahora se despidió del bloque oficialista con un escrito donde manifiesta que “los argentinosestamos agobiados por la intolerancia, por la confrontación permanente, (...) por la diferenciaentre la opinión pública y la opinión publicada”. Y agregó: “Esta decisión no tiene quever con la electoral (sic), sino con que no compartimos la visión stalinista de la CasaRosada”.
Presté atención a Romero porque nunca pude olvidar el día que lo conocí. Duhalde habíallamado a elecciones anticipadas y el ahora senador disidente pensó ser candidato a presidente ypidió una entrevista para explicarme su lanzamiento. Lo escuché durante unos minutos hasta que lepregunté: “Pero usted es gobernador de su provincia desde la segunda presidencia de Menem, selo sindica como menemista y Carlos Menem será también candidato: ¿está dispuesto a competir conél?”. El gobernador me respondió: “Ese (por Menem) no será candidato. Va a irpreso”.
Dos semanas después, Menem anunció que quien lo acompañaría en su fórmula como candidato avicepresidente era el gobernador de Salta y el lema era “Menem-Romero”.
Después de esa experiencia, no pude menos que reírme al leer los argumentos sobre Stalin queesgrimió Juan Carlos Romero para retirarse del kirchnerismo porque en agosto de 2004 escribí unensayo donde comparaba a Kirchner con Stalin que ahora compruebo el senador tardó cinco años enleer.
Casi como pieza histórica, aquel artículo decía: “Stalin fue un experto en lavarcerebros, bloquearlos, producir ceguera, desinformación y arteriosclerosis intelectual en elciudadano común y terror más sumisión en sus camaradas del partido. No toleraba la contradicción,era implacable con los enemigos, los aplastaba con una fuerza sin escrúpulos, hasta que no quedóninguno de su partido que tuviese valor de enfrentarlo. Le gustaba resolver personalmente todo tipode problemas: defensa, economía, asuntos exteriores, hasta dirigir el diario Pravda. Era paranoicoy sus ministros debía exaltar constantemente su persona porque la adulación apaciguaba su espírituvengativo. Continuamente imaginaba conspiraciones que le permitían dar rienda suelta a sus purgas.Gozaba dominando y su estrategia era el terror. Hacía interrogatorios constantes, tortura moral,amenazas y destrucción sistemática de la dignidad de las personas. Sospechaba de las personas queposeían una mente independiente y deseaba destruirlas. Precisó siempre de la presencia continua deenemigos, que podían ser inventados o indiferenciados, abstractos o concretos, pero debían merecery justificar la necesidad de defenderse, es decir de atacar”.
Hoy ya no tiene el mismo valor. Kirchner ya no es más comparable con Stalin.

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