•la deriva de la gestion

Bonanza y oportunidad perdida

El principal ministro del Gabinete es el virtuoso contexto global que, con fuerza, impone un aumento de precios de las commodities que impacta en la economía local. Pero no se pudieron tocar cuestiones de fondo.

24-08-2026 | 18:57

La economía argentina continúa recibiendo los beneficios de un entorno global que ha apostadopor la debilidad del dólar (dada la política anunciada por el Banco Central norteamericano y laprédica de su secretario del Tesoro), con la consecuente apreciación de las monedas emergentes, yla suba de los precios de las commodities.

Sin embargo, a pesar de estas buenas noticias externas, y su efecto sobre el crecimiento localen el corto plazo, el Gobierno se ha visto obligado a recurrir a un elevado impuesto inflacionarioy a las reservas del BCRA para cerrar sus cuentas, a pesar del marco de un récord de presióntributaria. Y ha necesitado imponer el veto a un aumento a los jubilados que pondría, según lospropios argumentos oficiales, al Estado argentino al borde de la quiebra.

Luego de años de buen desempeño económico gracias al mundo, las expectativas de mejora en lasituación de muchos compatriotas se mantienen bajas y muchas de las demandas de gasto e inversiónpermanecen desatendidas, aunque, la situación relativa de algunos ha mejorado.

La única explicación plausible para combinar una economía que “vuela” con un Estadoen quiebra virtual que usa no sólo elevados impuestos formales, sino que, además, utiliza al BCRApara financiarse y pagar deudas, es que estamos ante una mala administración que, al contrario delo sucedido en la región, ha desaprovechado y está desaprovechando un extraordinario período debonanza.

Por supuesto que los buenos precios de nuestros productos de exportación y la competitividadcambiaria “de facto” contra las monedas que se han revalorizado frente al dólarpermiten augurar cierta tranquilidad cambiaria y moderar la escalada inflacionaria. Y permitentambién, de persistir este paisaje, esperar, como máximo, una desaceleración de la economía, perono un parate brusco en los próximos meses.

Pero tal tranquilidad macroeconómica no puede esconder el sabor amargo de un sentimiento de“despilfarro”, mientras que la incertidumbre política –frente al próximo períodoelectoral– y la existencia de un esquema de precios relativos poco sustentables, afectan lainversión privada, acentuando, con ello, esa sensación de oportunidad perdida, mirando haciadelante.

Y esa oportunidad perdida se extiende, sobre todo, al tipo de debates y propuestas que,incentivados por la agenda oficial, predominan hoy en muchos sectores de la política y la sociedadargentina.

Un buen ejemplo es que se esté discutiendo estatizar una empresa productora de papel paradiarios, cuando bastaría garantizar la libre importación sin aranceles del mismo y un marcoregulatorio de igualdad de condiciones de abastecimiento para todos los demandantes. O que sepromueva la creación de una empresa oficial de servicios de telecomunicaciones, que estánperfectamente cubiertos por el sector privado, en lugar de incentivar en la materia, un mercadoprivado abierto, competitivo, receptor de las nuevas tecnologías a bajo costo.

En otras palabras, este período de “Dios es argentino” que hemos vivido en losúltimos años, permitió superar la crisis de 2001 con cierta rapidez, pero no reformular lascuestiones importantes de la economía.

No se ha podido replantear la cuestión fiscal en materia de impuestos ni en materia de gastos.No se ha generado espacio para discutir a fondo el tema federal y la relación Nación-provincias. Nose han desarrollado definiciones permanentes en torno a una eficiente inversión pública y a unclima favorable a la inversión privada. No se ha reconstruido un mercado de capitales de largoplazo.

Todo se redujo a disfrutar del buen momento global y regional, yendo a la deriva en materiaestructural e, inclusive, retrocediendo en reformas de fondo que debían, en todo caso, sermejoradas, pero no abandonadas. En cambio, resurgieron viejas ideas y anacrónicos instrumentos quehace tiempo el mundo que progresa genuinamente tiene archivados.

Y ahora, frente al inminente período preelectoral, lo que se debate y lo que se discute sevincula con la particular necesidad del oficialismo en sus “guerras coyunturales” y ensu intento por aumentar sus posibilidades de conservar el poder, corregido y aumentado, por unaparte del arco opositor.

La oportunidad perdida, entonces, no está sólo en los “números” sino, sobre todo, enlas ideas que atrasan y en la agenda que no fue.

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